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La Santa Cruz como Modelo Matemático Universal
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«Creyeron en Dios, y proclamaron ayuno y se vistieron de sayal desde el mayor hasta el menor de ellos» (Jon. 3,5).

 


Exhortación a la Unidad

Por el Triunfo del Inmaculado
Corazón de María

 

De nuevo otro David contra otro Goliath

Autoridades del orden que abusan de sus
poderes y subestiman nuestra dignidad

 

 

Conclusión

 

 

 

 

«En aquella ocasión Jesús exclamó: «Yo te alabo, Padre, Señor del Cielo y de la tierra, porque has mantenido ocultas estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, pues así fue de tu agrado» (Mt 11: 25).

 

No podemos concluir sin hacer mención de las Sagradas Escrituras, como fuente de inspiración, en primer lugar por la importancia que tienen las matemáticas en su hermenéutica, como podemos comprobar desde el Génesis, pasando por el libro de los Números, hasta culminar en la enorme riqueza que entraña el mismo Evangelio, siendo este un campo que desgraciadamente desconocemos prácticamente en su totalidad, es decir, que este trabajo nos muestra una valiosa veta que la teología está en mora de abordar. Por otro lado, es en el nuevo testamento donde encontramos la verdadera importancia que representa para el hombre y la creación la presencia de la cruz desde el punto de vista teológico, aunque hasta el momento hemos desconocido la parte científica que ahora podemos estudiar.

La gran aportación de los matemáticos griegos fue la de transformar el saber empírico de civilizaciones anteriores, como la mesopotámica o la egipcia, en una matemática teórica, es decir, en un saber que prueba o demuestra sus construcciones por deducción a partir de un conjunto de axiomas, postulados y definiciones. Ese proceso se inicia con Tales de Mileto y Pitágoras de Samos, tiene un punto de inflexión en la academia de Platón y alcanza su forma canónica con los Elementos de Euclides de Alejandría. Sin lugar a dudas Platón es mejor conocido por su obra filosófica, sin embargo, su influencia en las matemáticas helénicas es bastante relevante. Creía que era imposible estudiar la filosofía sin el conocimiento previo de las matemáticas. Tal vez sea éste el motivo por el cual hizo colocar a la entrada de la academia, su célebre y significativa frase: «no entres aquí si no eres geómetra». Esta y otras proposiciones como que «los números gobiernan al mundo», nos hacen ver que estaba directamente influenciado por las teorías pitagóricas (Ciencia, 2001). Tanto la «ciencia de los números», como la geometría, llevan al alma al conocimiento puro y la conducen a la contemplación del ser. Ambas tienen por objeto el conocimiento de la verdad y hacia ella «atraen el alma», formando así el espíritu filosófico. Las ciencias matemáticas, al contrario que las cosas de este mundo, obligan a dirigir las miradas a lo alto, liberan y reaniman «un órgano del alma extinguido y embotado por las ocupaciones de esta vida», que es el único que posibilita percibir y acceder a la verdad (Platón).

Sería una tropelía por nuestra parte hablar de aquellos filósofos tan entregados, sin hacer mención a sus hábitos de vida y de las exigencias que se imponían para dedicarse al estudio del conocimiento. Debo decir ahora que tengo la gracia de reconstruir un poco algunas de las hojas del libro de la historia del hombre, que algunos han arrancado del lugar que le correspondía, pues ya para estos hombres, gozaban de plena consciencia que para dedicarse al conocimiento era necesario practicar el celibato. Si tenemos interés, podremos saber que esto fue una realidad, pues partiendo desde Sócrates o Platón podemos encontrar cientos de científicos católicos conocidos de la antigua escolástica, seglares y hombres cercanos a la actualidad, que dieron gran lumbrera a la historia de la humanidad con su ejercicio intelectual. Sería interesante centrarse en particular en un hombre, que aunque no llegó a ser católico fue un hombre muy creyente que respetó las leyes de Dios, llegando a ser tenido como uno de los científicos más grandes que ha dado la humanidad. Este hombre del que hablamos fue el británico Isaac Newton, el más prolífero científico de todos los tiempos, que no solo hizo docenas de aportes a la ciencia, pues fue conocido especialmente por enseñarnos las leyes de la gravedad. Cierto es que todo esto es conocido por cualquier estudiante, pero pocos saben, según cuenta la historia, que Newton fue un hombre que llegó a conservar su virginidad hasta la muerte. Por ello podemos afirmar que cuando Cristo nos dijo que serían «bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios » (Mt 5: 8), comprobamos que esta bienaventuranza comienza a cumplirse ya en nuestra presente morada. Respecto a esta última cuestión, que ha venido a ser determinante en el presente estudio de investigación, se puede decir a modo de síntesis que, sin el sacrificio del estudiante o del investigador, difícil será conseguir concentrarse y sin concentración no podremos recoger frutos, no llegaremos a ser remunerados por el Dueño de la viña. Esto será con el peligro de caer presos de nuestros deseos e inclinaciones que nos conducen a una ignorancia cómoda, que no nos compromete con nada ni nadie, es decir, es llegar a ser víctimas de ese «matar el tiempo» por las leyes del «me apetece» y del «todo vale». Esta ley no es menos que el primer suicidio del ser, que nos conduce primeramente a nuestra autodestrucción y quizá muy probablemente para no tener ya un retorno.

Una vez que ya hemos tratado de dar a conocer el primer modelo matemático universal que pone de manifiesto la supremacía del orden en el universo, debemos de resaltar la importancia del arjé, que en griego significa «principio», «origen» y «causa», aquello de donde vienen las cosas, que las constituye y las explica (Catedu). Ya desde los presocráticos, partiendo desde Tales de Mileto hasta los filósofos pluralistas, el arjé llegó a presentarse como el agua, el aire, los números, el fuego, el átomo, etc. Sin embargo todo este tipo de «supuestos arjé», como pueden ser estos que hemos citado, en verdad solo son medios para poder descubrir el verdadero arjé, que es en todos ellos la geometría de la cruz, que viene a ser la esencia o el principio armónico de todo lo que podemos llegar a conocer con nuestra inteligencia, con nuestros sentidos. Esto implica directa o indirectamente que el verdadero arjé viene a ser el Orden. Este Orden se traduce o se comprende para las diversas ramas del saber de formas diferentes, disolviéndose de esta manera su raíz que ahora hemos podido recuperar gracias a este estudio de investigación. Así pues, para la filosofía, como ya hemos adelantado, el orden en los conocimientos recoge el fruto de la sabiduría. Para la ciencia, en el sentido más estricto, el orden no es un principio, sino que es «el principio» de todo lo cognoscible. Podemos decir que la cruz el Sistema Métrico que el Creador se sirvió como «instrumento de medida» para poder establecer el orden que matemáticamente se pone de manifiesto en todo el Universo. Teniendo en cuenta lo que supone el orden para la filosofía así como para la ciencia, podemos ser conscientes de que el orden para la teología, en el sentido más puro es el Bien, pues todo lo que esta ordenado y se mantiene en un orden posee una naturaleza simple y noble, siendo este bien supremo el Árbol de la Vida que Dios plantó en el paraíso junto al árbol de la Ciencia del bien y del mal (Gen 2: 9). Sabemos ahora que la teología ha relacionado este Árbol de la Vida con el Madero glorioso de la cruz, pudiendo ahora nosotros comprender con más cercanía estas múltiples relaciones gracias a nuestra aportación, es decir, gracias a todas las aproximaciones de carácter científico que hemos ido aportando en el suceso de este estudio.

Nos encontramos ante una situación sin precedentes, un momento donde un símbolo que representa una religión, que desde un principio ha valorado la riqueza teológica que posee y que se cruza ahora con la rama de la ciencia, para poder llegar a dar a su vez mayor riqueza al conocimiento filosófico y teológico. Para muchos millones de personas de este mundo, esta noticia será en lo sucesivo una novedad sin precedentes, la novedad de predicar la cruz gracias a las ciencias matemáticas, una oportunidad única para seguir predicando la verdad, que bien podríamos definir en este caso como la verdad exacta o la verdad sin decimales. En este momento de la historia del hombre, los números nos hablan de Dios y nos muestran la realidad de la cruz como un axioma y, esto da sentido a las palabras de san Pablo «ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios por medio de la sabiduría; agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación » (1 Co 1: 21). Así pues, como si fuese la médula espinal de nuestro estudio de investigación, nos dice también que «el mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden, pero para los que se salvan -para nosotros- es fuerza de Dios » (1 Co 1: 18).

Por esta razón tan justificada se debe aceptar en nacimiento de un nuevo carisma en la Iglesia Católica, que sería el carisma de seguir predicando la cruz, por medio de la ciencia, el carisma de dar a conocer la presencia del Misterio de la Cruz en todo lugar donde el orden se manifiesta. De esta forma, para los miembros más escépticos de la Iglesia, debemos de tener en cuenta aquel sueño del primer pontífice, cuando «le sobrevino un éxtasis. Vio el cielo abierto y algo parecido a una gran sábana que, suspendida por las cuatro puntas, descendía hacia la tierra. En ella había toda clase de cuadrúpedos, como también reptiles y aves. «Levántate, Pedro; mata y come» le dijo una voz. «¡De ninguna manera, Señor!» replicó Pedro. «Jamás he comido nada impuro o inmundo. Por segunda vez le insistió la voz: «Lo que Dios ha purificado, tú no lo llames impuro» (Hch 10: 1-15). De esta manera, ahora conocemos que Dios nos muestra que, no debemos de considerar como impura a la ciencia de los números o la misma geometría, porque en este caso la cruz, como hemos podido comprobar, confirma su pureza, que vendrá a ser esta a su vez la dignidad más alta de las matemáticas, para poder adoptarlas definitivamente como un medio e instrumento permanente al servicio de la verdad

En última instancia, en atención a las palabras del Señor, cuando puso de manifiesto aquello de que «nadie remienda un vestido viejo con un pedazo de tela nueva, porque el pedazo nuevo tiraría del vestido y la rotura se haría mayor. Y nadie echa vino nuevo en recipientes de cuero viejos, porque si lo hacen, se reventarán los cueros, el vino se desparramará y los recipientes se estropearán. El vino nuevo se echa en cueros nuevos, y así se conservan bien el vino y los recipientes » (Mt 9: 16-17). Podemos decir al respecto que con este don que Dios ha dispuesto, que se justifica de forma clara y precisa en el capítulo 33, del versículo 3 del libro de Jeremías: «Llámame y te responderé; te mostraré cosas grandes y secretas que tú ignoras». Todos aquellos que acojan esta buena nueva con gozo, sabrán comprender y justificar la necesidad de acoger este Misterio de la Cruz en un cuero nuevo.

Teniendo como referencia histórica los textos matemáticos más antiguos disponibles, como son la tablilla de barro Plimpton 322 (c. 1900 a. C.), el papiro de Moscú (c. 1850 a. C.), el papiro de Rhind (c. 1650 a. C.) y los textos védicos Shulba Sutras (c. 800 a. C.), el hecho de poder haber llegado a conocer el modelo matemático universal de la cruz, nos ayuda a adquirir el profundo sentido y significado que poseen las ciencias matemáticas. Podemos decir al respecto que la cruz es un compendio de todo lo que se puede llegar a conocer, es decir, que viene a ser como un resumen de todo el conocimiento humano y divino, tal como si fuese una «Palabra» que llegase a definirlo todo, así como lo hemos puesto de manifiesto en el último estudio, que vendría a ser la «Palabra» que sencillamente resume el Nombre de Dios.

La Cruz es un molde original del ser real, el esquema fundamental impreso por Dios en el Cosmos, la ley estructural del universo, y por eso mismo, el modelo radical de todas las obras realizadas por el hombre. Nada hay ni nada ocurre sin la Cruz. Ha sido estampado como un sello en el cielo, en sus dos regiones – el Ecuador y la Elíptica –, que se cortan en forma de una «ji» tumbada, y en la tierra en todas sus criaturas: en el pájaro que vuela, en el hombre que ora con los brazos extendidos, en todos los árboles con sus troncos y sus ramas (Rahner, 1913).

Muchos padres de la Iglesia, también predicaron mucho sobre el Misterio de la Cruz, tal como lo hizo san Ireneo, que nos dijo que «todas las cosas son gobernadas por el Logos ordenadamente y el Hijo de Dios ha sido crucificado en ellas, puesto que en todas ellas trazó el signo de la cruz. Era justo y conveniente, por cierto, que Él, con su propia manifestación visible, imprimiera en todos los seres visibles su comunidad con todos en la Cruz» (Ireneo). Estas dos últimas citas, resaltan la importancia de la cruz como Modelo y Misterio, siendo nuestro estudio el que confirma las palabras de todos los amantes de este misterio que tuvieron estas ideas claras sin la necesidad de que un axioma pudiese confirmar sus afirmaciones, siendo ahora la vía de la ciencia la que ha formalizado en nuestro caso estos sólidos argumentos. Por ello no debemos de tener duda que el lenguaje matemático, increado, por tanto coeterno en la Mente divina, es la forma más precisa no solo para «definir a Dios», sino para que el hombre pueda acercarse al conocimiento de la verdad con más facilidad por la vía de la razón.

La Santa Cruz siempre ha sido como un herbicida que ha acabado con toda mala hierba, por ello su predicación tiene gran prioridad en estos tiempos en los que el quiste del conocimiento oprime tanto a nuestra sociedad cultural. Es por ello que la predicación de la Santa Cruz, será como un correctivo u revulsivo que el mundo necesita urgentemente, un medio estimulante que a muchos nos puede hacer pensar, meditar y discernir en estos tiempos en los que por sí solo el alma es incapaz de salir de su desierto. 

Teniendo en cuenta la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre el tema «la Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana», sería vital que se pudiese considerar este estudio de investigación como uno de los nuevos modos y expresiones de la Buena Noticia, dentro del desafío para extraer, como el escriba que se hizo discípulo del Reino de los cielos, cosas nuevas y cosas viejas del precioso tesoro de la tradición (Mt 13: 52). En esta importante labor que tenemos todos los creyentes, dentro de esta nueva evangelización que propone la Iglesia, no debemos de errar pensando que tenemos que encontrar métodos fuera de la línea evangélica, para conducir a las ovejas al redil o buscar al resto de las ovejas pérdidas del rebaño, ya que nos podría conducir a una situación más crítica de la actual. En esencia podemos decir que lo más apropiado sería escudriñar en los orígenes, tratando de darle después este atractivo que lo vista de actualidad, para poder asegurar que el mensaje llegue no solo a todos los cristianos, sino a todas las confesiones del mundo, incluyendo también a la confesión atea.

Nadie podría poner en duda que el instrumento de evangelización más efectivo en la historia ha sido y será la Santa Cruz, como signo de amor, de libertad, de justicia, de unión, signo que representa todas las cosas nobles, sin olvidar tampoco que a su vez es el signo de la victoria. Predicar la Santa Cruz de Cristo es también predicar el Evangelio, siendo para cada ocasión en la historia de la salvación un instrumento clave para poder ganar todo tipo de batalla, bien sea espiritual e incluso cuerpo a cuerpo.

Sin hacer mención a las antiguas civilizaciones que también tenían a la Santa Cruz como un signo divino , podemos decir que los momentos más significativos de protagonismo de la Santa Cruz a lo largo de la historia, han sido determinantes para toda la humanidad, pudiendo empezar históricamente desde el libro sagrado del Éxodo 17: 8 en adelante, concretamente cuando se describe la guerra con Amalec, cuando Moisés sube a la cumbre del collado con la vara de Dios en su mano junto a Aarón y Hur. Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el Sol.

No podemos conocer ninguna referencia de la antigüedad que describa mejor el poder que representa la Santa Cruz, para obtener una victoria ante una adversidad o dificultad como fue en aquel momento la batalla del pueblo de Israel con Amalec. En este caso podemos valorar que la victoria se consigue mediante un cuerpo a cuerpo, resaltando la importancia del signo de la Santa Cruz como un instrumento esencial para poder vencer al enemigo espiritual.

Llegada la plenitud de los tiempos, tuvo lugar la batalla universal del hombre frente a la muerte y la esclavitud del pecado, teniendo como cabeza a nuestro Señor Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, permitiendo que sus sagrados miembros fuesen trepanados en el Madero glorioso, donde los sacros clavos le mantuvieron en esta posición, como la ayuda que tuvo Moisés en la cumbre con Aarón y Hur. Esta batalla que ganó Cristo para nosotros, se prolonga a lo largo de los tiempos, ya que para que sea una derrota definitiva se precisa aceptar libremente su entrega y sacrificio por nosotros, viviendo a su vez acordes a la Voluntad divina.

Otra victoria que supuso la permisión a los cristianos para seguir viviendo su fe fue la victoria en la batalla del Puente Milvio, el 28 de octubre de 312. Tras una visión, el emperador Constantino instituyó un nuevo estandarte para marchar a la batalla al que llamaría Lábaro. La visión de Constantino se produjo en dos partes: En primer lugar, mientras marchaba con sus soldados vio la forma de una Cruz frente al Sol. Tras esto, tuvo un sueño en el que se le ordenaba poner un nuevo símbolo en su estandarte, ya que vio una Cruz con la inscripción «In hoc signo vinces» («Con este signo vencerás»). Mandándolo pintar de inmediato en los escudos de su ejército, venció a Majencio. Tras estas visiones y por el resultado militar de la batalla del Puente Milvio, Constantino se convirtió de inmediato al cristianismo. La conversión de Constantino supuso además en febrero del año 313 que se retiraran las sanciones por profesar el cristianismo, bajo las cuales, muchos habían sido martirizados como consecuencia de las persecuciones a los cristianos y se devolvieron las propiedades confiscadas a la Iglesia.

Sin contar las innumerables batallas personales que la Santa Cruz nos ha conseguido ganar a lo largo de la historia, como podemos observar, no se requieren muchos recursos humanos para ser conscientes de que la victoria en nuestros días ante la propuesta de la Santa Iglesia en esta Nueva Evangelización, está sin duda en el signo, pues no debemos de buscar la victoria en nada ajeno a la Santa Cruz ya que la historia y los hechos nos indican que este es el camino correcto a seguir. La solución al problema de nuestros días es tan antiquísimo como novedoso y a su vez profundamente sagrado, cubriéndose ahora en nuestro caso la Santa Cruz con los vestidos de la ciencia. El Espíritu Santo, para cada momento crítico ha guiado a su Iglesia de muchas maneras y nadie debe de dudar que la ciencia es de Dios, pues muchos creyentes gozan del don de ciencia que viene del Espíritu, con el fin de poder edificar como otros más nuestra Santa Madre Iglesia, aunque como ya comentamos, debemos de establecer la diferencia entre la ciencia y la ciencia del hombre, que trata de convencer a la gente sencilla, que viene a ser una mayoría, que nuestro origen en esencia se fundamenta en el azar y en la casualidad e incluso en teorías tan afines al azar como la conocida teoría del caos, el Big Bang, etc., para poder explicar todas aquellas cuestiones complejas que la razón no puede explicar por sí sola.

La ciencia del hombre ha caído en el error consciente e inconsciente de tratar de disolver el pecado con todo género de teorías, que como hemos manifestado también excluyen a Dios y que solo distorsionan la realidad del pecado. Creo con certeza que el simple hecho de esclarecer la verdad del caos, que viene a ser el estado de desorden interior que solo el pecado produce, que es una condición que solo puede darse en el interior del hombre, merece la pena haber trabajado en este estudio. Además, creo que para la persona que no le pudiese interesar el conocimiento teológico, se habrá enriquecido desde otro punto de vista diferente para poder llegar a conocer, por ejemplo, que es, o que supone el pecado desde otras perspectivas del conocimiento, lo cual supone una gran riqueza que puede ser de gran ayuda para muchas personas.

Ahora podemos saber mejor que la fe es el sentido de todas las cosas que se pueden razonar, pues para el hombre no creyente, estos conocimientos le pueden ayudar a concebir la ciencia con más sentido y al hombre creyente le puede servir a su vez para tener una fe más razonable. En esta ocasión, la ciencia nos va a permitir seguir predicando la Buena Nueva en un formato que nadie hasta el momento hubiese podido imaginar, ya que en la actualidad existen muchos miles de millones de creyentes que practican el cristianismo, el judaísmo, el islamismo, el hinduismo, el budismo, contando con la gran masa de personas ateas y agnósticas, que ignoran llevar la Santa Cruz en el bolsillo en caracteres matemáticos. Por ello considero humildemente que estando al servicio de la verdad, es nuestro deber comprometernos a ser la voz para hacérselo saber a todos. Es una hermosa paradoja afirmar que, mientras unos se esmeran con odio en tratar de hacer desaparecer el símbolo de la Santa Cruz de los lugares públicos y de donde pueden, de repente tenemos la gracia de ser conscientes de que la Santa Cruz esta por todos los lados, de una forma indeleble y, esto ya no podemos ni ignorarlo ni despreciarlo.

Por todas las razones que se exponen en todo este estudio en general, no debemos de dudar que Dios ha reservado este misterio, hasta este momento, donde la tecnología se ha dispersado ampliamente por el mundo, una tecnología que no ha podido prescindir de un teclado alfanumérico en todos los teléfonos, ordenadores, calculadoras, mandos de control remotos y en general en cualquier sistema de adquisición de datos. Todos estos dispositivos electrónicos manifiestan la grandeza del Misterio de la Santa Cruz, que ninguno hemos podido apreciar hasta el momento y que ahora el cristiano lo debe de adoptar como Lábaro, como lo fue el estandarte del emperador Constantino, ayudándonos así a recuperar la esperanza ante nuestra aparente derrota, donde hemos sido heridos en la fe, provocando así una apostasía en masa. Qué decir de nuestra escandalosa tibieza y mediocridad, que de igual manera ha ido desangrando nuestro amor a Dios, así como la pérdida de valores que la impureza ha ido arrastrando desde el seno de las familias. Si, ahora nuestro teléfono es nuestro estandarte y estamos en el deber y la necesidad de compartir con todos nuestro Gran Tesoro, aunque no debemos de conformarnos con que la tecnología sea nuestro Lábaro, pudiendo ser ahora nuestro mayor estandarte la Naturaleza y el mismo Universo. Por ello, como dijo el Señor, es preciso tener en cuenta que «lo que os digo en la oscuridad, habladlo en la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas» (Mt 10: 27), siendo las azoteas de nuestro tiempo las redes sociales y los medios electrónicos en general. Debemos de aprovechar y de disfrutar compartiendo estos Misterios de Dios que tantos millones de personas en este mundo ahora ignoran por completo, «porque la creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios» (Rm 8: 19). Teniendo en cuenta la fuerza de este mensaje, en pocas palabras podemos decir que, solo con este estandarte nuevo, podremos llegar a gozar de una Iglesia Nueva, que vendría a ser en todas sus dimensiones una gran fiesta para la cristiandad como no la habido nunca hasta el momento.

No debemos te tener ninguna duda de que Dios, en su infinita Sabiduría, ha reservado este toque de trompetas para estos momentos que está viviendo la Iglesia y el mundo, para que podamos meditar mejor y sepamos tomar una decisión más sensata. Por ello, este acontecimiento único en la historia nos debe de servir de referencia, pues el Señor ha querido que la Santa Cruz sea predicada ahora de una manera muy especial, de tal forma que nadie podría haberlo imaginado. Así podemos decir que desde la Santa Cruz, Ntro. Señor Jesucristo extinguió su vida por nosotros y, solo desde la Santa Cruz retornará a nosotros de nuevo, siendo esta dimensión escatológica la que ahora nos deja este mensaje en forma de caracteres matemáticos.

Debemos de tratar de evitar por todos los medios caer de nuevo en el error de Babel, que no solo representa nuestro orgullo, sino del mal uso de los medios que el hombre dispone para cada momento. De esta manera se construyen nuevas torres, pero sin estudiar bien la base del terreno. La Santa Cruz vendría a ser la verdadera y esperada anti-Babel, que sería el instrumento de traducción o interpretación que no solo comunicaría todas las ramas del conocimiento, sino que además, podría actuar como nexo de encuentro entre todas las culturas conocidas del mundo. La riqueza de la interdisciplinaridad que la Santa Cruz posibilita, sería el cauce que podría ayudar a la unión tan esperada del hombre, la unión que daría al género humano su verdadera libertad, porque de la unión sabemos que viene la fuerza, que nos haría salir victoriosos de la opresión mundial que experimentamos en todas las dimensiones de la vida, por el enemigo común de Dios y de los hombres.

Por la importancia de lo que supone, el Santo Padre Francisco también reserva su opinión en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium en el deber de procurar un espacio al diálogo entre la fe, la razón y las ciencias. Indirectamente nos dice que este carisma que Dios nos ha regalado podría ayudar a pacificar. También nos adelanta que toda la sociedad puede verse enriquecida gracias a este diálogo que abre nuevos horizontes al pensamiento y amplía las posibilidades de la razón.

 

 

242. El diálogo entre ciencia y fe también es parte de la acción evangelizadora que pacifica. El cientismo y el positivismo se rehúsan a «admitir como válidas las formas de conocimiento diversas de las propias de las ciencias positivas». La Iglesia propone otro camino, que exige una síntesis entre un uso responsable de las metodologías propias de las ciencias empíricas y otros saberes como la filosofía, la teología, y la misma fe, que eleva al ser humano hasta el misterio que trasciende la naturaleza y la inteligencia humana. La fe no le tiene miedo a la razón; al contrario, la busca y confía en ella, porque «la luz de la razón y la de la fe provienen ambas de Dios», y no pueden contradecirse entre sí. La evangelización está atenta a los avances científicos para iluminarlos con la luz de la fe y de la ley natural, en orden a procurar que respeten siempre la centralidad y el valor supremo de la persona humana en todas las fases de su existencia. Toda la sociedad puede verse enriquecida gracias a este diálogo que abre nuevos horizontes al pensamiento y amplía las posibilidades de la razón. También éste es un camino de armonía y de pacificación.

Comenzábamos este estudio resaltando la importancia de que el Misterio de la Cruz no tiene porque ser accesible al más sabio de los sabios, en cambio puede ser comprensible para un niño. No solamente es frustrado este mensaje por ser misterio, sino porque no todos tienen la madurez espiritual suficiente como para poder apreciar su grandeza. «Es verdad que anunciamos una sabiduría entre aquellos que son personas espiritualmente maduras, pero no la sabiduría de este mundo ni la que ostentan los dominadores de este mundo, condenados a la destrucción. Lo que anunciamos es una sabiduría de Dios, misteriosa y secreta, que él preparó para nuestra gloria antes que existiera el mundo; aquella que ninguno de los dominadores de este mundo alcanzó a conocer, porque si la hubieran conocido no habrían crucificado al Señor de la gloria» (1 Co 2: 6-8). Por otro lado, no dejamos de comprender que los caminos de Dios no son los nuestros, pues este es otro atenuante muy común que nos impide reconocer los signos de Dios, que es cuando nos fijamos en el dedo de aquel que está apuntando al sol. En efecto, Dios no suele tomar a los más capacitados, sino que capacita a aquellos que Él toma con el fin de poder dar a conocer sus misterios. «Porque está escrito: "Destruiré la sabiduría de los sabios y rechazaré la ciencia de los inteligentes". ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el hombre culto? ¿Dónde el razonador sutil de este mundo? ¿Acaso Dios no ha demostrado que la sabiduría del mundo es una necedad? » (1 Co 1: 19-20) «Al contrario, Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los sabios; lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes; lo que es vil y despreciable y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale » (1 Co 1: 27-28).

 

 

Se puede encontrar cruces en culturas tan disímiles como la fenicia, la persa, la etrusca, la griega, la escandinava, la celta, la africana, la australiana, la china, la tibetana, la iroquesa, la navaja, la azteca, la maya, la inca y la aymara.

«Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debo también conducir: ellas oirán mi voz, y así habrá un solo Rebaño y un solo Pastor» (Jn 10: 16).

 

 

«Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada» (1 Co 13:2).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 
 
 
 
 
 

La Ciencia de Dios
Don del Espíritu Santo

 


¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello! (Mt. 23, 24)

Muchos buscan vida en otros lugares, pero no
terminan de ser conscientes de que el Universo en
su debido grado, también viene a ser otro ser vivo

 


Ellos también buscaron un Patrón Único, una pauta en el Universo que pudiese llegar a explicarlo todo

 

El cífrado más antiguo y a su vez
más novedoso de la creación
 

La Santa Cruz en el arco iris
 

El caos no es un caos, es un orden que hasta ahora no comprendíamos
 

El azar existe, pero no es la solución a todo, como erróneamente se cree.
 


Dimensión pedagógica y escatológica de este Misterio
en la creación de Dios

 

El hombre gris y el misterio
de la Cruz Orlada

Llega ya el día y la hora en el que el «monstruo» materia estallará con sus armas y se derrumbará ante la exacta verdad. ¡Cristo! - Ante su Santa «Cruz Orlada» y ante el bendecido amor. –Llega la hora del Sol!-

 


Nueva Generación de Adoradores Proféticos

hacia la plena manifestación de los hijos de Dios

combate escatológico

 

Misión de un apóstol de María

 

 
 
 
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