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La Santa Cruz como Modelo Matemático Universal
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Nº Asiento Registral 16/2013/8695
 
 
 
 

El Lábaro de los Últimos Tiempos
 


Una invitación al ejercicio profético
 

Charlas y Conferencias
 

Entrevistas
 

Nuestra labor misionera
 

Tu oración y lo que puedas aportar
 

Referencias (colaboradores)
 

Acerca de esta pobre pluma, que tiene la gracia inmerecida de poder escribir aquí
 


S.O.S Hermano Protestante
Llamada a todos los Hermanos lejanos

 


Carta de presentación a las diócesis

 

PUREZA Y CASTIDAD

La ventana al conocimiento
 

Retrospectiva Antropológica en Clave para la Nueva Evangelización

 

Juntos en el Nombre de Jesús

 


Familia de los Sencillos

«Creyeron en Dios, y proclamaron ayuno y se vistieron de sayal desde el mayor hasta el menor de ellos» (Jon. 3,5).

 


Exhortación a la Unidad

Por el Triunfo del Inmaculado
Corazón de María

 

De nuevo otro David contra otro Goliath

Autoridades del orden que abusan de sus
poderes y subestiman nuestra dignidad

 

 

 

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La ciudad; el desierto más hostil del universo

 

 

 

 

 

 

 

Conocemos a los santos padres del desierto como hombres que se retiraban al desierto, para poder perfeccionarse en las virtudes y de esta manera poder tener una relación más estrecha con Dios. El desierto donde hacían su morada era escaso en bienes y se aprendía a vivir prescindiendo de muchos bienes, que en verdad más bien resultaban ser lastres. Era en esta escasez y en esta falta de comodidad donde el espíritu y la mente se hacían recias, donde se puede decir que el hombre alcanzaba una madurez, una plenitud para comenzar a entenderse con su Creador. Los padres del desierto tuvieron que lidiar con muchos espejismos y muchos de ellos creados por sus propias tentaciones y deseos más primarios, pero estas farsas y encantos tuvieron que sobrellevarlos con heroicidad por la gracia de Dios, porque en primer lugar, tenían plena consciencia de donde tenían su morada y conocían sus peligros.

De toda la vida de Dios, como se suele decir, hemos pensado que estos desiertos donde tenían su morada estos hombres de Dios, para poderse preparar para su misión más adelante en las periferias, era lo más duro que podía vivir un hombre, sin ser conscientes de que el verdadero desierto hostil era más bien la ciudad.

Cuando en una ocasión le expuse este argumento a un amigo que desgraciadamente vive muy distante de la fe, se quedó muy sorprendido. ¿Qué la ciudad es el desierto más hostil? Si, amigo mío e incluso el más peligroso, porque no somos conscientes precisamente de que verdaderamente es un desierto. Ciertamente se puede decir que solo aquellos que lo saben, pueden manifestarlo de tal manera que lo trato de hacer ahora este servidor, porque gracias a Dios, dentro de este desierto, tenemos nuestra morada en algunos oasis y vergeles. De otra manera, ahora sería un ciudadano más, hostigado por el sol de mi propio egoísmo, de mi orgullo, de mi vanidad, de mis tantos deseos y pasiones que no se pueden apagar con cualquier agua.

El espejismo común de necesidad primaria es el agua, tanto en un desierto como el otro, pero en el desierto de la ciudad esa agua viene a ser como un agua residual, un agua sucia que en nuestra desesperación bebemos a tragos cuando nuestra sed nos empuja a liberarnos de nuestros deseos, haciéndonos más esclavos de este desierto. Cuando bebemos de nuestras pasiones desordenadas, cuando no queremos reconocer el mal que nos produce el amor por el poder y el dinero. Es típico que cuando corremos detrás de estos espejismos, en ocasiones somos conscientes de lo necios que hemos sido, pero hemos perdido por el camino mucha fuerza y para colmo, cuando nos volvemos a recuperar, corremos tras otros espejismos iguales o parecidos.

El pecado que dicen muchos en esta ciudad que no existe, que son cosas de los cristianos, es simplemente esa esclavitud, ese hastío y vida de vacío que aquí se experimenta, una esclavitud que no permite la posibilidad de hacernos fuertes, porque las comodidades y la gran abundancia que viene a ser parte de este espejismo, nos impide crecer, nos dificulta poder madurar, por tanto es razonable que muchos crean que no existe Dios y afirmen que ellos no le oyen, pues a pesar de que esto no es cierto, la razón se debe a que en verdad son hombres demasiado débiles. Nuestra debilidad, muy frecuentemente provocada por la falta de cumplimiento del sexto y noveno mandamiento, es decir, por no hacer un esfuerzo por vivir una vida de pureza y de castidad, rompen o atenúan la comunicación con Dios.

Nadie debe de extrañarse de que el Señor, en el camino ascético nos lleve al desierto, pero no al lugar donde se prepararon para la milicia los hombres del desierto. En muchas ocasiones, este desierto puede ser un sufrimiento muy candente que puede tomar forma de muchas maneras. Pues ya nos lo dice el Señor: «pero he aquí que yo la traeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón» (Os 2:14). Aquí nos dice el Señor de alguna manera, que para poder purificar a algunas personas, –  quizá a muchas – Él las llevará al desierto, pero no necesariamente al lugar in situ, sino que lo que llevará al desierto será su espíritu. De aquí podemos subrayar dos cuestiones importantes a tener en cuenta: La primera viene a ser que no sabemos que casi todos tenemos necesidad de ejercitarnos en el desierto y la segunda viene a ser que se produce un gran estado de confusión, porque nuestro cuerpo está en un lugar y por otro lado nuestro espíritu esta en otro lugar, en el desierto de una aspereza por la vida, de una duda existencial, de una sequedad o aridez espiritual, de una sensación de lejanía de Dios que es lo que se conoce por noche oscura, por una depresión, por incertidumbre, miedos o estados estancos entre algunas de esta situaciones que acabamos de citar.

¿Cómo sobrevivir al desierto de las civilizaciones? Pues en primer lugar, aunque parezca algo aparentemente absurdo, ya que tenemos imaginación, podemos usarla en este caso para que a partir de ahora veamos la ciudad como lo que verdaderamente es, es decir, un desierto muy hostil, parecido al mismo desierto donde solo se pueden apreciar dunas de arena y donde prácticamente todo es muy estéril. Partiendo de aquí, quizá esta imagen nos ayude a tomar perspectiva, en primer lugar para evitar los engaños de este desierto. ¿Placeres y deleites de esta vida? Todos, todos a partir de ahora, debemos de aprender a verlos como espejismos. Si seguimos este consejo práctico, si nos dejamos ayudar por los buenos samaritanos y en vez de juzgarles, comenzamos a darnos de la mano con ellos, por el camino nos explicaran que para beber el agua limpia de los oasis y poder vivir en un fresco vergel, debemos de fortalecernos, debemos siempre de caminar sobre las leyes que Dios nos ha dado. Comprobaremos que en la medida que bebemos de las fuentes limpias, es decir, del manantial de la Eucaristía, nuestra enfermedad causada por el mundo comenzará a sanar.

Estando más rehabilitados, comenzaremos a gozar de la oración que ya tuvimos que haber emprendido con mucha torpeza y puerilidad tiempo atrás y que ahora con gusto podemos deleitarnos mejor. Será entonces cuando poco a poco, ese sol que nos habíamos creado nosotros mismos con nuestros egoísmos, con nuestro orgullo, vanidad, con nuestros deseos y pasiones desordenadas, se hará como la luna, es decir, que de momento, no terminará desapareciendo plenamente como querríamos con ganas, pero será entonces cuando amanecerá sobre nosotros y dentro de nosotros el Sol de Cristo, para que podamos ahora mucho mejor proseguir en el Camino, en la Verdad y en la Vida, en Él, con Él y por Él.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 
 
 
 
 
 

La Ciencia de Dios
Don del Espíritu Santo

 


¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello! (Mt. 23, 24)

Muchos buscan vida en otros lugares, pero no
terminan de ser conscientes de que el Universo en
su debido grado, también viene a ser otro ser vivo

 


Ellos también buscaron un Patrón Único, una pauta en el Universo que pudiese llegar a explicarlo todo

 

El cífrado más antiguo y a su vez
más novedoso de la creación
 

La Santa Cruz en el arco iris
 

El caos no es un caos, es un orden que hasta ahora no comprendíamos
 

El azar existe, pero no es la solución a todo, como erróneamente se cree.
 


Dimensión pedagógica y escatológica de este Misterio
en la creación de Dios

 

El hombre gris y el misterio
de la Cruz Orlada

Llega ya el día y la hora en el que el «monstruo» materia estallará con sus armas y se derrumbará ante la exacta verdad. ¡Cristo! - Ante su Santa «Cruz Orlada» y ante el bendecido amor. –Llega la hora del Sol!-

 


Nueva Generación de Adoradores Proféticos

hacia la plena manifestación de los hijos de Dios

combate escatológico

 

Misión de un apóstol de María

 

 
 
 
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