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La Santa Cruz como Modelo Matemático Universal
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Nº Asiento Registral 16/2013/8695
 
 
 
 

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Carta de presentación a las diócesis

 

PUREZA Y CASTIDAD

La ventana al conocimiento
 

Retrospectiva Antropológica en Clave para la Nueva Evangelización

 

Juntos en el Nombre de Jesús

 


Familia de los Sencillos

«Creyeron en Dios, y proclamaron ayuno y se vistieron de sayal desde el mayor hasta el menor de ellos» (Jon. 3,5).

 


Exhortación a la Unidad

Por el Triunfo del Inmaculado
Corazón de María

 

De nuevo otro David contra otro Goliath

Autoridades del orden que abusan de sus
poderes y subestiman nuestra dignidad

 

 

 

RETROSPECTIVA ANTROPOLÓGICA EN
CLAVE PARA LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

 

Esta breve exhortación ha sido enviada por correo ordinario a todas las Diócesis de nuestra Madre Patria España. También ha sido enviada entre otras personas a S.M Felipe VI, con el fin de mover nuestros corazones, concienciar y ayudar a discernir los momentos presentes. Esta exhortación, se convierte en un documento clave para la estabilidad de nuestra Madre Patria España, así como para el resto de los pueblos hermanos. Es por ello que animo a todos los cristianos y hombres de buena voluntad a difundir este mensaje como un regalo del cielo, para poder desagraviar a Dios por las tantas ofensas de la humanidad y poder darle gloria.

 

Para todos los cristianos y hombres de buena voluntad.

Jesús del Pino Marín (Suso+)

Alcalá de Henares (Madrid), diciembre 2015.

 

 

 

Este documento ha sido enviado adjunto por correo ordinario a los siguientes:

Carta a S.M Felipe VI

Carta a Mariló Montero (Presentadora de La Mañana en TVE 1)

Carta a a todos los obispos de las diócesis españolas.

 

 

 

Descarga de documento en PDF

Teniendo conocimientos básicos de la Escritura y más recientemente de la antropología cristiana, he llegado a tomar mayor consciencia de que será imposible comprender la verdadera historia de la humanidad, mientras que el hombre ignore o descarte la cultura y su contexto religioso, con el fin de poder comprender objetivamente la actualidad. Sin desviarme del contenido esencial de la materia, soy consciente de que la presente perspectiva personal puede ser tan atrevida como enriquecedora, ya que trataré de elevarme a un nivel más espiritual, para poder exponer desde este punto de vista el problema y en este, a su vez, la solución al mismo. Confío que al conocer la integridad de esta retrospectiva, se pueda comprender que el cateto, en verdad,  no es aquel que no tiene apenas cultura, sino que más bien es aquel que no sabe en el fondo que pinta en esta vida y desconoce a su vez a que ha sido llamado. Esta es una cuestión vital, ya que las consecuencias trascienden más allá de la última frontera de esta vida, que será la muerte.

No podemos adentrarnos en la antropología, sin antes exponer cual es el origen del mal. Se debe de partir que el resto del desarrollo que trataré de hacer a continuación,  está orientado y englobado a esta causa, que es la que generará un efecto en cadena en el suceder de los tiempos. La causa directa del mal, se debió a un engaño-desobediencia que fragmentó toda la naturaleza y esencia del hombre. Sabemos que  lo que conocemos como pecado original nos hirió con la muerte, el sufrimiento y la ignorancia. En efecto, aunque esto no lo fue todo, porque al perder la amistad original el hombre con Dios, hizo provocar en nosotros la pérdida de fortaleza, paz y verdadera seguridad, que es lo que hizo que la sombra del miedo nos llegase a cubrir.  Podemos conocer la primera experiencia de nuestro miedo desde los principios «Y llamó Dios, el Eterno, preguntándole: "¿donde estas?". Y respondió: he oído tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estoy desnudo; por eso, me escondí» (Gn 3, 9). Esta desnudez nos da a entender también que desde aquel momento, quedamos completamente vulnerables ante el medio, turbados, débiles e inseguros, muy inestables a pesar de las apariencias. Teniendo presente este miedo, podemos decir que, la causa y el origen de todo el trastorno humano se debe a su temor al sufrimiento y a la muerte. Mientras que el hombre siga teniendo miedo a la experiencia y a lo desconocido, no podrá conocer, por tanto, tampoco podrá amar. Esto tendrá en lo sucesivo efectos directos e indirectos sobre la madurez humana. El hombre en toda época ha demostrado ser religioso, lo que quiere decir que no nos cuesta creer en Dios. El problema se ha dado siempre cuando el hombre no quiere aceptar su remedio, que está en su Ley. Ya desde un principio, estas razones que hemos expuesto, han hecho zozobrar al hombre por medio de otros sucedáneos, que con mayor o menor consciencia se han convertido para nosotros en ídolos o sustitutos de Dios. Pensamos fácilmente en elementos externos como el becerro de oro, las creaturas que Dios ha hecho, los bienes terrenos, etc., aunque extrapolando la cita de san Pablo «los que aman a Dios, todo les aprovecha para bien» (Rm 8, 28), podemos decir entonces que sin Dios, nada nos aprovecha para bien. Por tanto la sabiduría, el conocimiento, la inteligencia, la razón, la ciencia, todo lo que podamos imaginar, podrán convertirse en otros ídolos más, si no hacemos lo posible para que Dios pueda reinar en nuestro corazón.

Hacemos necesariamente un salto sustancial en el tiempo, para marcar como referencia el año cero de nuestro calendario. Esta es una prueba indeleble de que Cristo es el Señor de la historia y del tiempo. Marcamos este espacio y momento con la Santa Cruz, porque teniendo ahora en cuenta cual ha sido la raíz del mal, debemos decir que es más importante predicar el mensaje y ejemplo de Cristo, cuando nos muestra aquí concretamente el sentido y significado del sufrimiento, iluminando a su vez el misterio de la muerte con su Resurrección. Por esta razón, considero que este mensaje ahora tiene mucho más importancia que el mismo Kerygma.

Conocemos por la historia que, durante los primeros dieciséis siglos del cristianismo, ha prevalecido el teocentrismo. Es vital hacer aquí un breve análisis, para comprender más adelante la causa del antropocentrismo y sus consecuencias. La vida de las personas en estos tiempos era muy sencilla y ruda en sus costumbres, por lo que gozaban de un contexto y ambiente muy  propicio, no muy diferente a los tiempos de la predicación de Cristo. El contexto y el ambiente fueron de ayuda, pero siempre nos ha ido acompañando el pecado con sus consecuencias. El distanciamiento de aquellos acontecimientos que cambiaron la historia de la humanidad con respecto a la primera venida del Redentor,  el relajamiento de costumbres y la falta de referencias, fue degradando el núcleo de la Iglesia. El orgullo y la doble moral que siempre ha acompañado a todos los hombres, fue en el siglo XVI lo que provocó un desenlace fatídico entre los cristianos, por tanto, en el mundo entero.  Desde este momento, podemos tomar mayor consciencia de que siempre han existido dos Iglesias; la del trigo y la de la cizaña. Si Cristo nos dice que, no arranquemos la cizaña, porque podríamos llevarnos el trigo (Mt 13, 30), está poniendo de manifiesto que, debemos de casarnos con las dos Iglesias, pero por su propio ejemplo en el Evangelio podemos decir que, esto no significa que no debamos de denunciar los errores, injusticias e incoherencias, pero con toda delicadeza, prudencia y humildad (Mt 18, 15-20). Ahora esto se hace estrictamente mucho más necesario, para poder purificarnos. En efecto, todos deberíamos de tomar el ejemplo de Lutero, pero siempre desde el seno de nuestra Santa Madre Iglesia, pues aunque nos podamos equivocar o hacer un mal inconscientemente, siempre será menor pecado que el hecho de no hacer nada. Por esta razón podemos decir que la autocrítica, partiendo siempre de uno mismo hacia las periferias, será para nosotros la mejor de las medicinas caseras.

Con la reforma protestante comienza el proceso de decadencia de la Iglesia, por tanto, también del mundo, ya que somos la sal de la tierra (Mt 5, 13). Es una cuestión que en realidad los católicos concretamente, no han sabido discernir bien sus efectos a corto, medio y largo plazo. Con esta y otras divisiones y fragmentaciones la Iglesia se ha debilitado, ya que esto supuso el anti-testimonio más grande de la historia, que fue toda una obra de ingeniería del Malo. Esta corrupción especialmente en la cabeza visible, junto con este anti-testimonio, hizo perder la confianza del hombre ad intra y ad extra de la Iglesia. La verdadera y genuina santidad de la Iglesia, es aquella que podría convertir al mundo, por ello se hace muy necesario el deber de volver a encontrarnos en la unidad. Estas razones antitéticas al Evangelio que hemos descrito a groso modo, hicieron que el hombre perdiera su confianza y esperanza en la Barca de Pedro. Como es obvio, al perder el amor a Dios y al prójimo, nos rendimos a los pies de nuestros verdaderos enemigos: carne, mundo y Demonio. Al no cumplirse estos primeros mandamientos que sostienen toda la Ley de Dios, se desmoronó por completo el Decálogo. Fue literalmente cuando el hombre dejó de mirar el cielo, para poner su mirada en sí mismo. Por esta razón, le seguirá la reforma protestante el absolutismo en el S.VXII, que ha sido la expresión de nuestro egoísmo más pronunciada de toda la historia. En el S.XVIII, después de experimentar la aversión de esta forma de poder, le seguirá la ilustración. Como ya hemos puesto en conocimiento, la razón sin Dios será otro ídolo más, pero debemos de añadir además que el estudio, fuera de la práctica de las virtudes de la pureza y la castidad, nunca han sido de verdadero provecho para el hombre. En el S. XIV, después del anterior hastío, surge el materialismo ateo, para terminar cosificando incluso al hombre, dando de esta manera origen a la razón instrumental. En este momento el hombre se emancipa más de su dimensión espiritual, se hipoteca con el mundo y la carne, por tanto, pierde su alma en vida. Este pensamiento de época, no deja de ser una religión politeísta que ronda alrededor de cualquier ídolo, de ahí su pensamiento de crear el paraíso en la tierra, que ha sido la causa de un mar de sangre. Finalmente en el S. XX, el mundo se vio en otro mar de sangre con los totalitarismos, otra forma de poder subyugada al pensamiento e ideas del hombre, en vez de ser un servicio a Dios y al bien entendido bien común valga la redundanciaque aunque nos cueste creer, estará fundamentado en no hacer lo que en el fondo se quiere, sino en hacer el mal que no se quiere (Rm 7, 19). Todos estos hechos desde la reforma protestante hasta el presente, han sido la carestía que hemos recibido por parte de Dios por nuestro anti-testimonio. Es por ello que, cuando tengamos la tentación de echar al mundo la culpa por cualquier cuestión de la realidad presente, podremos experimentar una cura de humildad, si mejor nos examinamos nosotros primero, es decir, los que ahora seguimos formando la Iglesia. Debemos de tener mayor consciencia que por causa de nuestra fe, tenemos mayor responsabilidad, por tanto, podemos esperar con razón que, se nos llegará exigir mucho, más que a otros que no gozaron de esta virtud teologal (Lc 12, 48).

Acabamos de exponer parte de la realidad en una primera capa, pero considero importante enriquecer algo más este proceso de degradación, que tuvo comienzo con la reforma  protestante. Fue esta la causa que detonó el proceso de secularización, que en un principio se pensó que era positiva, ya que establecía una separación entre Iglesia y Estado. Desde este momento, comenzó a desintegrar la sociedad el relativismo y el laicismo. El antropocentrismo siempre ha estado muy adherido a la sofistificación, creándose de esta manera sociedades con estructuras más complejas. Ciertamente podemos decir al respecto que, la modernidad no será mala en la medida que el hombre no termine perdiendo su identidad. En los lugares menos poblados, se daba más el fenómeno de la curiosidad, que en un principio es una causa que puede estimular nuestro deseo por conocer. Por otro lado, las grandes urbes que se iban consolidando, fueron cada vez más lugares donde gobernaban las distracciones-placeres, que es la causa mayor por la que el hombre se ha ido secularizando o diluyendo en el mundo, hasta derivar al presente secularismo. De esta manera el hombre da un paso al frente, para convertirse en un ser mucho más débil aún, por tanto, más manipulable. La seguridad de los hombres durante este proceso, estará puesta en su físico, su conocimiento y en los bienes materiales, que será más adelante la raíz del consumismo. La comodidad será la causa que motivará la pasividad en el hombre, que es lo que hará dar muerte a las virtudes; raíz que fue sustituyendo la cultura del saber estar, por la del bien estar. Podemos decir que lo que hemos definido a groso modo hasta el momento, es lo que ha sido el principio de nuestro suicidio moral. Todas estas realidades que pronuncian cada vez más el antropocentrismo, camuflarán una falsa paz, que es lo que podemos entender como la tregua que nos da el mundo, que es nuestro enemigo. Ha sido una falsa paz, porque sabemos que Cristo vino a traer espada (Mt 10, 34) y fuego (Lc 12, 49) que es su Palabra y Espíritu. En esta última capa que hemos descrito a groso modo, es la que envolverá todas las etapas, pero bajo diferentes caras, lo que conformarán las tres tentaciones de Cristo en el desierto; poder, riqueza y placer (Mr 1, 12-13; Lc 4,1-13).

Todo este sumatorio de causas que hemos expuesto, han debilitado tanto al hombre que ha ido perdiendo cada vez más su identidad. Teniendo en cuenta que la vida es milicia (Job 7, 1) y que estamos llamados a ser soldados de Cristo (2 Ti 2, 3), hemos ido perdiendo nuestra finalidad, perdiendo a su vez el sentido y el significado de esta vida. Esta ha sido la causa de la deriva al vacio interior, que es lo que ha ido haciendo más fuerte especialmente en el hombre del mundo esa sensación de soledad, encaminada hacia el individualismo. Si sabemos que nuestro Dios es Guerrero (Is 9, 5) y estamos hechos a su imagen y semejanza (Gn 1, 27), desgraciadamente el hombre ya no sabe reconocer su espíritu combativo, que es el espíritu de esfuerzo, entrega y sacrificio (vocación sacerdotal). De esta manera, el pecado opaca la conciencia del hombre que es lo que  impide que la luz pueda orientarle. Esta será la razón que haga pronunciar más en nuestra sociedad contemporánea el laicismo y relativismo. El laicismo será un fenómeno de odio y exclusión de Dios y todo lo que se relaciona con la religión. Este fenómeno se ha hecho cada vez más vivo por la carga histórica negativa de la Iglesia, que está directamente emparentada con ese mal del hombre de quedarse más con lo malo que con lo bueno, por intereses particulares y en gran parte por ignorancia. El relativismo será otro fenómeno muy ligado al laicismo, que banaliza y trivializa todas las realidades presentes y existenciales. Este fenómeno que iguala todo al interés particular, está fundamentado en el cáncer del «todo vale». La razón discurre por medio de patrones, pero es incapaz de valorar objetivamente, si no goza de una conciencia transparente. Así, cuando el fin interese consciente o inconscientemente hacerlo un medio, se relativizará; y cuando el medio interese consciente o inconscientemente hacerlo un fin, se absolutizará. Cierto es que existen realidades que debemos de aprender a relativizar (enfermedad, adversidad, etc.), pero debemos de reconocer que también existen realidades absolutas inmanentes (nuestro nombre y apellidos, fecha y lugar de nacimiento, vínculos personales, etc.), así como  transcendentes (el amor, la vida, la bondad, la belleza, el sufrimiento, la muerte, etc.). Este desarrollo en su conjunto, nos puede ayudar a comprender la causa de la crisis vocacional en el hombre, la cual ha ido siendo sustituida con el tiempo por el anhelo de los bienes materiales.

Debemos de ser conscientes de que en este periodo antropocéntrico, ha sido cuando más hemos hecho de las distracciones-placeres un revulsivo, con el fin de querer olvidarnos de la realidad, que es cruz y muerte. En esencia esta es la raíz del laicismo, que odia la religión, porque predica y anuncia constantemente esta realidad, que junto con el relativismo trata de disolver lo que es evidente. El hombre en su conjunto no ha comprendido aún que, para poder aceptar la realidad y evitar más evasivas, es necesario primero comprender, para después poder aceptar la penitencia, que es el remedio que trae consigo el propio pecado. No hay otro camino, pues el que quiera comprender necesitará poner en práctica el amor, pues sin caridad tampoco hay fe ni esperanza. Es necesario que el hombre vuelva a considerar el valor espiritual de los desiertos, para que pueda purificar sus deseos y aprenda a discernir los espejismos de esta vida (distracciones-placeres). Con esto no me refiero a que tengamos que cambiar de lugar físico, sino más bien aprender aceptar como los padres del desierto nuestro estado y condición, para poder conocernos y encontrar en esta «esterilidad» la Fuente que permite la vida interior (Jn 4, 5-42). Para poder escuchar la Voz de Dios, será muy necesario predicar la necesidad de los desiertos (Os 2, 14), para poder recogernos de las distracciones-placeres de este mundo, que son las que impiden al hombre una verdadera vida activa y contemplativa, que es una vida de provecho orientada a la salvación personal y la de aquellos que nos quedan más próximos.

Creemos que como fruto del laicismo y el relativismo surgió el liberalismo, pero la raíz de fondo no nace verdaderamente en estas corrientes, que tuvieron su origen en la corrupción de la Iglesia en aquel momento y nuestro anti-testimonio en la reforma protestante, sino que como hemos analizado, el mal radica más bien en nuestra debilidad humana. El liberalismo ha sido un mal latente en toda la historia de la humanidad, aunque es ahora cuando lo hemos sabido reconocer mejor. Este mal tiene una esencia verdaderamente maligna para el hombre, porque termina confundiendo su debilidad con su libertad. La cuestión es de extrema gravedad, porque cuando el hombre reivindica su libertad, sin ser plenamente consciente, levanta la bandera de sus debilidades (pornografía, prostitución, perversión, formas de expresión sin límites, etc.). Esta reivindicación no hace al hombre como cree más libre, sino que lo hace más débil. Esta ha sido la causa por la que en tiempos más remotos llegasen a caer otras civilizaciones. Esta realidad nos hace tomar mayor consciencia de que cuando no comprendemos la pureza original de un bien, será otra de las causas que corromperán al hombre. En este caso, cuando no se comprende la libertad como esencia de la verdad, dará lugar al desorden, que ha sido el precedente que nos ha derivado al presente caos.

Con respecto a la ideología de género, en el fondo, tampoco tiene su origen en el relativismo, la libertad individual o el subjetivismo. En verdad este será un problema muy de fondo que también tiene su origen en el libro del Génesis. El mal en este caso radica más bien en la guerra que siempre habido entre los dos sexos, tras culpabilizar el varón a la mujer del pecado original (Gn 3, 12) y del destierro del Paraíso (Gn 3, 23-24). Este mal choca de frente con la falta de humildad del hombre, el cual le cuesta reconocer su propia culpa. La humildad es la virtud que nos ayuda a comprender la realidad interior y exterior, pues cuando comprendemos nuestra culpa, Dios nos da su luz para poder madurar como personas y espiritualmente. La esencia de esta guerra de sexos, se debate fundamentalmente en la fortaleza entre el hombre y la mujer. El varón tiene su fuerza en el físico, pero no hemos sido capaces de reconocer solemnemente que la fuerza de la mujer está en su interior. En este aspecto, la Iglesia muy especialmente, es la que debería de reconocer y ser pedagoga de esta realidad. La prueba la tenemos de nuevo en el libro del Génesis, pues Satanás no tomó a la mujer al azar para tentarla, pues para él hubiese sido rebajarse si hubiese tentado al varón, porque sabía que la mujer era más fuerte. Por otro lado, la prueba definitiva esta en reconocer que después de la Santidad de Dios en el cielo, le sigue la santidad de una persona que es mujer. Tanto ha amado Dios a la mujer que hasta ha querido hacerla Madre suya. Si Dios ha preferido al hombre para el sacerdocio sacramental, no es porque Cristo fuese varón y/o por tradición, sino porque Dios capacita a los elegidos y prefiere no tomar a los capacitados. La mujer es más fuerte que el hombre por su capacidad de amar, que está directamente ligada al don de la maternidad. Finalmente se hace más patente en nuestros días esa violencia entre sexos, que en verdad esta gestada en una mala concepción de la sexualidad humana. Esta violencia se ha disparado en la medida que se ha despreciado y se ha dado de lado el hecho de guardarse de las relaciones prematrimoniales, junto con el matrimonio, que debe de crecer y educarse en la castidad siempre con apertura a la vida. El misterio de esta corriente ideológica queda a la luz, cuando comprendemos que el varón en su estado original fue creado para ser protector de la mujer y, ésta ser a su vez riqueza interior, su balsámico. La desgracia se hará patente al intervenir el pecado, que será cuando el varón muta y deja de ser protector, para ser agresor, convirtiéndose la mujer en su propio veneno. Esta realidad que nace de la guerra entre los dos sexos, terminará trascendiendo a todas las dimensiones sociales. Solo de esta forma podemos comprender mejor esa fuerte pérdida de identidad, tanto en el hombre como la mujer, tratando de redefinirse por sus propias ideas, pensamientos y sentimientos, rebelándose de esta manera contra la naturaleza y contra Dios. De esta manera el hombre queda reducido a una caricatura de lo que es la Santísima Trinidad, que es el Modelo original de la FAMILIA. Ahora podemos discernir mejor que, lejos de ser una herencia genética que no se descarta la Iglesia debería haber aceptado esta realidad, para haber evitado de esta forma un juicio fácil. No se trata de una enfermedad, pues estas personas, que para muchos de nosotros tienen nuestro cariño y respeto son especialmente sensibles. Por la experiencia de amigos que han superado este tránsito o prueba, se trata más bien de un déficit de madurez y personalidad que se puede superar. Es muy importante tener en cuenta que, no debemos de cambiar el mundo para ser aceptados, sino que más bien, primero debemos de aceptarnos nosotros mismos. Siendo servidor un varón, admito esta verdad sin complejo, afirmando además con ello que, si Dios no hubiese querido hacer esta compensación y hubiese gobernado la Iglesia la mujer, la Iglesia, sin duda, hubiese sido mucho mejor. En el fondo la mujer no es mi rival, porque personalmente la siento como abuela, madre, hermana, mujer, hija y nieta. Todo esto se hubiese mitigado en gran parte, si hubiésemos comprendido que no somos iguales ni diferentes, pues en nuestro reto por descubrirnos verdaderamente, cada persona tiene la riqueza de ser única e irrepetible.

Como podemos apreciar, la torre de Babel sigue estando fundamentada en el poder, la riqueza y el placer. La verdadera conversión en el hombre consistirá en derribar esta estructura de pecado en todas sus vertientes. Ante las presentes tentaciones existenciales, el hombre se hará verdadero hombre (Cristo), cuando consiga hacer del poder un dominio orientado al servicio (vocación regia), que es lo que conduce a la verdadera unidad y al reconocimiento entre las personas. Con la riqueza podremos optar por la santa pobreza o en poder ejercitar la justicia y la equidad. En el placer tendremos la necesidad de ejercitar la moderación, el recogimiento, la castidad y la pureza.

Aún estando tan debilitada la Iglesia, no ha perdido su vocación universal de ser luz (Mt 5, 14), pues durante el pontificado de san Juan Pablo II ha tomado consciencia de nuestra perdición, en la que cada vez somos más oprimidos. Nuestro Pontífice de feliz memoria, nos inspira acuñando la necesidad de una Nueva Evangelización, pero si somos capaces de discernir la presente exhortación, así como los Signos de los Tiempos, más bien estamos llamados en este momento a la plena manifestación de los hijos de Dios (Rm 8, 18-25). Por esta razón se hace preciso ahora más que en ningún momento de la historia comunicar sin reservas (2 Ti 4,2), tener conciencias rectas, para saber discernir y llamar a las cosas por su nombre. Se hace precisa más que nunca la verdadera práctica de la corrección fraterna, para confirmarnos cada día en la fe y ser instrumentos para reparar todo anti-testimonio, orientándonos de esta manera en la edificación del Cuerpo Místico de Cristo, que es su Iglesia, para ser auténticos samaritanos de la humanidad (Lc 10, 25-37). Debemos de tratar de ser conscientes de que el silencio es sagrado, pero también puede ser cómplice de nuestro pecado. Ha sido de esta manera como el hombre del mundo bajo la ingeniería del Malo, nos ha hecho creer que el bueno es el que siempre calla, pero nosotros estamos llamados a la santidad y no a esta mediocridad. De esta manera renunciaremos a la medida de los hombres, dando así una respuesta eficaz a la llamada del anuncio del Evangelio y la denuncia de todo género de error, injusticia e incoherencia (vocación profética), pero con toda delicadeza, prudencia y humildad (Mt 18, 15-20). Desde la jerarquía se precisa más que nunca predicar a Cristo sin glosa, que no trate de anular o disimular el compromiso que tenemos los fieles con respecto a Dios. Este Cristo sin glosa es aquel que nos muestra la radicalidad evangélica (raíz, origen), pues debemos de comprender que el Hijo fue enviado por el Padre a ser el Cordero manso y humilde (Mt 11, 29), pero a su vez, nunca dejó de ser el León de Judá (Amor + Justicia). Estos consejos necesitan llevarse a la práctica y se deben asumir particularmente. Sin duda son medidas que nos llevarán a experimentar un fuerte desprecio por parte del mundo, por tanto, debemos asumir la necesidad de exponernos a la persecución en un nivel personal. Hablo de necesidad y no posibilidad, porque en verdad esta respuesta por parte del mundo, es la que confirmará la verdadera autenticidad del cristiano. Por esta razón, es tan importante comprender la dimensión personal y universal de la salvación, para poder ponderar y aceptar el Evangelio hasta sus últimas consecuencias, que es en esencia dar lo que no es nuestro de todo aquello que Dios nos pueda pedir. Puede costarle al hombre que está más adherido al mundo comprender que, es en este Camino donde hallaremos la verdadera paz, pues en la prueba se aprende a sufrir pacientemente. Seguir este consejo no solo servirá para  sembrar de nuevo en nosotros el Santo Temor de Dios, sino que esta semilla será fértil, para producir en su momento mucho fruto a nuestro alrededor (Jn 12, 24). 

Se precisa que esta exhortación general sea bien acogida desde la jerarquía eclesial para extirpar de su seno, en primer lugar, las costumbres del mundo, como la politización del cuerpo eclesial, las actividades económicas, la ciencia del hombre, etc. Cierto es que se hace necesario más en estos momentos la descentralización, tal como lo aconseja nuestro Papa Francisco (Vaticano. 50ª aniversario del Sínodo de los Obispos. 17-10-2015), para poder actuar cada cual en conciencia, según la responsabilidad que exige el momento. Hay que romper esa falsa democracia, que con el pretexto de la prudencia se enmascara detrás el miedo. Ante la guerra declarada por nuestros enemigos, solo nos queda el amparo de la santa rebeldía, que será la parresia necesaria para que la humanidad retorne a la sensatez (Santo Temor de Dios). En el fondo, la jerarquía de la Iglesia sabe reconocer los tiempos que vivimos, aunque se conforma con anunciar que debemos de discernir los Signos de los Tiempos, pero ¿Quién mejor que ellos con sus carreras, para enseñar al hombre a discernir? La falta de valor ha hecho disimular una realidad patente, con la que se corre el riesgo de perder muchas almas «En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo» (1 Jn 4,18). Es preciso que la jerarquía especialmente sepa anunciar, que nos encontramos en ese lapso temporal anunciado en las Escrituras, que conocemos como el Fin de los Tiempos. De la responsabilidad de la jerarquía dependerá sacrificarse, para reconocer un error en el futuro (si lo hubiese) o en su defecto, asumir en el Juicio la responsabilidad de una enorme pérdida de almas. Anunciar desde el seno de la Iglesia esta realidad, será vital para poder estimular la conciencia global. La jerarquía prefiere esconderse en esta falsa prudencia, porque en el fondo sabe que esta sería la causa de nuestra mayor persecución, aunque todos debemos de concienciarnos que, la verdadera, gloriosa y fecunda Iglesia, siempre ha sido la  perseguida (Lc 21, 12-19). Debemos de saber que este anuncio en cualquier momento será inminente, lo que nos debería hacer conscientes de que, cuanto más se demore, más almas se condenarán en el averno, incluyendo aquellas almas que tuvieron mayor responsabilidad en esta pérdida irrecuperable.

Para ir concluyendo, considero necesario aclarar algunas cuestiones que podrían resultar clave. En primer lugar debemos de tomar verdadera consciencia de que la felicidad, así como la paz, nunca han existido en este mundo, pudiendo en todo caso ser dichosos, bienaventurados (Mt 5, 3-12), etc. La felicidad siempre ha sido un camelo del Malo, para distraer al hombre de su destino (inocencia, santidad), pues en verdad en esta vida la miel es hiel y la hiel en gracia de Dios, es la que  termina siendo miel. Además, la «felicidad» en estos tiempos, ha sido mucho más un objeto de negocio para el mundo, generando una gran industria y con ello una enorme estructura de pecado. Este cáncer se instaló también en nuestra Iglesia, transmitiendo el Evangelio con este camelo. Si todo es corruptible en esta vida y no tenemos la verdadera paz de Dios fundamentada en gozar de su compañía, presencia y oración, no habrá nunca plenitud en las personas. El hombre de Dios tampoco puede pensar en el disfrute, porque en verdad, el disfrute hará prolongar nuestra agonía en esta vida, pues estamos llamados a la perfecta negación y desprendimiento (Lc 9, 23), para poder saber tomar nuestra cruz. Debemos de concienciarnos que el hombre de Dios es el que sabe elegir y aceptar los caminos más tortuosos, pues los caminos fáciles y/o todas esas transacciones inmediatas (felicidad) nos harán más débiles y será aquello que nos conduzca a la corrupción. El espíritu nos pide ejercicio y la carne el atajo.  En la Iglesia no encontramos la felicidad, ni mucho menos en otro lugar, pero tenemos los instrumentos para mitigar la realidad, que es cruz y muerte. Con los sacramentos recobramos las fuerzas necesarias, especialmente en la Eucaristía (comunión y adoración); la Palabra viene a ser el pan de nuestra cultura, tan necesaria para cultivar nuestra esencia; así como una bimilenaria Tradición y Magisterio que nos aporta una seguridad, un fundamento sólido, etc.  Esto no quiere decir que nos haga mejores como personas aunque algunos dentro o fuera lo puedan pensar sino que en la medida de nuestras posibilidades y circunstancias, al menos, si que procuramos serlo, porque el ejemplo que viene de la buena voluntad aún en el error y haciendo un mal inconsciente siempre será una obra de caridad.

Tengo la necesidad y el deber de comprometerme aún más, para no dejar huérfanos a mis hermanos de estrategia, para comprender mejor nuestra misión, porque después de esta densa exhortación con enmienda adjunta, podemos creer que todo tiene una difícil solución. La estrategia en estos momentos de la historia, con todos los frentes que tenemos abiertos puede desmoralizar, por ello es necesario centrarse todo lo posible en un objetivo. Se trata de que cada uno ofrezca al Señor de todo corazón sus cinco panes y dos peces (Jn 6, 5-11), porque Él hará de lo posible lo imposible. Si observamos, esta situación compleja, ha frustrado y llevado más a la impotencia al hombre de poca fe, porque el hombre ha dado mucho poder al Malo por medio del aborto. Recordemos que el hombre también es templo del Espíritu y en la mujer se da una doble sacralidad, que está en su conciencia y en su seno materno. Cuando permitimos un aborto, también estamos profanando y haciendo un sacrilegio a Dios. El aborto es el acto que da poder al mal en la misa negra, por tanto, un abortorio en un país es el mayor altar a Satanás. Debemos de tomar consciencia de que nuestros enemigos no son los hombres, que en cierta manera se hacen instrumentos del Malo, bajo un grado concreto de posesión, porque el mayor objetivo del mal es procurar su retroalimentación. Los cristianos y todos los hombres de buena voluntad, estamos llamados a romper este bucle maligno predicando la Vida, pero más que con las palabras, ofreciendo nuestro cuerpo y sangre por todas las personas débiles e inocentes, siendo el niño no nacido su mayor expresión. Cuando tengamos el valor de querer dar verdaderamente la vida por estas personas, siguiendo el ejemplo de Cristo, nuestra palabra se «transubstanciará» en la Palabra, para poder iluminar consciencias y encender los corazones. Solo de esta manera el cristiano podrá recuperar su verdadero celo, para vivir con pasión la alegría del Evangelio. No debemos desanimarnos porque seamos unos «pocos», pues la victoria nunca ha dependido de eso, sino de la Autenticidad, que no nació para los honores y éxitos, sino para ser Víctima de expiación.  Sabemos que el Pueblo de Dios, nuestros hermanos mayores, se crecían ante la adversidad y en sus batallas ante otros pueblos mucho más numerosos, cantaban victoria (Ex 1, 2), porque eran fortalecidos por Dios, gozando a su vez de una fortísima inspiración en la batalla, pues el Altísimo, Dios de los Ejércitos, salía a pelear por ellos (Dt 3, 22). La jerarquía cree que la feligresía y el hombre del mundo no está preparado, por su falta de formación, pero en verdad nuestro activismo siempre ha estado fundamentado en el ejemplo (Pe 5, 4), en ser modelos del rebaño. No es preciso saber mucho, sino más bien amar mucho, pues hemos tomado la indirecta por parte de Dios en la historia, cuando ha hecho de muchos ignorantes Doctores de la Iglesia. Necesitamos ejemplos para que el Pneuma sople, para que de esta manera pueda inspirar a otros. Ejemplos de personas vivas, con ganas de superarse cada día, que no les venzan los términos medios. Ejemplos de personas abiertas a la gracia y a los dones de Dios, que no tengan miedo a ser probados, para que de esta manera puedan dilatar sus corazones. Ejemplos de hombres locos, de los que se comprometen a fondo, de los que se olvidan de sí mismos, que amen con algo más que palabras, de los que entregan su vida de verdad y hasta el fin, chiflados, apasionados. Hombres capaces de dar un salto hacia la inseguridad, que no utilicen la superioridad en su provecho, enamorados de una vida sencilla, puros de conciencia, resueltos a nunca traicionar, capaces de aceptar cualquier tarea, libres y obedientes, espontáneos y tenaces, bravíos para el mundo y silvestres, dulces y fuertes. Hombres que no sean mercenarios y/o chantajistas de los dones y gracias de Dios, con anhelo y propósito firme de resacarse brillo, dispuestos a sacar siempre bien del mal. Ejemplos de hombres íntegros, que renuncien a los retales de esta vida, templados en la fragua del Amor, hechos de una pieza. Hombres de provecho que quieran reconstruir las ruinas antiguas y reforzar los cimientos antiguos, llamados a ser: «“Reparadores de muros caídos”, “Reconstructores de casas en ruinas”» (Is 58, 1-12).

 Cristo no solo asumió el pecado de la humanidad, sino que además hizo suyo el sufrimiento, la muerte y la ignorancia en su último momento (Dios mío, porqué me has abandonado Mt 27,46 ; Mc 15,34). De esta manera, los que colaboran en su causa, encontramos alegría en nuestro padecimiento (Jn 15, 11; Jn 16, 22), vida en la muerte (Fl 1, 21) y la fuente del saber en la ignorancia. Ciñámonos con las armas de la luz todos aquellos hombres de buena voluntad, con verdadera alegría cristiana, porque Dios nunca abandona a quienes lo aman y siempre tiene paciencia con aquellos que le buscan con sincero corazón.

Ànimo, ánima, ànimo, si tu voz se perdió, volverás a ser tú.
¡¡¡ MARANA THA  !!!

 

Sta. María, Capitana de los Ejércitos del Altísimo !!
Ruega por nosotros.

Arcángeles y todas las Potencias Celestes !!
Asistidnos en nuestra Última Batalla.

 

 

 

Mensaje por e-mail a todos los obispos españoles 15 días antes de las elecciones de 2015

5/12/2015

Asunto: Para aquellos desamparados que no saben discernir su voto.

Mons. José. Ignacio Munilla.

Para aquellos que se sienten desamparados, cuando ciertas instituciones con autoridad moral se reservan el derecho a “guardar silencio” (Mt 27, 24) y que son perros mudos incapaces de ladrar (Is 56, 10) .

Para que muchos sepan con claridad discernir su voto. En blanco, para lavarnos las conciencias ante Dios y porque nuestros antepasados derramaron su sangre, para conseguir este derecho que debemos de seguir haciendo uso.

www.matematicasmisticas.com

Atte: Jesús del Pino Marín (Suso+)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 
 
 
 
 
 

La Ciencia de Dios
Don del Espíritu Santo

 


¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello! (Mt. 23, 24)

Muchos buscan vida en otros lugares, pero no
terminan de ser conscientes de que el Universo en
su debido grado, también viene a ser otro ser vivo

 


Ellos también buscaron un Patrón Único, una pauta en el Universo que pudiese llegar a explicarlo todo

 

El cífrado más antiguo y a su vez
más novedoso de la creación
 

La Santa Cruz en el arco iris
 

El caos no es un caos, es un orden que hasta ahora no comprendíamos
 

El azar existe, pero no es la solución a todo, como erróneamente se cree.
 


Dimensión pedagógica y escatológica de este Misterio
en la creación de Dios

 

El hombre gris y el misterio
de la Cruz Orlada

Llega ya el día y la hora en el que el «monstruo» materia estallará con sus armas y se derrumbará ante la exacta verdad. ¡Cristo! - Ante su Santa «Cruz Orlada» y ante el bendecido amor. –Llega la hora del Sol!-

 


Nueva Generación de Adoradores Proféticos

hacia la plena manifestación de los hijos de Dios

combate escatológico

 

Misión de un apóstol de María

 

 
 
 
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