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La Santa Cruz como Modelo Matemático Universal
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Nº Asiento Registral 16/2013/8695
 
 
 
 

El Lábaro de los Últimos Tiempos
 


Una invitación al ejercicio profético
 

Charlas y Conferencias
 

Entrevistas
 

Nuestra labor misionera
 

Tu oración y lo que puedas aportar
 

Referencias (colaboradores)
 

Acerca de esta pobre pluma, que tiene la gracia inmerecida de poder escribir aquí
 


S.O.S Hermano Protestante
Llamada a todos los Hermanos lejanos

 


Carta de presentación a las diócesis

 

PUREZA Y CASTIDAD

La ventana al conocimiento
 

Retrospectiva Antropológica en Clave para la Nueva Evangelización

 

Juntos en el Nombre de Jesús

 


Familia de los Sencillos

«Creyeron en Dios, y proclamaron ayuno y se vistieron de sayal desde el mayor hasta el menor de ellos» (Jon. 3,5).

 


Exhortación a la Unidad

Por el Triunfo del Inmaculado
Corazón de María

 

De nuevo otro David contra otro Goliath

Autoridades del orden que abusan de sus
poderes y subestiman nuestra dignidad

 

 

Taller de humildad

 

 

 

 

Te preguntarás... ¿Quién es éste para impartir un taller de humildad?

Pues soy desgraciadamente un pobre orgulloso, pero un orgulloso que parte en un principio de este reconocimiento personal de sí mismo y, es que sólo desde aquí es donde podemos comenzar a caminar por el camino de la humildad. El camino de la humildad no es precisamente para aquellos que ya son humildes, por tanto, recomiendo que éstos se abstengan de esta lectura, pues más bien esta lectura breve está dirigida a todos aquellos que saben reconocer su orgullo cada día. Sólo de esta manera podemos tratar de ser un poco más humildes.

Este sencillo taller fue compartido primeramente en un evento en la red social y gracias a Dios tuvo muy buenos resultados. Por ello, gracias a la maravillosa colaboración de Blanca, puedo compartirlo ahora contigo también en formato PDF.

Con mucho cariño, espero que te guste.

 

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No. 1

Ciertamente, el hombre conoció la Luna porque en su pobre
existencia de muchas maneras es consciente que posee un interior infranqueable. Pocos saben que el viaje más largo que puede hacer el hombre en toda su vida apenas mide un palmo; es el viaje de la mente al corazón. El hombre, en ocasiones sabe reconocer sus
limitaciones, por ello, para estudiar aquellos lugares remotos de nuestro sistema solar se vale de las sondas, que son artefactos semejantes a los satélites. La pena es que pocos hombres saben que para conocer nuestro interior, para poder comprender y para obtener todas aquellas respuestas existenciales, debemos de valernos igualmente de sondas. Esta sonda que debe de viajar siempre en nuestro interior, que estudia con verdad y precisión es la sonda de la humildad.

 

 

No. 2

Tantos y tantos hombres preocupados por su línea, sin ser conscientes de su obesidad en muchas ocasiones mórbida de su alma. Esa grosura espiritual es la que verdaderamente necesita atención. Quizá no podemos despreciar los métodos dietéticos que existen para el alma fuera de la Iglesia Católica, pero resulta más prudente buscar la ayuda de la verdadera tradición, donde uno conoce por la estela que dejaron los santos que la oración y los sacramentos son los remedios para estar esbeltos. Es una lástima no poder ver con nuestros ojos este sobrepeso, por ello no merece la pena buscar dietas que nos hagan creer que son más efectivas y menos costosas. Seamos serios y prudentes y no nos dejemos engañar por nadie porque esto no es nada trivial, sino que es sumamente vital.

 

 

No. 3

 

Estamos cansados de escuchar, mucho más dentro de los que formamos parte de la Santa Iglesia, que por estar dentro no somos personas orgullosas. Craso error hermano mío, pues en primer lugar, si nosotros con más razón no reconocemos nuestro orgullo, no esperemos que los que están fuera de la Iglesia lo puedan llegar a reconocer, porque precisamente de esta manera nadie les da ejemplo. El problema mayor del orgullo es que prácticamente nadie tiene la humildad de reconocerlo, es por ello que aquellos que no son capaces de reconocer su orgullo, orgullosos son. Nadie es inmune al orgullo, pues el primer medicamento necesario para curarlo cada día es reconocerlo para poder poner remedio.

 

 

No. 4




El hombre para poder vaciarse del mundo, tiene que vaciarse primero de su orgullo, porque el orgullo impide que el Señor entre en nuestra vasija. A la vez es necesario que Dios que viene a ser la humildad infinita penetre en nuestro interior para que el orgullo pueda salir de nosotros. El Señor debe de ser en nuestro interior una corriente que impida que el orgullo se adhiera a nosotros. Dios es el Agua que nos purifica y todos debemos de aceptar y ayudar a aceptar a los demás que la Santa Iglesia es el caño donde esta fluye. Dios quiso que el hombre bebiese del caño para limpiar el recipiente, que somos nosotros. Nosotros no debemos de coger el agua de los abrevaderos o de los charcos, sino de donde Dios quiso en su momento.

 

 

No. 5


Cuando nos dejamos llevar por los hilos del orgullo, muchos tenemos la sensación y certeza de haber hecho una locura, un disparate. Es así cuando con madurez, tratamos de dar alguna solución, pero sabemos que no podemos darla como nos gustaría, es decir, como si no hubiese ocurrido nada. Es aquí donde debemos de mirar con detenimiento, donde debemos observar con humildad que somos manejados por los hilos del demonio. Estos hilos forman parte de nuestro orgullo, que él maneja muy a su gusto para hacernos siempre la puñeta. ¿Cómo cortarlos? Pues para cada persona existe su método, lo importante es que debemos de tener muy en cuenta esto.

 

 

No.6

Aquí vemos dos personas que en verdad es una sola, cuando existe una lucha entre el orgullo y la humildad. Cuando por lo común la humildad no lucha, se ve debajo de la suela del orgullo. Debemos de ser francos, solo tenemos que quitar todas las capas de nuestra alma para poder ver esta lucha en nuestro interior. El orgullo puede vencerse todos los días, pero nunca muere. Si la humildad vence al orgullo en esta vida, en la venidera tendremos un descanso eterno. La espada es la Palabra de Dios, la armadura los dones del Espíritu, el escudo todas las virtudes excepto la caridad, que es el alimento espiritual para todo hombre de Dios.

 

 

 

No.7

Los hombres de la antigüedad, dentro de su sencillez buscaban como todo hombre en su sana razón la verdad, el principio y la causa de todas las cosas que el hombre puede llegar a conocer. La sabiduría más sublime no se encuentra en los libros, sino en las personas. Es un error dedicar todo el tiempo al conocimiento y no estar cerca de las personas. Es la caridad la que nos conduce a esta sabiduría, que nos ayuda a conocernos a nosotros mismos. Lástima que el hombre de hoy duerma entre las páginas de los libros, con cuestiones complejas que hacen que dejemos de vivir en sencillez, que es sinónimo de sabiduría, provocando de esta manera que dejemos de saber diferenciar lo que es el grano y lo que es la paja.

 

 

 

No. 8

Vivimos en la era de los medicamentos, todo lo queremos en sobres y comprimidos como podría ser en nuestro anhelo e incluso con el conocimiento. Todas las cosas que en esta vida nos traen un beneficio vienen con un prospecto con una larga lista de contraindicaciones y observaciones. No podemos seguir pensando que tomando de continuo el comprimido del conocimiento sea todo un beneficio. Las medicinas se toman cuando se necesitan y los libros también. No debemos de ser ignorantes, pero tampoco debemos de intoxicarnos con papeles y libros, debiendo de encontrar siempre un equilibrio que solo la humildad nos ayuda a encontrar, es decir, es querer llegar a alcanzar hasta donde uno sabe que puede.

 

 

 

No. 9

Muchos hombres se pasean por el mundo siendo librerías con piernas. Pocos son conscientes de que le resulta más complicado hacer frente a su orgullo que vivir de esta manera. Prácticamente a todos les encanta lucir su orgullo e incluso con disfraces de humildad. Muchos son sus conocimientos, pero pocos han tratado de poner orden en sus mentes, dar prioridades a sus conocimientos y acciones, que viene a ser el motivo principal que hace al hombre necio. Estas personas ofrecen sus conocimientos en libros que terminan complicando a los demás. En la mayoría de las ocasiones, solo se entienden -a veces- entre personas de su gremio (científicos, teólogos, filósofos, etc).

 

 

 

No. 10

Cuantos hombres hemos podido conocer e incluso para nuestra necedad, también alabar, pensado que eran personas muy sabias. Cuanto bien nos haría concienciarnos que debemos de leer poco, pero bien. Saborear un buen libro, haciendo de él varias veces lecturas si creemos en verdad que es bueno, pero caemos en el error de leer libros de forma mecánica, como si se tratase de una cadena industrial. Se dice que «era un hombre que su sabiduría era tan grande que incluso le impedía ver su propia ignorancia», si, porque su orgullo le hacía ver que era más sabio de lo que verdaderamente es, por ello «su gran sabiduría» le impedía ver su propia ignorancia. Esto a una persona humilde no le hubiese pasado, porque siempre suelen ver con nitidez su pequeñez.

 

 

 

No. 11

Cuantas veces en nuestra vida, algunos amigos nos han dicho que debemos de valorar las cosas pequeñas. Esta viene a ser la equis de la regla de tres que el hombre debe despejar en su vida, la equis que viene a dar como resultado la humildad, que nos va a permitir dar de lado nuestro orgullo, para poder disfrutar la vida como se debe. Ahora ya sabemos el motivo que nos impide en la vida poder ver las cosas que en sí contienen todo deleite. Debemos de esforzarnos para deshacernos de nuestro orgullo, que además, para colmo, hace que los sufrimientos de la vida sean muchísimo más pesados.

 

 

 

No. 12

No hemos sido conscientes hasta el momento, pero entre nosotros siempre ha existido un bulo. Este bulo propagado también por el enemigo ha consistido en hacernos creer que un hombre sabio es aquel que tiene muchas experiencias y conocimientos. Esto es falso, pues el verdadero hombre sabio es aquel que se desprende cada día de su orgullo, es aquel que tiene su orgullo a raya. Debemos de despertar de nuestra somnolencia, ser conscientes de que tanto la ignorancia como el conocimiento sin el Espíritu, vienen a ser el mismo anestésico. A muchos esta afirmación les puede impactar, pero por ejemplo, tanto el frío como el calor extremo hacen en ambos casos una quemadura, es decir que tanto la ignorancia como el conocimiento sin el Espíritu queman.

 

 

 

No. 13

Todas las cosas grandes que encuentra el hombre en el mundo, vienen a ser todas pasajeras, depreciándose su valor con el tiempo. Con las cosas pequeñas pasa al revés, se empieza teniéndolas poca estima y si tenemos puesto nuestro corazón en ellas se hacen grandes cada día en nuestro interior. Cuando uno comienza a padecer una enfermedad o un estado transitorio del alma como puede ser una depresión, la opción de aprender a valorar las cosas pequeñas en esos momentos viene a ser algo crítico. Es precisamente el valor espiritual de la enfermedad o el sufrimiento la ayuda necesaria de fuerza mayor que tiene el hombre para poder rebajar nuestro orgullo. El que se esfuerza verdaderamente en tener a raya a su orgullo todos los días, puede decir en verdad a pesar de que para los oídos del mundo serían palabras estridentes para sus oídos ¡!bendita sea la enfermedad y bendito sea el sufrimiento!!

 

 

 

No. 14






Este es el resultado de nuestro orgullo, una ceguera interior que nos impide conocer la verdad en todos los aspectos, tanto en nuestro interior como todo aquello que nos rodea. Esto quiere decir que aunque sepamos nuestro nombre, en verdad, por no saber, desgraciadamente no sabemos tampoco ni quiénes somos, por ello, lo que queda fuera de nosotros apenas nos suele importar, porque somos incapaces de aprender a contemplar otras cosas que no seamos nosotros mismos. Parece curioso, pero el orgullo es algo que ciertamente nos hace vivir como en un anonimato paradójicamente de nosotros mismos, porque es un verse a sí mismo, pero a oscuras.

 

 

 

No. 15




Ciertamente, cuando se golpea al orgullo con el martillo de la oración y los sacramentos no importa como pueda ser el clavo de desmesurado. Estas suelen ser ocasiones muy frecuentes en la que los hombres se suelen desanimar, reduciendo así nuestra oración, además del fervor con que se deben de recibir los sacramentos. Nadie debe de desanimarse, pues solo aquel que persevera podrá ver que su clavo, con el tiempo se hunde con nuestra perseverancia.

 

 

 

No. 16



El orgullo impide que seamos dichosos y bienaventurados, no dejándonos prepararnos para un encuentro definitivo con Dios. En este viaje que hacemos «con nuestro vehículo», con nuestro ser, encontraremos siempre al orgullo como otro vehículo, pero en contrasentido. Todos somos conductores y sin saberlo a su vez camicaces, por ello debemos de extremar nuestra prudencia, procurar siempre la humildad para no accidentarnos, pudiendo perder e incluso en el último de los casos nuestra propia alma.

 

 

 

No.17

Muchas personas pueden confundir a una persona apasionada por Cristo, por un enfermo mental. En esta vida, si no se vive con locura el amor, no solo resulta ser muy aburrida pues e incluso será más dolorosa, porque de no ser así, se hace muy complicado comprender el sentido de la vida. ¿Cómo volverse loco? Pues una persona se vuelve loca simplemente cuando deja de lado su tibieza. El resto de las locuras deben de ser tratadas, la pena es que la gente no es muy consciente de que el mundo viene a ser un gran psiquiátrico ya que en nuestro caso que nos ocupa, el poder sin humildad al igual que el sexo y el dinero, conducen al hombre a tener una mente enferma.

 

 

 

No. 18

 

 

 

No.19

Ciertamente Dios permite el mal, pero este mal es solamente como un arroyo, pues el caudal lo hacemos más bien nosotros los hombres. Para sorpresa de muchos, este mal es risorio, pero nuestro orgullo y sus efectos secundarios hacen de este arroyo un gran rio, un torrente peligroso, un lago e incluso hasta un mar, que viene a ser el último destino de los orgullosos, el mar de la ruina, donde uno puede desembocar sin esperanza de poder retornar ni rectificar. Debemos dejarnos pescar por el Evangelio sin tener miedo a lo que muchos interpretan como «comer el coco».

 

 

 

No.20

Una de las facetas más peligrosas del orgullo es la de moldear su propia justicia, dando lugar a todo género de injusticia, desde el aborto a cualquier cuestión que se le pueda dar forma a placer de uno mismo. A este extremo ciego empuja el orgullo, para ver las cosas como a nosotros nos da la gana, como se suele decir en la jerga social. Desde este punto de vista, este mal del hombre nos va haciendo en esta vida artesanos de injusticia e iniquidad, haciendo así nuestros moldes y el de los demás a la medida propia de cada uno. Este artesano, por norma, desprecia a la ley excusándose de que esta le quita o le resta libertad, una libertad que solo sabe escribir, pero que aún no la ha sabido disfrutar, porque todo aquel que gusta de libertad, ama a la ley y el que ama a la ley por el contrario, se hace humilde. Por ello se puede decir que si la verdad nos hace libres, la libertad nos preserva en la humildad.

 

 

 

No . 21

La humildad es una luz propia que nos sirve para transitar por esta vida, ayudándonos a tener despiertos nuestros sentidos del alma. Bien sabemos que el demonio se puede disfrazar de castidad, así como se puede disfrazar de pobreza, pero el demonio nunca jamás se puede disfrazar de humildad de obediencia. Aquí está la clave en gran parte para poder discernir espíritus. Cuando una persona es más humilde es tentada con más frecuencia, pero esta tentación el enemigo la hace lo más lejos posible, tal cual fuese un elemento químico peligroso, porque para él la práctica de la humildad es corrosiva.

 

 

 

No. 22

Muchas personas son las que lloran, pero esas lágrimas que se desprenden para Dios no son purificadoras. En la mayoría de los casos, estos llantos solamente riegan el orgullo propio. Regar al orgullo con lágrimas no solamente es letal para nosotros, sino para los que nos rodean. Pueden parecer lágrimas inocentes, pero en verdad son lágrimas que a los hombres los llevan a un futuro difícil, que los conduce poco a poco a la perdición definitiva de sus almas. Estas lágrimas son en gran parte las que se depositan en nuestra alma a modo de las capas de una cebolla, haciendo con el tiempo del hombre algo tan insensible como una roca.

 

 

 

No. 23

Muchos son aquellos cristianos que ignoran que para elevarse a un piso superior se tiene necesidad de una escalera, con sus correspondientes peldaños. Tampoco son capaces de reconocer que estos peldaños hacen una unidad, al menos aparentemente, pues la práctica desgraciadamente es otra cosa. Aún así, todo aquel que comprende esta necesidad para poder hacer una correcta ascesis, en primer lugar se puede beneficiar para poder practicar la humildad. No debemos interpretar que cada peldaño se corresponda a su nivel en el Reino de Dios, es más bien la forma de ascender esta escalera, para cualquier persona que se ejercite en la humildad.

 

 

 

No. 24

Si el orgullo es la causa de prácticamente todos los males, para el alma tiene muchísimas consecuencias. El orgullo es como la mala circulación de nuestra sangre que es la vida del cuerpo. Todos aquellos que descuidan la sana doctrina de Cristo, son propensos al infarto que en este caso vendría a ser la envidia. Nuestro orgullo cada vez es más espeso con el peligro de obstrucción circulatoria. Cada vez que el hombre tiene sentimientos de envidia, termina padeciendo desgraciadamente este infarto espiritual.

 

 

 

No. 25

El hombre puede comprender mejor cuando puede palpar mejor las dimensiones de las cosas. Si el hombre no tiene la capacidad o la manera de medir algo, puede interpretarlo como que no existe, que es lo que parece más lógico. Muchos hombres desconocen que el útil de medida para poder reconocer nuestros defectos es el calibre de la humildad. Si no hacemos uso de este calibre, tampoco llegaremos a poder medir con certeza y precisión nuestras virtudes.

 

 

 

No. 26





La mayor ignorancia del hombre se nutre del orgullo, que es su raíz más profunda. El orgullo no necesita ningún libro porque él ya lo sabe todo, no tiene necesidad de aprender. Todo conocimiento le estorba, porque lo que guarda en su interior le es más preciado. Este tesoro codiciado, es su propio yo. De esta ignorancia ciega del orgullo, viene a ser alimento para seguir siendo más ignorante.

 

 

 

No. 27

No existe nada peor para el orgullo que no practicar el perdón. El hombre que no perdona se descompone, padeciendo paulatinamente una corrosión interior. Esta capa que el hombre orgulloso se va creando poco a poco, viene a ser la capa más dura de todas. El hombre orgulloso se pone siempre al nivel del mal para dar peores respuestas. Es en este momento cuando el aceite de la gracia de Dios nos puede lubricar nuestro interior, o de lo contrario viene a ser cuando comenzamos a oxidarnos desde dentro para fuera.

 

 

 

No. 28

Lo que no pueden hacer nuestros razonamientos, por gracia o desgracia, según desde donde se quiera mirar para comprender, tenemos la esperanza de que el orgullo se vea abierto por la propia vida, por las circunstancias. Por el bien de los muy orgullosos, esto es lo mejor que les puede pasar y con ello, no expreso un deseo de que padezcan un mal, solo debemos de esperar en Dios, que es la Vida, que es el que nos pone a cada uno en su lugar. Quizá ese gozne que llame a la puerta será el dolor, la soledad, la desesperanza, el vacío interior, la inseguridad, nuestros miedos, el frío del alma, la posibilidad verdadera de verse uno tal cual es o quizá no se lleguen a necesitar nada de esto para saber ubicarse en esta vida, porque simplemente se recapacite a tiempo y uno abra su puerta a Dios y a los demás. Esperemos en el Señor, recemos por estas personas que necesitan que Alguien tire abajo la vieja y enmohecida puerta de su alma.

 

 

 

No. 29

A caso hemos pensado con pausa: ¿De qué me sirve la inteligencia si no gozo de un mínimo de humildad? Así es, hay gente muy inteligente, con un gran potencial, pero desaprovechado. Pasa lo mismo con la consciencia, pues si esta ventana no es abierta, ¿de qué nos sirve la inteligencia? Por ello, la humildad es la pierna respectiva a la pierna de la inteligencia. Esta es una forma de expresar que la inteligencia sin la humildad queda coja y la mayoría de las ocasiones, sin humildad, ya la pierna que nos queda la vida nos la amputa, quedando así nuestro interior, nuestro espíritu, para toda la vida con paraplejía.
Nuestros conocimientos y experiencias adquiridas en la vida, nos hacen subir poco a poco una escalera, nos van elevando haciéndonos tomar mayor conciencia, la cual va abriéndonos camino para avanzar en nuestra madurez. Pero en esta ascesis mundana se convierte en más mundana en la medida en que cada escalón de la escalera se va dejando un poco de humildad por el camino. Es entonces cuando de alguna manera, no a muy tardar, podemos precipitarnos hacia abajo, nos caemos con sus consecuencias. Si uno es capaz de vivir desprendido de estos conocimientos y experiencias personales, puede curarse de una vanidad propia y de una torpeza que no es sana para el hombre.

 

 

 

 

No. 30

Cuando uno no crece sonriéndose de sus torpezas, cuando uno se hace adulto trata de esconderse de cualquier manera de sus torpezas que bien podríamos decir que se convierten finalmente en defectos. El orgullo, nunca quiere ver sus defectos, sus torpezas y en ocasiones hará fuerza mayor, todo lo posible, para ocultarse y ser quien no es. Por ello, desde la infancia nos deben de educar para ver con naturalidad nuestros defectos, ya que al terminar empeñándonos en escondernos, los primeros en creernos este farol somos nosotros, de tal manera que nos va a impedir la posible autocorrección. Creo que aunque nos cueste mucho, con humildad, en ocasiones debemos de disculpar nuestra torpeza, porque esta nos acompañará hasta el día que nos llame el Señor. Aceptar nuestras torpezas y comentarlas nos ayuda a ser un poco más humildes. Creo que esto no es una invención nueva de este servidor, tratando de compartir sus torpes reflexiones como casi siempre os digo, pues como ya decía san Pablo: Presumo de mis debilidades porque así residirá en mi la fuerza de Cristo (2 Co 12: 5).

 

 

 

No. 31

Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro (Sal 91,4). Y es que negar este perfil de Ave de nuestro Dios Altísimo sería un error por nuestra parte. Señor, ¿dónde vives? Venid y lo veréis (Jn 1,35-42). El Señor, no tenía una morada permanente como la mayoría de las personas, es tan extremadamente Libre que, ninguna morada le podía contener, más libre que cualquier creatura suya, sin duda. Y es que ese vivir al raso, vivir desnudo, al aire, es de donde procede la verdadera humildad. La humildad es autóctona de ese vivir al raso, como la vivía el Señor. Cuántas veces me he imaginado la cara de los primeros apóstoles que siguieron al Señor cuando vieron su “casa”. Dios, como Paloma, sólo quiere posarse en esa ramita, fina y verde como es nuestra humildad.

 

 

 

No. 32

No son pocas las ocasiones que nos encontramos incómodos con los amigos cuando hablan de los poderosos, de aquellos que tienen tanto, en fin, ese becerro de oro que ya conocemos, ese que su brillo tanto aclama a los hombres de este mundo. Yo nunca he sacado provecho de esas conversaciones tan estériles y menos ahora que soy bastante más consciente de estas banalidades. A mí lo que me da envidia desde hace muchos años y gracias a Dios es ver como una persona con pocos recursos goza con lo poco que tiene. Y es que la humildad es un tesoro y cierto es que hay que decir que no todos los hombres con pocos recursos lo viven con alegría, pero ahí está la clave para tener una mente y un espíritu sano. Visto así, se podría decir que los pobres también son parte de nuestra medicina. Viviendo la pobreza con humildad y siendo siempre agradecido con lo que se tiene es garantía para esquivar esas enfermedades de nuestras sociedades obesas de bienes, donde abundan las depresiones, ansiedades, y un desgraciado etcétera.

 

 

 

No. 33

Muchas personas, contemplando la vorágine de alrededor, bien hemos sido conscientes de lo crucial que es estar dotado de un grado suficiente de inteligencia. La inteligencia le sirve al hombre para sumergirse en los misterios de la creación, pero es curioso, solo la humildad puede llegar a descubrirlos. ¿Cómo se sondea en los Misterios de Dios? Pues desde lo más evidente y natural, precisamos a su vez gozar de un grado aceptable de concentración ¿Cómo podemos amplificar este grado de concentración? Pues en primer lugar, con la virtud de la pureza y de la castidad. No podemos bucear en el mar infinito de los Misterios de Dios sin practicar estas virtudes de oro, pues ya lo dijo todo el Señor cuando nos dijo que serían bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verían a Dios. Y es que Dios, está en todos los lados y Él nos quiere anticiparnos parte de su Ser, por medio de la contemplación de esta hermosa creación suya. Por ello, debemos de buscar ser limpios, ser castos antes que sumarnos a ser como tantos una factoría de leer libros, etc.

 

 

No. 34

En verdad, este taller debía haber empezado por aquí, porque es imposible poner comienzo a un proceso de humildad si uno no aprende a doblar sus rodillas delante de Aquel que es la infinita humildad. El orgullo en un sistema neumático, bien podría ser un exceso de aire, de presión. El confesionario es donde expiamos nuestros pecados, donde nos liberamos de esa presión innecesaria y muy peligrosa, ya que llegado a un extremo la avería podría ser fatal e irreparable. La confesión actuaría como válvula de seguridad, sería la que expulsaría lo que le sobra a el hombre, ese sobrante que no ayuda en nada, que todos conocemos como pecado. Sin el pecado, todo ayuda a poder llevar una vida más humilde, si primero reconocemos nuestras faltas y nos arrepentimos de corazón. No seamos imprudentes e instalemos en nuestra vida este sistema de seguridad que corre de nuestra parte que sea o no automático.

 

 

 

No. 35

¿Por qué no podemos gozar del don de la fe si no gozamos primero de un grado aceptable de humildad? Porque es difícil y complicado poder creer si no podemos comprender y si no podemos ser humildes, no podremos hacer un verdadero ejercicio de comprensión, de todas las dimensiones posibles de nuestro interior y de lo que vemos fuera de él. Es muy evidente que necesitemos humildad para poder comprender las cosas grandes, porque la misma Grandeza no se puede ver sin que exista esta condición previa. Ya hemos podido introducirnos en este aspecto, pero merece la pena resaltar que la verdadera sabiduría no está en los libros, en las carreras universitarias, en el profundo saber que nos ofrece Internet en nuestros días. No, la sabiduría celestial, la sabiduría que eclipsa a esta sabiduría del mundo, que para Dios es estupidez y necedad, solamente comienza en la humildad y termina para volver a renovarse solamente delante del Rostro luminoso del Dios Altísimo, en su plena Gloria y Majestad.

 

 

 

No. 36

No podemos tener una imagen mejor de la presente, para expresar la realidad de la humildad. En esta imagen, el humilde queda en una posición inmediata inferior, pero para Dios, la humildad es la que más pesa, la que verdaderamente le vale, más que las multitudes. Pueden ser miles o millones de personas las que puedan estar en el otro extremo del columpio, pero siempre dependerán del humilde. En verdad el humilde es el autentico poderoso, es el que verdaderamente mueve ficha, es el que tiene la opción de decir en su momento «jaque mate». Si, no debemos de dudarlo más ni un instante, pues la humildad es un enorme poder, porque de ser nada, se puede hacer todo. Dios está con los humildes y por medio del humilde Dios, puede hacer precipitar a los soberbios siempre y cuando cuente con la disponibilidad de las personas humildes. Esta disponibilidad dependerá de nuestra voluntad, de la pureza con la que se ama a Dios, de nuestra colaboración permanente con alegría, para buscar en todo momento el bien supremo del hombre, que en definitiva sería es lo que conocemos como dar gloria a Dios, que debe de ser siempre y en todo momento.

 

 

 

 

 

 

No. 37

Si no fuimos educados en un principio, es preferible saber más bien primero que es el orgullo antes que la humildad, ya que el mundo nos precipita más bien a lo primero. Por ello, para poder ser personas humildes, debemos de saber, más en nuestro interior, qué grado de orgullo hemos alcanzado. Si, cuanto más elevado es este grado, como se dice, mayor es la caída, por tanto, mayor es el dolor. Pero esto no debe de ser problema para nosotros ni para aquel que haya caído y se resienta, ya que como hemos pincelado, el dolor en este caso, será parte de nuestra medicina para rebajar este orgullo. Si comprendemos mejor que es el orgullo, sabremos mejor tratar con las personas, pues si lo tenemos muy presente, debemos siempre de saber que detrás del velo del orgullo se esconde un corazón humano, es el corazón que Dios desea que salga a la luz, mostrándose tal cual es. Si sabemos que es el orgullo, sabremos entonces tener mayor consideración en el trato con los demás y podremos comprender mejor las palabras de Dios aún en estos tiempos tan remotos al Génesis: Dios vio que todo cuanto había hecho era muy bueno (Gn 1, 31). No será de otra manera, pero si se ve más allá de este velo, se puede creer en el hombre, porque solo de esta manera se puede ver a Dios.

 

 

 

No. 38

Si, ahora puedo concluir este taller de humildad de la misma forma que empecé, pues reconozco que soy orgulloso. Reconocer en nuestra persona humildad o poca humildad no termina de demostrar oralmente que uno lo es, pero cambia la cosa si se llega a decir lo contrarío. Ahora bien, dentro de los orgullosos, tenemos los diferentes grados o niveles como ya hemos comentado. Si tuviese que definir a un niño qué es ser orgulloso, le diría que ser orgulloso sería como ser un miope espiritual, donde uno es incapaz de ver su interior, para poder ver la verdad. Para el cristiano, son los sacramentos los que también ayudan a rebajar nuestro orgullo, aunque para el mundo, como ya dijimos, el único «sacramento» que les queda para remedio será el dolor. Puestos a elegir con sensatez entre el dolor y el orgullo, bendito sean entonces en dolor y el sufrimiento, bendita sea nuestra cruz. Reconozcamos siempre nuestro orgullo, porque el camino de la humildad no acepta a los humildes, sino a los orgullosos que humildemente son capaces de reconocerse cada día.

 

 

 

No. 39

Creo que sería difícil de resumir mejor la esencia de la humildad en una frase más corta. Vamos de arriba para abajo buscando ser personas de reputación, de renombre, con fama y poder. Pero en verdad todo es más sencillo de lo que parece. Para poder ser alguien de verdad, solo debemos de reconocer que no somos nadie. La comprensión de este razonamiento solo es posible por los dones del Espíritu, porque por la carne se deduce que para ser alguien, hay que luchar en el mundo y más bien es todo lo contrario. Esta lucha por ser alguien solamente de sebe de debatir más bien en nuestro interior. Si, si, ahora digo a grito !! no soy nadie Señor y bienaventurado es todo aquel quien esto lo comprende sin dificultad !!

 

 

 

No. 40

Queridos todos en el Corazón del Señor. Decid, gritad a los pobres perdidos de la nueva era y de esas ideas necias que torpemente llaman religiones. !! No busquéis el placer y el bien estar físico, mental y espiritual mirándoos el ombligo y tratad de olvidaros de vosotros mismos desde ya !!. Si queréis un remedio efectivo para recobrar y mantener la salud mental y espiritual, aferraros a esta sencilla ley de humildad. Dejaos malear por aquello que desprecia el mundo, que es el dolor, la enfermedad y el sufrimiento, dejad de huir de vuestra cruz, pues esto nos ayudará a ser un poco más humildes, para poder discernir nuestro interior y poder ver la vida tal cual es. Dejaos siempre ayudar y no os dejéis llevar por pensamientos autosuficientes, pues todos necesitamos de todos. Por último deciros que, ayudar a los demás no es suficiente, esto termina hastiando a muchos, pues más bien debemos de sentir necesidad por querer ayudar. Esta ley de la humildad, de por sí no es efectiva si no se acompaña de la oración y de los sacramentos que la Santa Iglesia nos administra. Debemos de saber que no es la propia ley la que nos repara, sino que más bien por esta disposición personal, es el Señor quien lo hace todo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 
 
 
 
 
 

La Ciencia de Dios
Don del Espíritu Santo

 


¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello! (Mt. 23, 24)

Muchos buscan vida en otros lugares, pero no
terminan de ser conscientes de que el Universo en
su debido grado, también viene a ser otro ser vivo

 


Ellos también buscaron un Patrón Único, una pauta en el Universo que pudiese llegar a explicarlo todo

 

El cífrado más antiguo y a su vez
más novedoso de la creación
 

La Santa Cruz en el arco iris
 

El caos no es un caos, es un orden que hasta ahora no comprendíamos
 

El azar existe, pero no es la solución a todo, como erróneamente se cree.
 


Dimensión pedagógica y escatológica de este Misterio
en la creación de Dios

 

El hombre gris y el misterio
de la Cruz Orlada

Llega ya el día y la hora en el que el «monstruo» materia estallará con sus armas y se derrumbará ante la exacta verdad. ¡Cristo! - Ante su Santa «Cruz Orlada» y ante el bendecido amor. –Llega la hora del Sol!-

 


Nueva Generación de Adoradores Proféticos

hacia la plena manifestación de los hijos de Dios

combate escatológico

 

Misión de un apóstol de María

 

 
 
 
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