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La Santa Cruz como Modelo Matemático Universal
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El Lábaro de los Últimos Tiempos
 


Una invitación al ejercicio profético
 

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Referencias (colaboradores)
 

Acerca de esta pobre pluma, que tiene la gracia inmerecida de poder escribir aquí
 


S.O.S Hermano Protestante
Llamada a todos los Hermanos lejanos

 


Carta de presentación a las diócesis

 

PUREZA Y CASTIDAD

La ventana al conocimiento
 

Retrospectiva Antropológica en Clave para la Nueva Evangelización

 

Juntos en el Nombre de Jesús

 


Familia de los Sencillos

«Creyeron en Dios, y proclamaron ayuno y se vistieron de sayal desde el mayor hasta el menor de ellos» (Jon. 3,5).

 


Exhortación a la Unidad

Por el Triunfo del Inmaculado
Corazón de María

 

De nuevo otro David contra otro Goliath

Autoridades del orden que abusan de sus
poderes y subestiman nuestra dignidad

 

 

 

S.O.S Hermano protestante

 

 

 

 

 

Introducción

 

En honor a la jornada de la oración por la unidad de los cristianos, tengo el gusto de compartir con todos vosotros. esta carta de amor a nuestros hermanos lejanos. Si gustáis en leerla, vais a notar cierta frescura, porque desde un principio fui consciente de que no merecía la pena sumergirse en cuestiones teológicas, sino ir más bien a lo práctico. Tampoco me ciño a lo puramente racional y evidente, sino que he tratado dentro de mis posibilidades, dejarme llevar por la suave brisa del Espíritu. 

He hecho un esfuerzo por quitarme el vestido de católico para hacerme uno de ellos, pues sólo de esta manera en un principio es como nos podremos entender, para poder darnos la mano, para después podernos abrazar, dando a su vez un ejemplo donde uno no pierde su identidad como católico. Debemos de ser conscientes todos de lo tanto que disfruta Satanás viéndonos todos los días de batallitas. No, antes de esto, Santo Dios, prefiero humillarme 1000 vidas ante todos mis hermanos lejanos, por muy retorcidos que sean, antes que humillarme de nuevo la media vida que me pueda quedar ante nuestro enemigo.

No quisiera definir esta comunicación como un diálogo ecuménico, que también lo es, sino más bien como una carta de amor. Por la experiencia de más de nueve años, debo de decir que nosotros no debemos de ir de maestros, ni de los mejores. Por la urgencia de las circunstancias del mundo, debemos de dejar de lado la parte «teológica» tan controvertida y sin dar lecciones, debemos de decirles a todos nuestros hermanos que, no somos tan buenos como en verdad querríamos ser. 

Esta carta habla en primera persona de muchas «cosas malas» que tenemos los católicos, de arriba abajo pasando por el medio, pero mostrando a su vez un gesto de perdón hacia los miembros que formamos la Iglesia. Partiendo de este punto, es decir, siendo todos un poco más humildes, sólo entonces podremos razonar, para podernos comprender y vernos así los unos en los otros. En todo caso, enseñemos a nuestros hermanos que somos capaces de pedirles ayuda, de decirles que los necesitamos, que con ellos la Iglesia de Cristo sería mucho más santa y que los unos sin los otros, poco vamos a hacer por nosotros, por ellos y por este mundo cada vez más perdido. Sólo la unidad podría cambiar la faz de la tierra, por ello merece la pena luchar por esta causa e incluso sin temor ninguno a que nuestras palabras gocen del don de libertad que nos da Cristo, primero para nosotros y después para ellos. Yo soy el primero que me golpeo el pecho y sólo después es cuando merece la pena hablar de las cosas que podemos hacer mejor todos, no sólo ellos.

Querido hermano en el Corazón del Señor, no solo te invito a que lo leas, sino a que lo medites y que lo puedas compartir si crees que merece la pena.

Amaos todos, amémonos como nos ama el Señor, en perfecta humildad.

 

 

 

 

S.O.S Hermano protestante

 

La Paz del Señor reine en todos nuestros corazones, queridos hermanos protestantes. Ya no puedo reprimirme más y ahora lo hago públicamente ante el resto de mis hermanos católicos. Soy uno de los vuestros, ¿qué no me creéis? Pues a partir de este momento voy a pedirle al Señor su fuerza para poder demostrároslo.

Sí, soy un protestante católico y lo único que nos diferencia es que vosotros sois simplemente lo contrario, es decir, sencillamente sois católicos protestantes. Y ahora os preguntaréis ¿qué soy católico, dice éste ahora? Si, sois primero católicos, porque para ser lo que ahora sois, tuvisteis que nacer primero en la Iglesia que fundó Cristo, la misma que confió en las pobres manos de sus Apóstoles por medio de la sucesión apostólica. Si hermanos, muchos de vosotros debéis de tener la suficiente madurez espiritual como para ser conscientes ya de que vuestra madre «biológica» fue la misma madre que siempre he tenido yo. ¿No os convence? Pues solo tenéis que hacer un pequeño ejercicio de imaginación y un poco de uso de razón. ¿Os imagináis que hay un hijo que reniega de su madre haciéndola un reproche de que tal mujer no es su madre, aún siendo su madre de verdad? Si, es muy respetable y legítima la decisión de la persona que pongo como ejemplo, que reniega por las circunstancias que sean de su propia madre, pero por las venas de ese hijo, siempre correrá la sangre que le ha dado aquella mujer. Vosotros no venís de la nada ni partisteis de cero, pues sois lo que sois, es decir, hermanos nuestros, de igual manera que lo son nuestros hermanos ortodoxos.

En efecto, vosotros podéis renegar de vuestra madre y quizá razones tendréis como podría yo tenerlas, pero aunque no lo queráis reconocer, en vuestra torpeza espiritual, seréis siempre católicos. Eso sí, con una madre adoptiva, que no es única para todos vosotros, sino que cada trocito de vuestra grey depende, si me permitís la expresión, de una madre diferente, y por ello vivís con un gran desmadre. ¿Nosotros con un gran desmadre? Si, aunque nosotros los católicos, como sabéis, en muchas ocasiones no sabemos ser tan buenos hijos como querríamos, que viene a ser nuestro gran problema.

¿Por qué me declaro protestante católico? En primer lugar porque hace mucha falta. No sabéis la falta que nos hacéis a los católicos. Lástima que pocos de nosotros no sepamos ni manifestemos lo suficiente la enorme necesidad que tenemos de que estéis aquí dentro con nosotros. Nosotros os llamamos protestantes, casi como una forma de castigo a vuestra conciencia, pero no os debe de preocupar, porque en verdad esa «protesta», muchos de nosotros sabemos que la hacéis desde la caridad cristiana, por ello, aunque sigamos hablando de protestantismo, en verdad sé que muchos de vosotros hacéis un intento por hacernos la debida y necesaria corrección fraternal que tanto cuesta hacer y que tan poco valoramos todos los cristianos. Mirad, si un sacerdote católico reprende o hace una corrección fraternal a los fieles, parece que está en su papel, aunque en verdad hoy esto ya apenas se experimenta, porque es más cómodo callar. Por otro lado, si esta corrección fraternal se hace desde fuera, es porque el que la hace es un protestante. No, ya está bien, debemos de hacer todos un esfuerzo para que no nos engañe más el Demonio, que es todo un ingeniero en hacer divisiones, ¿o es que no somos apenas conscientes ninguno de esta estrategia del mal?

¡! Ya está bien ¡! Si, ¿queréis que os cuente un secreto?, pues bien. ¿Creéis que podéis hablar muchas «cosas malas» de la Iglesia Católica? ¡! Pues yo muchísimo más ¡! No os podéis imaginar. A parte de las experiencias ajenas que no han permitido a mis familiares confiar y cumplir con los mandamientos de Dios, no me han dejado ser sacerdote por enfermedad ¡! por enfermedad ¡! porque según parece, la jerarquía ha convertido ahora la Iglesia, que es el Cuerpo Místico de Cristo, en un cuerpo de élite, donde no admiten defectos físicos, ni mucho menos psíquicos, aún sabiendo que los hombres que Dios escoge siempre, son los mismos que termina desechando el mundo. Esto es una prueba evidente de querer seguir empeñándose en evangelizar por los méritos propios, siendo incapaces de convencerse aún de que a Dios le gustan las cosas que para nosotros nos parecen imposibles, pues si uno quiere hacer el bien con un poco de libertad evangélica, se necesitan carreras, honores, simposios, conferencias, libros y artículos publicados, en fin, esas cosas que sabemos todos. La formación es importante o vital, pero ésta los embrutece a la mayoría. Muchos se creen los mejores y si tratas con la mayoría de ellos, son unos estirados. No me han dejado ser misionero ¡! sólo por ser un enfermo mental, de nuevo sin escudriñar antes mi pobre corazón para discernir si el Señor verdaderamente me llamaba ¡! alegando que ellos no cubrían mis medicamentos, cuando no tenían verdadera necesidad de pagármelos. He escrito cientos de cartas a muchos miembros para proponer ideas, para tener una Iglesia mejor y la mayoría no me han hecho ni puñetero caso. No os imagináis las batallitas que tenemos en las parroquias entre los fieles, no os lo imagináis, pues solamente deciros, por ejemplo, que por la medicación que tomo que me reseca tanto la boca, me han reprendido duramente en mi parroquia por ir con una botella pequeña de agua a Misa. Muchos obispos me han dado y siguen dando largas a mis diversas denuncias, pues por ejemplo, todavía estoy esperando la respuesta de más de 65 obispos españoles, ante una denuncia que argumentaba con solidez la tropelía de que se sigan vendiendo décimos de lotería en las parroquias de mi país. Los sacerdotes en sus homilías, apenas hacen exhortaciones que salen del corazón, como en este torpe intento que hago ahora con vosotros, sino simples o complicadas clases de teología. Ellos prefieren ver los templos solos a que haya personas cualquiera en sus sedes o ambones «equivocándose», pues no saben que Dios prefiere el error e incluso la herejía si es preciso como estímulo, pero ellos con tal de no perder o devaluar sus puestos de autoridad, llevan así a las multitudes al aburrimiento, la dejadez, la indiferencia y a la desolación o a más bien aquello que se puede definir en tres palabras, que vendría a ser la «frustración del Espíritu». Luego os digo que de autoridades no tienen nada, ya que después de la última Misa del día, están prácticamente todos en sus casas para estudiar y leer libros, con el fin de que nadie les vea los alzacuellos y si salen, se lo quitan por calor o se lo tapan con bufandas; en verdad no sé si lo que sienten es miedo o vergüenza de lo que son o lo que creen que son. Después de todo esto, en ocasiones aprietan las tuercas a los fieles, diciéndonos que las parroquias están medio vacías, porque no nos preocupamos en hacer apostolado y si nos pasamos a vuestro lado, nos dicen que nos faltaba una buena formación. En fin, os digo que no sois capaces de ganarme si tuviese que «hablar mal» de la Iglesia a la que pertenezco, pues me quedaría sólo. Ya para colmo y aunque nadie de mi parroquia, excepto un amigo, sabe que en el municipio donde vivo, varios sacerdotes me han llamado la atención por querer recibir a Jesús sacramentado de rodillas e incluso humillándome en una ocasión, llamándome la atención delante de toda la feligresía. No, lo peor es que esto tan grave para un hombre que ama al Señor, es que a los demás sacerdotes no les importe apenas nada, pero no dudéis que sí se la pueden dar a cualquier tontería. ¿Creéis aún que me podríais ganar «hablando mal»? Podríais reíros con lo que os voy a decir, pero a mi poca gracia me hace, porque gran parte de la jerarquía ha dejado de lado demasiado la sencillez, pues de los cientos de cartas escritas a ellos sin apenas frutos, cuando uno tiene que escribir tantos prefijos antes de poner el nombre del obispo o del cardenal propio del lugar; que si excelentísimo, que sí señor, que si don, que si eminentísimo, que si reverentísimo, pues cuando se termina escribiendo el último apellido, a uno se le olvida cual iba a ser el mensaje que tenía que escribirle en esa carta. ¿Que os voy a contar que no sepáis en este aspecto? La sencillez y la caridad se han perdido hasta un punto que estos «hombres de Dios» no saben apreciar la diferencia entre la pasión y la euforia o entre la caridad y una patología. ¿No os parece esto mucho más grave y serio que las cosillas que vosotros denunciáis? ¿A caso no sois conscientes ahora un poco mejor de lo pueriles que son vuestras «protestas»? Esto solo sería en lo personal, pues no creo que tenga que hablar en nombre de otras personas, sin hacer mención a los escándalos públicos que muchos conocemos más o menos de cerca, que también todo hay que decirlo, muchos escándalos son terriblemente malversados por la mala praxis de la prensa que maneja nuestro enemigo común.

En fin, si os preguntáis porque he aguantado, sigo y seguiré aguantando es muy sencillo. Este sacrificio es precisamente el que nos pide el Señor. Si, esto es muy doloroso para mí y para el Señor y vosotros también lo sabéis en parte, pero gracias a estas malas experiencias y las que me quedan, he ido caminando hacia adelante, perdonando. ¿Perdonando?, si y también en cierta manera dando gracias, porque este ha sido hasta el momento un camino de ascesis que el Señor me ha ofrecido, es parte de mi cruz, un ofrecimiento que Él ahora os hace a vosotros, un camino ascético que por mi parte, queda muy lejos del mantenimiento espiritual con el que se conforma una mayoría de mis hermanos católicos; mantenimiento que solo nos lleva a la tibieza. Os digo que además de perdonar, no he dejado del todo de ir a las parroquias, donde parece que les molesta que reciba al Señor de rodillas, ¿sabéis también porque? Porque a mí nadie me hecha de mi Iglesia, nadie me va a separar de Cristo, nadie, ¿quiénes son ellos? nadie ante el Señor, pues no me dan ni miedo, ni complejo de nada. Ante esta situación me rebelo ante el enemigo, que espera que coja las maletas y me vaya a otro sitio. Pero no, no le he dado este gustazo, como desgraciadamente, sin ser plenamente conscientes habéis hecho vosotros en vuestras circunstancias de época, en lo sucesivo y que aún seguís haciendo en la actualidad. Además, deciros que tampoco dejaré bajo ningún concepto a mis hermanos católicos, ya que también necesitan mucha ayuda.

Con todo esto os quiero decir algo que creo que ahora es más fácil de comprender. Vosotros que pasasteis de ser católicos y por el camino creísteis que perdisteis esta raíz o quizá hemos sido nosotros los que os lo hemos hecho olvidar, comenzando a ser simplemente «protestantes» en todos estos siglos de separación, no habéis hecho nada y lo que es peor, tampoco lo haréis. ¿Qué no sabéis porqué?, pues muy sencillo. El que quiere de verdad una Iglesia mejor, si tiene el don del Espíritu, sabe sin dificultad que debe de actuar desde su seno ¡! Desde dentro puñetas, que no os enteráis ¡! Hay que decir que muchos de vosotros sabéis que las exigencias entre un extremo y otro, no son las mismas, por ello muchos preferís vuestra vida espiritual, que es algo más light o descafeinada, que no os compromete tanto, pero eso tendría fácil solución, y ésta será cuando podáis volver a reconocer de nuevo el valor infinito de los sacramentos. ¿Qué los administra un hombre de la jerarquía? Bueno, no pasa nada, este será para ti y para mí un ejercicio que el Señor nos pone, para hacernos un poco más humildes, porque si queréis seguir con la misma canción que ya empezaron los fariseos hace más de 2000 años de que, «ese quién es para perdonar los pecados», con sus demás estrofas y estribillos, vosotros veréis.

 Si, ahora ya lo tenéis más claro y me alegro muchísimo. ¿Me reconocéis ya en algo? Soy uno de los vuestros, pero desde el seno de mi Madre, la Iglesia de Cristo, porque a pesar de ser torpe e inútil como lo es este servidor vuestro, es la Madre que me ha enseñado, la que me ha nutrido espiritualmente. Necesito hacer crítica a mi Madre o autocrítica, según se vea, porque siempre ha estado necesitada de ello y ahora más que nunca, pero sabed que siempre necesitaré mucho más ser enseñado por ella. ¿A caso vosotros no habéis sabido perdonar las ofensas, equivocaciones, torpezas y necedades de vuestra mamá? Si esto no ha sido así, me temo que no tenemos el derecho ni la dignidad de llamarnos cristianos, porque a mamá también siempre debemos de perdonarla. ¿Recordáis el cuarto mandamiento? Si, debemos de honrar con todo nuestro corazón a todo aquel que no solo educa, sino también, al que trata de hacerlo e incluso si se equivoca. No debemos de vivir con ingratitud, porque sabéis que esto es una grave ofensa al Señor. ¿Recordáis el Padre nuestro… perdona nuestras ofensas, así como…?  ¿Sí?

En una ocasión, el filósofo británico G. K. Chesterton, caminaba una noche por la calle. En su trayecto, unos hombres debatían sobre los franceses y le preguntaron a este buen filósofo. Sir. Chesterton, ¿a Ud. que le parecen los franceses? El se detuvo y les dijo que, no podía darles su opinión, ya que no los conocía a todos. Con ello os digo queridísimos hermanos míos en el Corazón del Señor, que yo tampoco os conozco a todos, por ello, además de no ser nadie para haceros un juicio de valor, este juicio que es el que estamos haciendo todos, al ser general, sabéis que sería entonces muchísimo más injusto. Podréis haber hecho cosas malas como yo, como las hacemos nosotros vuestros hermanos católicos, que tened por cuenta muchos piensan como yo, pero no sois malos, simplemente podéis mejorar, como nosotros también lo tratamos de hacer. Recordad que en la corrección fraterna es obligatorio juzgar el pecado, pero no al pecador. También os quisiera decir aprovechando esta anécdota tan luminosa de Chesterton que, a partir de ahora debéis de ser también conscientes de que vosotros de forma individual, tampoco nos conocéis y, solamente por esta sencillísima razón, deberíamos de encontrarnos y de reconocernos entre vosotros y nosotros; verme yo en ti, como te veo ahora, pero a su vez, verte tu en mi, rompiendo así todos nuestros muros invisibles. ¿No sería esto maravilloso, darle al Señor, sus hijos, esta enorme alegría? ¿A caso podéis decirme alguno que esto no se lo merece el Señor, que es infinitamente bueno con nosotros? Dejémonos de citas bíblicas y de teologías de hormigón armado, cerremos ya nuestros pobres ojos y comencemos ya a mirarnos, pero en esta ocasión, con los ojos del corazón. Menos libros y teorías de teología y espiritualidad y sí más atención a las prácticas. Yo entiendo como vosotros o al menos quisiera que entendieseis, solo las letras del Amor. Tengamos plena consciencia de que, del Demonio son todas las fronteras, pero solo de Dios es el Horizonte y es aquí donde no solo podemos, sino que debemos de mirar juntos al frente, sin esperar a que tengáis que poneros de acuerdo todos vosotros, porque el tiempo no vale oro como dice la pobre humanidad, sino que en verdad, vale la salvación de muchas almas perdidas, que se siguen perdiendo mientras seguimos ensimismados con nuestras vanas palabras, ausentes casi siempre del Espíritu. No esperéis a unos o a otros, ni abandonéis a los que dejáis atrás como se ha hecho hasta el momento, pues podéis hacer una transición adaptada a vuestro tiempo y circunstancias, pero si es posible, venid apresurados ya a la Casa de Papá. Si vosotros tomaseis esta sabia decisión, no solo haríais que la Iglesia de Cristo fuese muchísimo más santa, sino que haríamos juntos sin apenas dificultad un mundo más justo y habitable, un mundo mejor para todos los que queremos y para todos nosotros. El sufrimiento sería el mismo hasta la venida del Señor, pero no sería en verdad lo mismo, porque sabríamos confortarnos mucho mejor entre nosotros. Además, ¿no creéis que este esfuerzo nuestro no sería un hermoso y valioso gesto para ir preparando la venida del Señor? ¿No creéis que con este gesto adelantaríamos su esperada y ansiosa venida por parte nuestra? Daos un pellizco ya en la cara, porque sí, claro que sí, no tengáis duda, pues en nuestras pobres manos también esta poner fin a todo esto.

Mirad, no os lo imagináis, pero he tenido y tengo la gracia de tener convivencia con algunos de vosotros y como muchos de nosotros – no todos desgraciadamente- sois personas estupendas, maravillosas y gratas a los ojos de Dios. Yo he visitado vuestras casas de reunión en ocasiones y no he tenido problema en mezclarme con vosotros y, descuidad que tampoco lo tendré en adelante. No me pesa la conciencia por haber tenido estos gestos, todo lo contrario; creo que he agradado de esta manera más al Señor, pero gracias a Dios no ha sido motivo para haber perdido mi identidad, ni tampoco lo será. Muchos de nosotros los católicos reconocemos que no somos los mejores, pues sé que entre vosotros, sin duda, los hay mejores que los nuestros y viceversa. Si deciros por la gloria del Señor, que si no tomáis esta decisión grata a sus ojos, si no queréis reconocernos como hermanos y si tampoco os sentís como hijos pródigos del Padre, como este servidor se siente de muchas maneras, ser al menos mejores protestantes, ser ejemplares.

Creo que son tiempos de ir tomándonos en serio nuestra madurez espiritual y crecer de verdad como el Señor lo desea. Os haría un gran bien personal y a nosotros sin duda que protestéis, ¡! pero caray ¡! ¡! os ruego que lo hagáis bien ya!! ¿¿Ehhm?? Os necesitamos en este bando, porque es la mejor forma de hacer frente al enemigo, que no quiere nuestra unidad ¿Qué porqué no quiere nuestra unidad? Porque si el mundo viese la unidad entre nosotros, ¡! habría entonces conversiones en masa ¡! ¿Está claro? ¿O es que tenéis miopía espiritual? Por favor, si no tenéis las gafas del Espíritu, habéis perdido el tiempo leyendo este S.O.S hermano protestante, ¡! ayuda hermanos ¡! Pues os digo que, si este pobre servidor vuestro os ha hecho abrir un poco más los ojos de la fe, poniéndose a vuestra altura o mejor dicho aún, más bajo si fuese preciso, ¡! Bendito sea Dios y su Santo Nombre !!

Bueno, ahora que somos un poco más Uno en el Señor, solo deciros que lo de las imágenes y lo del rollo de la idolatría de los católicos se os ha acabado. Sabéis muchos perfectamente que no adoramos imágenes, aunque si tenemos devoción por ellas, porque nos inspiran mejor a la oración. ¿A caso no os inspiráis mejor vosotros orando por vuestros seres queridos lejanos, si podéis ver en esos momentos una foto de ellos? Pues cuidado hermanos, porque la foto es también una imagen, sea de quién sea. Así que, prohibido entonces si desde este momento no tenéis una mente más abierta al ver y compartir fotos o imágenes que os gustan por Facebook, Flickr, correo electrónico, etc. Si estuviera el Señor entre vosotros, tendríais con Él una experiencia muy semejante a cuando hizo sacar la moneda, diciendo aquello de que «al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Si me permitís el ejemplo, después de esta crítica tan pobre que hacéis, os diría: A ver, sacadme un billete de vuestro bolsillo. Ahhms, ¿y esa imagen que lleváis en el papel qué o quién es? ¿Acaso entonces sois también unos idólatras? No, ni unos ni otros, pero la hipocresía, tanto a unos como a otros nos hace un gran daño.

¡! Que más ¡! Ajjajaj hermanitos, ¡! Flores hermosas del Señor ¡!, por favor. Dejemos ya de hacer críticas a la Madre de Jesús, que también es nuestra Madre. ¿A caso aún no habéis tenido la ocasión de tener un rato para meditar que no ha habido ni habrá nadie más mariano que nuestro mismo Señor Jesucristo? Además, nadie amó más a Cristo que su propia Madre y solo por esto deberíamos de tenerla como ejemplo, siempre con un profundísimo amor y respeto hacia ella.

Amms ¡! Sí, cómo no ¡! Hablaros de aquel que nos mantiene unidos a todos, si, ese que algunos «protestantes» dicen ser el anticristo por ser un hombre de actualidad, como otros cientos han sido antes, en fin, no voy a enumerar todos los disparates que se dicen. Ya dejaros de fechas y argumentos teológicos, dejad que el Demonio se lie él solo y comencemos a avanzar juntos. Es más sencillo ya desde la propia razón, seguir a uno que a 100 o 1000 pastores, que como sabéis en el fondo y sin tanto fondo que, cada uno de ellos os dicen cosas que no se contrastan plenamente entre ellos y eso se debe en parte también a la ausencia de un catecismo como tenemos nosotros, a la falta de integridad, etc. Mirad, si no tenéis capacidad de madurez para saber apreciar el valor de las personas de bien o de buena voluntad, lo comprendería en algunos casos, pero que no sepáis apreciar y valorar a las personas que al menos «tratan» de hacerlo, esto clama al cielo. En muchas ocasiones las intenciones valen más que incluso las propias acciones y saber apreciar este detalle, ayuda a hacernos personas mucho más sensibles, por tanto mucho más humanas. ¿A caso entonces no sois capaces de reconocer que papito Francisco es uno de los nuestros también? Pues esta sabiendo poner firme y dar «pal pelo» a más de uno. Sus gestos diáfanos y sus palabras llanas, aunque no lo hayáis apreciado aún, os están invitando a que entréis de nuevo con nosotros y os hagáis protestantes católicos y no católicos protestantes como ya os he dicho que sois, aunque humildemente no lo queráis reconocer. Si debéis de saber al respecto, que si vosotros desde este momento ponéis intención en que nos unamos, sabed que no muy tarde ya no seréis ni protestantes ni nosotros católicos, sino simplemente un pueblo cristiano, en el deber y la necesidad de vivir el Evangelio, que es nuestra raíz de origen.

Para irme despidiendo, queridos hermanos, deciros con amor que para este servidor vuestro, aunque tiempo atrás lo haya pensado muchas veces en su torpeza, no sois tampoco ningunos apóstatas, pues ya os lo he dicho, ¡! sois católicos ¡! Por ello, os digo que quedad en paz, creed en mis torpes palabras, pues dejad que salgan los «teólogos» de cepo y mordaza a contrariar estos argumentos, a ver quien tiene valor a decirle a este servidor vuestro que vosotros no sois de los nuestros o que sois apóstatas, dejad, dejad a este perrillo, que aunque no sea de raza como ellos creen, no saben que pego buenos mordiscos, dejad, dejad. A todos ellos, se les van a caer los honores al suelo, como cristal fragilité. No tengáis ningún miedo ni reparo en dad gusto a nuestro Dios de las Alturas.

Si, quisiera reservar este párrafo no precisamente para deciros una parrafada, una tontería. Os preguntaréis ¿Quién es este que nos ha escrito? Ya os lo he dicho, soy vuestro pobre servidor, aprovechando a deciros también que desde este momento soy también un mendigo de vuestras oraciones, un misionero aún no reconocido por la Iglesia, pero si por la gracia de Dios.
Veréis, yo desde hace más de dos años comparto mi testimonio en un espacio digital muy especial para mí, de una manera disoluta. Por ello, no voy a poner empeño en describirme, porque aquí ahora no procede, pero invitándoos si queréis a que entréis en mi pobre corazón, si tenéis un rato para leer este testimonio. Solo pincelaros que en un lapso de 8-9 años me han encerrado en un psiquiátrico en tres ocasiones por causa de Cristo, estando luchando de igual manera todos los días con una gran cantidad de cadenas químicas que el Demonio me impuso, por medio de personas que dicen saber mucho de ciencia, pero que apenas saben cómo se escribe la palabra «Cristo», o no saben tampoco que amor y caridad es lo mismo.
En el año 2008 tuve la gracia inmerecida de vivir una experiencia hasta la fecha muy fuerte para mi vida, sacudiendo por completo mi interior. Unas semanas antes de vivir esta tremenda experiencia, el Señor me mostró que la Santa Cruz está impresa en el Universo en caracteres matemáticos, aunque todo empezó por unos pequeños detalles. Después de salir del psiquiátrico en la última ocasión, me sumergí sin ser consciente en un estudio de investigación de carácter interdisciplinar que hoy también comparto en, la web homenaje a la Santa Cruz.
Ahora quisiera exhortaros con todo el amor con que lo he hecho desde el principio que, siendo mi misión la predicación de la Santa Cruz, que es predicar el Evangelio, debéis de recapacitar y nosotros también en parte. Vosotros no queréis a un Cristo en su Cruz y nosotros, por necedad o extravagancia desde hace tiempo, tenemos en algunos lugares de culto a Cristo en posición crucificada, pero sin su Cruz. ¿Qué disparatada necedad es la nuestra hermanos? ¿Cómo tenemos la osadía de expropiar a nuestro Señor de su Santa Cruz y a su Santa Cruz de su Señor? ¿A caso no sabéis aún que el Señor se entiende mejor con muchos de nosotros, sufriente, llagado y molido por nuestros pecados, que aquel Cristo que hemos condenado doblemente sin su Trofeo? ¿A caso Él no se merece el mérito de estar en su Cruz donde nos ganó a todos por el precio de su preciosísima Sangre? ¿A caso no sabemos lo que disfrutan las bestias inmundas y el alivio que tienen cuando ven al Señor que le hemos despojado de su Santa Cruz o viceversa? No tenemos derecho a hacer con el Señor lo que nos plazca a unos y a otros, debiendo de aceptar ya la realidad. Si en vuestra andadura, compartiendo vuestro tiempo con las personas que sufren tanto, no habéis sido conscientes, a pesar de lo que se padece personalmente viéndoles, de la luz que se recibe de ellos, tampoco comprenderéis aún que no solo no tiene nada de malo, poder ver a Cristo traspasado en su Cruz, sino que no sabréis aún la necesidad espiritual que tenéis, hasta que con frecuencia lo queráis contemplar, tal como Él quiere que le veamos. Si, Cristo está en la Gloria con el Padre, pero no por ello se ha querido fugar de su Cruz ante nuestros ojos, por tanto, en este Misterio, Cristo goza en su Gloria, pero aún padece por y con nosotros. ¿Qué clase de Dios amoroso sería éste, si esto no fuese así? ¿No lo creéis? Por ello ahora os digo hermanos en Cristo que, si aún no habéis comprendido este excelso y sencillo Misterio, para mi gran pesar, tampoco vais a comprender el Misterio de la ciencia de la Santa Cruz en su creación.

En fin hermanitos, ruego a Dios para que a partir de este momento nos entendamos mejor y rememos todos para el mismo lado, porque ni unos ni otros avanzamos si no estamos juntos, con el fin de poder agradar más al Señor y dejar de contristar tanto al Espíritu. No os quedéis nunca más con nuestras cosas malas, por favor, sino que «mirad y abríos a todo y quedaos con lo bueno» (1 Ts 5:19).

¡! Ya no os puedo decir más claro que os necesitamos y que este servidor vuestro os quiere muchísimo y que con el corazón os dice esperanzado, para que en adelante lo oigáis si Dios quiere también del resto de mis hermanos más cercanos hasta el momento que, nosotros sin vosotros no somos ni seremos nada ni nadie, pero sabed también que este razonamiento es bidireccional. Por ello, deciros que tenemos mucho que aprender los unos de los otros. No soy nadie para ponerme como ejemplo, pero si aprendiésemos a hablar este lenguaje entre nosotros los cristianos, pronto seríamos un potentísimo e invencible Ejército del Señor de Tierra, Mar y Aire; Evangélicos, Ortodoxos y Católicos, para poder evangelizar ya al resto del mundo perdido y de aparente solución imposible. Yo sí creo en vosotros y en el resto de nuestros hermanos, sí, creo, tengo fe de que ahora vais a ayudarnos más que nunca, pero de verdad ¡! ¡! Se me cae la baba de pensar que muy pronto, muchos volveremos a pescar juntos, subidos en la misma Barca, siendo ya en esta ocasión cristianos auténticos, profetas del Señor a toda vela, henchidos por el Viento y dirigidos hacia el destino eterno, con el preciosísimo timón de la Verdad ¡!

 

Testimonio

 

 

 

GLORIFICAD A DIOS CON VUESTRAS VIDAS

Jesús Del Pino Marín

Suso +

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 
 
 
 
 
 

La Ciencia de Dios
Don del Espíritu Santo

 


¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello! (Mt. 23, 24)

Muchos buscan vida en otros lugares, pero no
terminan de ser conscientes de que el Universo en
su debido grado, también viene a ser otro ser vivo

 


Ellos también buscaron un Patrón Único, una pauta en el Universo que pudiese llegar a explicarlo todo

 

El cífrado más antiguo y a su vez
más novedoso de la creación
 

La Santa Cruz en el arco iris
 

El caos no es un caos, es un orden que hasta ahora no comprendíamos
 

El azar existe, pero no es la solución a todo, como erróneamente se cree.
 


Dimensión pedagógica y escatológica de este Misterio
en la creación de Dios

 

El hombre gris y el misterio
de la Cruz Orlada

Llega ya el día y la hora en el que el «monstruo» materia estallará con sus armas y se derrumbará ante la exacta verdad. ¡Cristo! - Ante su Santa «Cruz Orlada» y ante el bendecido amor. –Llega la hora del Sol!-

 


Nueva Generación de Adoradores Proféticos

hacia la plena manifestación de los hijos de Dios

combate escatológico

 

Misión de un apóstol de María

 

 
 
 
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«Lo que recibisteis gratis, dadlo gratis» (Mt 10: 8).