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La Santa Cruz como Modelo Matemático Universal
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Nº Asiento Registral 16/2013/8695
 
 
 
 

El Lábaro de los Últimos Tiempos
 


Una invitación al ejercicio profético
 

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Tu oración y lo que puedas aportar
 

Referencias (colaboradores)
 

Acerca de esta pobre pluma, que tiene la gracia inmerecida de poder escribir aquí
 


S.O.S Hermano Protestante
Llamada a todos los Hermanos lejanos

 


Carta de presentación a las diócesis

 

PUREZA Y CASTIDAD

La ventana al conocimiento
 

Retrospectiva Antropológica en Clave para la Nueva Evangelización

 

Juntos en el Nombre de Jesús

 


Familia de los Sencillos

«Creyeron en Dios, y proclamaron ayuno y se vistieron de sayal desde el mayor hasta el menor de ellos» (Jon. 3,5).

 


Exhortación a la Unidad

Por el Triunfo del Inmaculado
Corazón de María

 

De nuevo otro David contra otro Goliath

Autoridades del orden que abusan de sus
poderes y subestiman nuestra dignidad

 

 

Testimonio

 

 

 

 

 

Prólogo ( Director espiritual P. Javier Ortega ).

Introducción ( Razones por las que comparto mi testimonio ).

Autobiografía resumen ( La Humilde Firma de Dios ).

La "locura" de Dios ( Artículo del P. Eduardo Casas ).

Cadena de oración por las vocaciones sacerdotales ( danos locos Señor, danos locos ).

Medios para curarse de las enfermedades del mundo.

Artículo en el diario Religión en Libertad

Denuncia por presecución religiosa por causa de la religión.

Ver video testimonio (Parroquia Santa Teresa y San José)

Curriculum Vitae


 

 

Todos aquellos que tienen la gracia de alimentarse del sacramento de la Eucaristía con frecuencia diaria, con seguridad han podido llegar a percibir que en la celebración litúrgica, los sacerdotes nunca nos hablan del valor de la humillación, sino en todo caso de la mansedumbre y humildad. Cuando no se predica o se omite el valor de la humillación, es porque en el fondo desconocemos que la fuente de la humildad esta precisamente cuando la persona goza de esta capacidad de valorar y de exponerse con frecuencia a esta experiencia.

Este error tiene su origen cuando no comprendemos que la humillación es el signo mayor que caracteriza un alma obediente. Cuando no comprendemos esta realidad, no sabemos aceptar la humillación como ese camino estrecho necesario para la salvación (Mt 7, 14), lo que termina degradando y reduciendo su significado espiritual a una simple concepción negativa.

La humillación es necesaria para hacer sangrar nuestro orgullo, es un acto más ligado a nuestra vocación sacerdotal (esfuerzo, entrega, sacrificio), aunque también está integrada en la vocación regia (servicio) y profética, que es cuando recibimos la respuesta por parte del mundo al anunciar y denunciar los errores, injusticias e incoherencias. En realidad podemos decir que no hemos sido capaces de valorar que la humillación viene a ser la mayor expresión de la expiación. Estas tres vocaciones que recibimos todos los cristianos por el bautismo, podremos considerar su correcto ejercicio en la medida que lleguen a estar orientadas hacia esta expiación.

Cristo, nacido sin pecado no tenía necesidad de sangrar su orgullo, que es causa de nuestro pecado. Dios aceptó el camino de la humillación, siendo de esta manera una víctima de expiación en todos los momentos de su vida. No tenía necesidad de humillarse, pero quiso aceptar este camino para darnos a todos ejemplo. No debería de ser tan malo aceptar el camino de la humillación, cuando Jesús siendo Dios quiso nacer en un pesebre, cuando no tuvo reparo en ser despreciado, calumniado, olvidado, juzgado con malicia, perseguido durante toda su vida, cuando quiso aceptar el dolor humano y en su último momento afrontar una muerte tan humillante. A sus pies, encontramos de igual manera su Madre, que en el Magníficat hace constar que todo su gozo proviene de Dios porque Él «ha mirado la humillación de su esclava».

Debemos de comprender desde nuestra dimensión espiritual, la verdadera necesidad de practicar con frecuencia esta expiación, porque de no ser así, nuestra humildad nunca podrá ser autentica. Por esta razón se hace muy necesaria esta expiación incluso fuera del sacramento de la penitencia, comprometiéndonos a compartir nuestro testimonio, donde quede reflejado de forma disoluta y sin reservas la vida del hombre viejo y del hombre nuevo. No podemos despreciar esta oportunidad para poder experimentar esta expiación pública, reservando de esta manera este tesoro solo para nosotros. Es una cuestión vital y un garante para nuestra salvación, así como para la de nuestros prójimos, que una fe madura pueda considerar esta forma de expiarse. Con esto  ponemos de manifiesto que un testimonio autentico debería de doler y no quedarse en unas simples palabras edulcoradas que resuman nuestra experiencia espiritual hacia otras personas como una experiencia preciosa, bonita, única, algo que merece la pena vivir, inolvidable, enriquecedor, etc.

El orgullo no comprende el valor de aceptar una humillación, pues al humillarse el hombre es cuando puede ser gobernado por el Espíritu Santo. Por esta razón, el que se humilla será enaltecido (Lc 14, 11).

 

 

 

 

PRÓLOGO

 

 

Conozco a Suso desde hace años y le acompaño en su camino de fe. Por eso accedo gustoso a escribir estas palabras a modo de prólogo de sus escritos y reflexiones.

Abarcan mucho campo. Hay un primer elemento de autobiografía que es útil para entender de donde nace todo lo demás. El deseo de Suso es mostrar como en él ha vencido la misericordia de Dios haciéndole  libre y dándole el deseo de luchar por la libertad de todos.  De todo se sirve Dios para hacer su obra y sacar un bien más grande. Puede resultar llamativo que cuente con normalidad la vida disoluta que ha llevado y no tenga reparos en compartir que ha estado varias veces internado en un psiquiátrico. Para algunos esto sería motivo suficiente para no prestarle ninguna  atención. Con esta actitud podrían perderse algo importante.

Si algo tengo claro en mi experiencia de sacerdote es que Dios es mucho más grande y misericordioso que nosotros y sus caminos no son los nuestros. Cuando leemos en el evangelio y en las cartas de Pablo que Dios escoge lo necio del mundo y lo humilde (1 Co 1:27) siempre tendemos a interpretarlo vaciando en gran parte la verdad de esas palabras. Estoy convencido que a través de Suso Dios puede hacer mucho bien a muchas personas.

Suso es ante todo, un  cristiano que busca la gloria de Dios y que desea dar a conocer a Cristo a todos los hombres. El es consciente de su debilidad pero es también consciente de la misericordia de Dios y con audacia confía en él.

Yo personalmente le he animado a compartir todo lo que vive consciente de la utilidad de los medios de comunicación. Leer sus escritos es, de algún modo, poder conversar con un amigo que tiene interés en cambiar el mundo.

En los escritos de Suso encontramos también diversidad de reflexiones. No hemos de buscar grandes teologías. El no es ni pretende, ser un erudito o un profesor. Es, simplemente un cristiano, un, como le gusta a él remarcar “loco por Dios”. Bendita locura cuando se ofrece para gloria de Dios.

Debo decir, para aclarar las cosas, que Suso escribe a título personal. Como cristiano tiene todo el derecho de hacerlo. Sus reflexiones no son, lógicamente, expresión del Magisterio o de la doctrina de la Iglesia. De algún modo yo hago tarea de censura para que no se digan cosas contrarias a la fe.

Está entregado en cuerpo y alma a la tarea de mostrar la “belleza de la cruz”, símbolo de la libertad. Su incursión en el campo de las matemáticas (matemáticas místicas) es, cuanto menos, sugerente y es una invitación a mirar la realidad desde un horizonte más grande.  Sus ponencias al respecto en varios congresos han suscitado el interés de algunos científicos y han abierto la mente a muchas personas que, gracias a estas reflexiones, pueden acercarse más a Dios.

Detrás de todo esto está el deseo de libertad, el don más grande que Dios nos ha dado. En un mundo esclavizado por tantas cosas, se agradece que alguien luche apasionadamente por la libertad.  Uno podrá no estar de acuerdo en algunas cosas pero se le ofrece un diálogo, una propuesta de una vida más hermosa y eso siempre tenemos que valorarlo. A este respecto Suso nos da ejemplo de valentía e interés.

Llama la atención la implicación personal de Suso. El es consciente como Pablo de que donde abundó el pecado sobreabundó la gracia. (Rm 5:20), y es esa experiencia de misericordia la que quiere ofrecer.  Desde ahí tiene la sencillez de contar su autobiografía y de “confesar” sus pecados para poder ayudar a los demás a no caer en lo que el cayó e invitar a todos a acudir a la misericordia de Dios. Solo quién reconoce su pecado y se arrepiente puede experimentar el gozo y la liberación del perdón y la misericordia de Padre.

Me consta que Suso desea, ante todo, servir a Jesucristo, seguirle, configurándose con él, dispuesto a sufrir por él y con él. Tiene una vida espiritual seria, cuidando la oración,  la vivencia de los sacramentos y la formación. Se sabe hijo de la Iglesia a la que “somete” todo lo que hace.

Os invito a acercaros a su página web y  a dejaros interpelar por tantas sugerencias. A este respecto hago mías las palabras de San Pablo a sus comunidades: mirad y abríos  a todo y quedaos con lo bueno (1 Ts 5:19).

 

Javier Ortega Vic. Ep. de la diócesis de Alcalá de Henares

Director del Seminario Mayor Justo y Pastor.

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

Resumen de las razones por las que comparto mi testimonio:


1 )   Para dar gloria a Dios.

2 )   Por el bien de los hombres, especialmente por las nuevas generaciones.

3 )   Para promover y animar a todos a la práctica de la confesión sacramental.

4 )   Porque Dios se humilló haciéndose hombre.

5 )   Porque en mis circunstancias y gracias al discernimiento de mi dirección espiritual he sido plenamente consciente de que el Señor me lo pedía.

6 )   Para tratar de dar mayor transparencia en mi obrar.

7 )   Para que las personas puedan ver con claridad la grandeza del Señor en mi pobreza, torpeza y debilidad.

8 )   Por agradecimiento a las gracias inmerecidas que el Señor me ha concedido.

 

 

 

 

 

 

 

 

En esta autobiografía, se da testimonio en primera persona de cómo Dios se vale de lo torpe e inútil y de lo despreciable de este mundo, para dar a conocer en este caso el Misterio de la ciencia de la Santa Cruz.

Este excelso Misterio nos pone de manifiesto que la Santa Cruz está impresa en caracteres matemáticos en la Naturaleza y en todo el Universo. Este fenómeno natural no sólo se puede apreciar en la tecnología de nuestros días como en los teléfonos, ordenadores, calculadoras, mandos a distancia o cualquier sistema de adquisición de datos, sino que podremos encontrarlo en el mismo calendario, en la tabla periódica de los elementos, en el genoma humano, en las orbitas de los cuerpos celestes, en las notas musicales, en el espectro electromagnético visible, etc.

 

 

AUTOBIOGRAFÍA RESUMEN

La Humilde Firma
de Dios

Fecha de publicación: 15/12/2011

 

En 1978, teniendo mi madre 42 años, existiendo mayor riesgo de complicación en el parto, comenzó a experimentar paulatinamente mayor actividad en su vientre. Esto fue un motivo de preocupación para mis padres, a pesar de ser el cuarto hijo. Por esta causa, en aquellos momentos tan diferentes a los nuestros en cuanto a los medios técnicos se refiere, mis padres tuvieron temor a que pudiese nacer con algún problema. Por ello, como promesa al Señor, con el fin de que naciese con salud, tomaron la decisión en aquel momento de llamarme Jesús. El día 3 de diciembre de este mismo año, donde hubo nada menos que tres pontificados, además de establecerse 3 días más tarde la Constitución Española, vino a ser el contexto histórico donde el Señor quiso ubicarme. Pasado el año, mis padres me bautizaron en Madrid en la parroquia Santas Perpetua y Felicidad, el 14 de enero de 1979.  A los 8 meses mi familia se traslada a la localidad de Alcalá de Henares, donde desde ese momento comencé a echar raíces.

En el año 1986-1987 comenzó a desperezarse la conciencia de un niño tímido, que formaba parte de una familia con tres hermanos más. Por aquel entonces mis padres frecuentaban los sacramentos, pero desgraciadamente, debido al ambiente y a nuestra raíz que no era lo suficiente profunda, poco a poco lo que tenía de vida se fue secando. Recuerdo que mi infancia comenzó a tener sus durezas cuando mis más cercanos no supieron dar importancia a mi necesidad por encontrar el sentido de la muerte ya en esta temprana edad. Parece algo que aparentemente no tiene importancia, pero esta carencia supuso más adelante mi necesidad por tapar todos estos miedos con cualquier novedad y/o deleite de esta vida. Yo personalmente experimentaba en mi caso pesadillas, donde presenciaba que mis familiares más cercanos fallecían.

No podré olvidar jamás en aquellos días mis comienzos en el Colegio Público Pablo Neruda. Mis padres me mandaban a dormir pronto. Yo dormía en la última habitación y la luz del comedor llegaba de forma tenue hasta mi cuarto, donde dormía solo. Recuerdo perfectamente que en esa penumbra veía sombras, siluetas que se movían. Durante bastante tiempo, el miedo reprimió mi deseo por contárselo a mis padres, pero mi angustia llegó un día a término cuando decidí contárselo a mi madre. Ella, aparentemente no le dio importancia y me dijo que para que todo fuese bien tenía que rezar. Fue entonces de esta manera cuando en mi corazón fueron impresas mis primeras oraciones.

     Más adelante, como muchos recordarán en España, sólo teníamos dos canales de TV. En aquellos momentos fueron cuando las familias españolas, sin tener plena conciencia, fueron minadas por la programación nocturna con un par de rombos en la esquina superior de la pantalla. El mal de la pornografía ya comenzó a desmembrar desde este mismo momento los valores de la sociedad, rompiendo así todas las estructuras familiares. Recuerdo perfectamente a pesar de mi corta edad esta instantánea de nuestra sociedad, que poco a poco la impureza nos fue degradando e incluso para un niño como pude ser yo, en la que mi curiosidad natural comenzó a echarme a perder. La pornografía comenzó a ser un estimulo para mi vida, fue mi primer parche para tapar todos mis miedos, desde una infancia hasta la adolescencia y en adelante. Poco a poco la pornografía comenzó ya ha hacer sus estragos, sobre todo en mi pobre y pequeña mente. Aquellas sombras en mi habitación que tanto miedo me daban, no iban a ser nada al lado de la sombra de la pornografía; sombra que me ha perseguido durante toda mi vida, dando lugar en adelante a una persona fría y puramente materialista, pues ya desde esa temprana edad, como tantos millones de españoles minados por este mal, comencé a tener el hábito pernicioso de la masturbación. De esta manera, comencé a crearme sin ser consciente un espejo, donde cada vez más me gustaba verme sólo a mí mismo, rompiendo de esta manera la posibilidad de verme más bien en los demás, impidiendo así el desarrollo de mi madurez.

 

El 29 de abril de 1989 tuve la oportunidad de hacer mi primera comunión en los Jesuitas de Alcalá de Henares, con los demás compañeros de mi formación de catequesis. Por aquellos días mi madre de nuevo me llevaba a Misa. No pasó mucho tiempo en verme de monaguillo, pues a decir verdad, mi madre tenía un deseo especial para que llegase a ser algún día sacerdote. Por desgracia en aquel entonces me gastaba toda mi paga y me quedaba pronto sin dinero, con lo que cometí la enorme tropelía de quitarles las monedas a los pobres, a la Iglesia. Por mi carga de pecados en esta edad donde en otro ambiente hubiese sido más fácil conservar la inocencia, cada vez me incomodaba ir más a Misa y me refugié con el resto de mi familia que no practicaba, con la excusa de que «si los demás no iban, yo tampoco».

A los 12-14 años, a pesar de estar bautizado en la Iglesia Católica y haber recibido la primera comunión, mi hermana en el extranjero me introduce a su confesión cristiana. Comencé así a frecuentar en estas visitas algunas comunidades protestantes. Fue en aquel momento cuando conocí más de cerca este movimiento, llamándome la atención de forma poderosa algunas personas muy conocidas que en ocasiones llenaban estadios de futbol para hacer sanaciones en masa. ¡! Santo Dios !! Una pasada, pero a pesar de parecer muy real, en aquel momento no tenía plena conciencia y madurez espiritual de que muchos de esos milagros parecían shows y esto exigía mayor capacidad de discernimiento, una capacidad que en esos momentos yo no gozaba. Aún así, estaba tan impactado que en aquellos momentos comencé a leer libros de estas personas, que parecían convencerme. Pasado un tiempo, después de un gran deseo por acercarme más a Dios, quizá mi error fue fijarme más en lo estético que en lo que verdaderamente importa. Aún así, esta fe adolescente e inmadura tuvo su declive rogando a Dios para que mandara este tipo de personas a nuestro país, pero ignorando por completo nuestro panorama religioso de aquel momento. Poco después expiró así mi deseo en aquellos días, ofreciéndome a Dios para poder llevarle a los necesitados de este país. Recuerdo con nitidez que mis últimas peticiones a Dios fueron que algún día dejase de pescar con caña y que me concediese la gracia de poder echar sus redes.

Corría el año 1992-1993, teniendo la edad de 14-15 años cuando me dispuse hacer uno de mis últimos viajes al estado de Texas, concretamente en Fort Worth, para visitar a mi hermana y a sus hijos. Allí ya conocía a Doris y a su marido Troy, hoy ya difuntos. Ellos eran protestantes, además de ser unas personas estupendas, muy cariñosas con nosotros. En verdad no supe muy bien en aquel momento el motivo, pero Doris desde un principio me llamaba «beautyful flower», que significa, flor bonita o flor hermosa. En aquella ocasión, tenían que operar a mi hermana de un papiloma en la espalda y como era menor de edad para estar en el hospital, no pude acompañarla. Previendo la situación, me quedé en casa de Doris en compañía de una mujer muy amiga suya llamada Ms. Baely, que también era un encanto de persona, la cual tenía una expresión de paz en su rostro que llamaba la atención.

La verdad, por aquel entonces, tengo que reconocer que yo no estaba muy cerca de la Iglesia de Cristo, de la cual puso como piedra a Pedro, pero reconozco que la forma de vivir de aquellas personas me parecían atractivas. Si, sólo en la Iglesia Católica es donde subsiste en toda su plenitud la verdad que es Cristo, pero reconozco y a su vez reconocemos que fuera de la Iglesia Católica hay muchos elementos de la verdad y, que desde un plano subjetivo se podría decir incluso que hay personas muy santas, personas muy gratas a los ojos de nuestro Dios. Con esta aclaración quiero decir que, lo que me pasó en casa de Doris en compañía de su amiga Ms. Bayle, fue algo que me dejó impactado para el resto de mi vida y que en muchas circunstancias en lo sucesivo, quizá en las que más ofendía a Dios, me llegaron a dar mucho que pensar. Serían las 8 o 9 de la tarde, cuando ellas leían la Biblia y en muchas ocasiones me miraban y se sonreían. Llegó un momento que se pararon como sorprendidas, pues al parecer tenían el don de profecía. Ellas comenzaron a reírse, pero yo no las entendía. Pasaron unos días y estando mi hermana algo más recuperada, fue cuando surgió la ocasión, pues Doris le comunicó a mi hermana que el Señor les dijo aquel día, que el regalo de Dios que le hizo a mi padre que no quiso en su momento, yo lo aceptaría. Mi padre estudio 4-5 años en el seminario menor de Málaga, pero optó finalmente por ser padre de familia.

     Lamentablemente los parches con los que iba tapando mis miedos e incertidumbres, tenían que ponerse siempre otros nuevos o por lo contrario, las sensaciones cada vez tenían que ser más fuertes, por ello, mi sexualidad mal concebida, comencé  a alimentarla además con las drogas. Con 15-16 años ya era fumador habitual, para coquetear más tarde con el hachís. Esta fue la primera anestesia para evadirme cobardemente de la realidad, sin pensar que existían otros cauces para tener una vida más plena y dichosa. Mi primera y última relación «seria» fue con una muchacha muy guapa y noble, pero mi concepto de pareja estaba tan distorsionado que esta relación duró apenas 7-8 meses, siendo esta la relación más duradera de toda mi vida. Después de dejarlo, me planteé no tener más «novias». Mi causa de justificación en aquel momento fue que no quería tener novia, con el fin de no engañar a nadie, pero no quería ver ni reconocer mi flaqueza, mi debilidad. Después de esta relación, a pesar de no reconocerme nunca como una persona agraciada físicamente, no era raro estar con varias muchachas a la vez. Quizá fue un alimento para mi ego, el hecho de pensar que estaba con más de una mujer al mismo tiempo, sin importarme nada sus sentimientos.

     Casi recién cumplidos los 18 años, conocí a una muchacha que vivía por el barrio. Fue con ella la que de mala manera perdí mi flor blanca, la misma flor que más adelante a Dios he rogado con dolor en muchas ocasiones que me devolviera. Desde este momento en adelante, todo estaba dimensionado en mi vida por el puro placer y diversión, por el simple pasatiempo.

     Después de una etapa «divertida» de salidas de fin de semana, de acampadas, de alcohol y drogas que se fueron extendiendo en mis salidas de bares de copas, mi hermano me consiguió un trabajo en un bar de copas conocido en el centro de Alcalá de Henares, como camarero multitarea, donde además pinchaba la música. Comencé a ganar un sueldo relativamente fácil, permitiendo sin problemas poder seguir estudiando entre semana. Lo que un chaval a mi edad torpemente podría desear, lo tuve yo. Sin darme cuenta, la noche me absorbía paulatinamente, observando que mi fama parecía subir como la espuma, conociendo a nuevos amigos «guays» que trabajaban en otros bares de esta localidad. No pude imaginar la cantidad de cosas «buenas» que cada fin de semana experimentaba. Alcohol gratis, chavalas muy fáciles, amistades muy bien relacionadas con otras y un largo etc.

A pesar de tanto ruido en mi vida y ahora viéndolo como un gesto providencial, el Señor de alguna manera quiso extender su mano, pues una amiga llamada Noelia me animó a apuntarme a confirmación con ella en la parroquia cerca de mi casa. Comencé con alegría, pero a los 4-5 meses mi jefe del bar requería una persona para los domingos, teniendo que dejar de lado este importante sacramento.

     Con 22-23 años estaba bastante solapado a esta vida nocturna, sin ser consciente que caía al precipicio al son de tambores, tal como describía D. Bosco en uno de sus sueños proféticos. Según él, esta sería la forma en la que los jóvenes se precipitarían al infierno en los últimos tiempos.  

Es posible que muchos puedan pensar que lo que voy a decir es una tremenda incoherencia, pues de pensarlo tendrían razón, pero desde los 7-8 años, ya desde aquella post experiencia de ver sombras en la oscuridad, no dejé nunca de hacer mis oraciones, párvulas, pero era lo mejor que podía hacer en mis circunstancias. Aún así no era consciente ni tenía la conciencia mínimamente formada como para ver el mal que hacía de cara a Dios. Muchas noches, drogado, borracho y como digo en parte inconsciente de mis grandes pecados, terminaba mi día rezando un par de padres nuestros y algunas palabras espontáneas, medio consciente e inconsciente de mi extravío.

Con 24-25 años comenzó la etapa más nociva de la noche. Todos mis miedos e incertidumbres estaban ocultos debajo de mis pecados. Tenía el delirio de creer que vivía una vida sana por llevar unos años haciendo ejercicio en un gimnasio, donde casi todos tenían de la vida una perspectiva muy semejante a la mía. Tenía cierta obsesión de estar presentable físicamente, porque lo que me importaba en verdad era la imagen de una postal y nunca el poema que estaba escrito detrás. Las amistades, como es evidente, se fueron degradando poco a poco, teniendo ya como uno de mis últimos parches el consumo esporádico de cocaína. Esto supuso también que de forma esporádica robase de la caja registradora del bar donde estaba empleado los fines de semana. Además, aún siendo de forma pasiva, en ocasiones me invitaban incluso a presenciar orgías. Esta era la droga perfecta, pues cuando estabas cansado de la noche, dejabas de sentir pesadez y comenzabas a estar «como una rosa». También era la droga preferida del Demonio, porque las mentiras te salían como nunca las habías dicho. Era de prever que mi situación tarde o temprano iba a derrumbarse, porque poco tiempo podría sostenerme con aquel ritmo de vida, que muy pocos compañeros supieron sobrellevar con cabeza, aunque en verdad la cabeza no tiene mucho que hacer, porque como en mi caso, lo que me perdió desde la infancia fue mi debilidad, mi flaqueza y la ausencia de que alguien me enseñara el sentido de la muerte y me diera algunos apuntes, para encontrar a su vez por mis propios medios el sentido de la vida.

Hay que decir que tiempo atrás, a la edad de 20-21 años, en paralelo con mi trabajo en el bar de copas, tuve la gracia de poder ejercer mi vocación en Sandvik, una multinacional sueca ubicada entre San Fernando y Coslada, en la Avenida de San Pablo nº 36, iniciándome allí como oficial de 3ª en labores de mantenimiento preventivo y correctivo de todas las instalaciones. El Señor, de muchas maneras me ayudó con mi vocación a centrarme un poco más, siendo algo más consciente de mi «doble vida», ya que desgraciadamente no era la misma persona de lunes a viernes, que de viernes a domingo. No era plenamente consciente de que nada tenía sentido, que tenía una vida que no coincidía una fase con la otra. En esta empresa pude desarrollar mi vocación. Maduré mucho como persona haciéndome un poco más responsable, permitiéndome de esta manera más adelante ser oficial de primera con un puesto «fijo», adquiriendo una cierta solvencia, la cual me permitió gracias a Dios comprar una propiedad. El quinto año dentro de mi actividad en esta empresa donde tanto me desgasté como se desgastaban otros muchos compañeros, tuve un accidente de trabajo en el que terminó lastimándome mi espalda con varias hernias. Es aquí donde creo que comenzó todo, tal como yo lo entiendo, para que más adelante pudiese hacer en mi vida un borrón y cuenta nueva, pues en un principio no me quedó más remedio que dejar el trabajo de la noche, ya que mi fuerte dolor ciático me lo impedía. En este capítulo de mi vida, se podría decir que el dolor poco a poco me hizo salir en un principio de estos caminos torcidos, pues para hacerse a una idea, apenas podía andar 1500 m. Aún así tenía una gran dependencia de la noche, una enorme nostalgia de lo pasado, por ello deseaba que mi «pesadilla» acabase, para volver a coger el mismo tren. Tuve que ser operado y a pesar de no haber quedado bien, me despidieron de mi trabajo de mala manera, experimentando aquello que muchos afirman después de una mala experiencia laboral, cuando dicen que somos simplemente unos pobres números.

El tiempo comenzó a pasar sin ser apenas consciente de que el dolor me maleaba, me daba forma. La gente tenía interés por mi salud, pero ya en mi hastío llegué a la conclusión de que no merecía la pena quejarse, porque fui consciente de que todo era como un disco que daba vueltas una y otra vez sobre la misma pista. Fue en este momento cuando comencé de forma más intensiva a ofrecer mis sufrimientos al Señor, a mirar hacia lo alto, pues los médicos me recomendaban andar, siendo precisamente lo que más me costaba, lo que más me dolía. Como muchos sabemos, la vida en ocasiones tiene forma de cuello de botella y los problemas vienen a juntarse. Sin vergüenza a esconder ahora esa sensibilidad que todos tenemos y que tan humanos nos hace, en aquellos momentos tras la inmensa lucha contra la aseguradora Asepeyo, para que me reconociese la incapacidad que me correspondía tras el accidente laboral, además de sufrir el duro golpe del divorcio de mi hermana tras un matrimonio de 17 años y que a mi padre poco más tarde le diese también un infarto, experimentando incluso una negligencia médica que casi le llevó a la muerte, etc. Por estas y muchas razones, no me quedó más remedio que vender mi casa. Además, he de decir que por aquel entonces, los atentados del 11 M me afectaron de forma especial. Comencé a plantearme, no de la forma que me hubiese gustado, el abandono total del consumo de drogas y poco a poco fui consiguiendo algo, aunque no terminaba de arrancar del todo la raíz de donde manan tantas y tantas adicciones de nuestra sociedad y que tan poca consciencia se tiene de ello.  

Tras un largo periodo de dolor ocasionado por este accidente en el trabajo, una noche del año 2004, casi ya terminando el año, al despedirme de mis padres me relajé en la cama y comenzaron a venirme muchos recuerdos de la infancia. De aquel «flashback», me quedó especialmente en el corazón los momentos de temor a la muerte y mis pesadillas. Después de proyectarse aquellos recuerdos que de repente se hicieron tan reales, dando un salto de casi un palmo en postura horizontal en la cama, después de visualizar aquel «breve film», rompí a llorar como un niño. Mis padres, se levantaron muy asustados y casi como si hubiesen venido de la otra vida para mí y sin dejar de llorar, comencé a abrazarles y a darles muchos besos. Sin ser yo consciente de lo que se les pasaba por la cabeza cuando me vieron en ese estado, en breve se presentó un hermano a casa y después un amigo de la infancia. Ellos hablaron conmigo, pero no comprendían mi estado; además, es de comprender que no pude expresar como quise en aquel momento aquella experiencia con tan profunda raíz. Si pudiese expresar gráficamente esta experiencia teniendo en cuenta lo que supuso en adelante, fue como si la infección de una herida saliese al exterior, para que esta pudiese ser sanada. Elegí mal momento para advertirles de las asechanzas del enemigo, sin importarme lo que pensaran de mi, pero lo que les asustó fue cuando les dije que todos estábamos muertos, pues comencé a ser más consciente de que vivíamos en la «muerte en vida» que es lo que conocemos como pecado, siendo esto algo que ellos no podían comprender. A pesar de todo, traté de calmarlos porque estaban muy nerviosos, pues cuando se le habla a la gente del Demonio es una reacción muy común, entonces les propuse a todos en varias ocasiones que volviésemos a la cama. Al ver que seguían encerrados en la cocina, quise dar ejemplo y me fui a descansar. Al rato oí cierto escándalo, voces extrañas y me turbé un poco. De repente, una señora desconocida abrió mi habitación, con una jeringuilla bastante voluminosa sin capuchón y sin esperarme nada de esto me sobresalté mucho. Sin saber las intenciones de mi familia que llamaron al SERMAS, como podría pasarle a cualquiera sin previo aviso, mi familia en esta ocasión cometió la imprudencia de no advertirme de sus intenciones y como es de imaginar hice resistencia a la inyección y, a que a su vez me inmovilizaran para sacarme de mi casa. Fue cuando por primera vez, a los ojos del mundo, daba signos de ser un pobre loco y sin tener plena consciencia de donde me llevaban, me subieron a una ambulancia, para llevarme al hospital e ingresarme en la planta de psiquiatría.
Como ya he dicho, era de noche, pero esta experiencia fue muy fuerte para mí. Estaba tan consternado que no sabía defenderme ante los psiquiatras que me atendieron durante mi cautiverio. Golpes, gritos, altercados, tratos injustos y mis dolores de espalda que no cesaban. Había personas ingresadas que se subían encima de mi espalda como si fuese un animal, pero los pobres no eran conscientes de nada a penas. Mi enfermedad de espalda y esta situación delicada no les valieron de justificación para que saliese de allí.

Recuerdo que ingresaron a una mujer a la que desde un principio la tenían todo el día atada. La pobre estaba desencajada y solo sabía decir obscenidades y era muy inestable. Me llamó poderosamente la atención el hecho de que las enfermeras procuraban que tuviera las persianas cerradas para que no entrase la claridad del día. No nos dejaban pasar a las habitaciones, pero una tarde antes de la cena, no había apenas nadie en el pasillo y me paré ante su puerta. Ella me vio y enseñándome sus genitales me decía grandes obscenidades y muchas más barbaridades. Entonces, con una gran templanza y consciente de su tormento, entré y me puse frente a ella, levanté mi mano y haciéndole en la frente la Señal de la Santa Cruz dije: «Déjala en paz en el Nombre de Jesús». Entonces, esta mujer cerró los ojos y literalmente cayó redonda a la cama donde estaba atada. A los dos días permitieron a esta persona salir a los pasillos, y no pasó mucho tiempo en que tuviese conocimiento por mis compañeros que, ella y otra señora que a decir verdad tenía también un rostro de tormento y amargura, resultó que las dos ingresaron a la par por causa de una sesión de espiritismo.

Después de varias semanas me diagnosticaron una catarsis, una especie de escape que pueden tener algunas personas antes situaciones de presión. Después de aquellos días difíciles tuve dos cosas claras: La primera fue tener claro que el Señor, con esta experiencia me había hecho una ligerísima prefiguración de lo que es el infierno y, la segunda fue mi libre opción por participar en adelante de las celebraciones litúrgicas. Dando gracias a Dios, salí de aquel lugar sin hacer mayor meditación de lo ocurrido.

Después de salir del psiquiátrico la primera vez y habiendo hecho al Señor promesa de comenzar a asistir a las celebraciones litúrgicas, el primer día que entré a la parroquia de San Juan de Ávila, pasó algo que hasta el momento, no he conseguido dar con la explicación, preguntándome el posible significado. Cuando entré, vi un cartel de tipo estandarte de color morado y letras doradas debajo de la Cruz, que para mi asombro en aquel momento, recuerdo que comunicaba: «Bienvenido a casa flor hermosa». Yo me he preguntado en muchas ocasiones, que sentido litúrgico tendría aquella frase e incluso me he llegado a plantear si en verdad la gente veía en ese estandarte lo mismo que leía yo, pues esta era la manera que Doris, la vecina de mi hermana me llamaba con cariño. Introducirme en el seno de la Iglesia de nuevo gracias a Dios no fue difícil, ya que mi madre apenas había dejado de ir a la Misa dominical, pero con cierta humillación, ya que era consciente de que sus amigas sabían de mi reciente ingreso, sintiéndome incomodo en cierta manera, porque no me sentía enfermo en ningún aspecto. Pasado un  tiempo trataba de integrarme, pero a mi manera, es decir que no me preocupaba mucho la buena práctica sacramental de la confesión en aquel momento, por tanto recibía indignamente al Señor y esto ciertamente más tarde se volvió contra mí mismo. Tengo que decir que durante mucho tiempo, sentía cierta repelencia hacia las cosas santas, como cuando una persona con un trasplante de órganos dejase de tomar o no tomase sus inmunodepresores de forma correcta, provocando así un rechazo de aquello que no es propio de su organismo, de lo que es bueno o natural, evitando de esta manera también la armonía entre el cuerpo, la mente y el espíritu.

     Comencé de forma leve a tener cierto recelo de las personas que me rodeaban por este cambio y digo «leve» porque no lo vivía como debía ser. Más adelante, también comencé a tener una gran sequedad interior, es decir, a ver las cosas de forma árida y sin color. Ojalá hubiese tenido alguien cercano a la Iglesia en aquel momento para que me dijese que iba a comenzar un proceso de purificación, un camino necesario para poder adaptarme mejor a esta nueva vida en la que quería seguir, tan semejante a cómo cuando un gusano comienza a hilar su capullo, para más adelante convertirse en crisálida. Esta sequedad me hizo hacer lectura de las Escrituras con una enorme necesidad. Cada día el peso de la angustia era mayor, pero no quise compartir con nadie mi interior, porque pensaba que mi problema era tan íntimo que nadie podría darme solución. Comenzaba a no tener deseo por vivir y esto me hizo comprender en un momento de la situación, que estaba padeciendo una depresión. Algunos amigos atentos trataban de darme algún consuelo y otros gracias a Dios me echaban la charla, me regañaban a pesar de no gustarme en esos momentos, aunque en adelante me di cuenta que esto es lo que tiene más mérito y efectividad, más que te compadezcan, te den la razón de los tontos, te pasen la mano por la espalda o que simplemente callen. El deseo del día y de los meses era querer acostarme pronto y despertarme lo más tarde posible, para evitar aquel dolor que había pasado de ser físico a mental y a pasar a ser después un dolor espiritual. No comprendía nada, aunque quizá mi necedad o mi orgullo me impedían pedir ayuda a la Iglesia, ya que por otro lado descartaba por completo la ayuda de los químicos.

     Pasado un año, seguía haciendo lecturas, pero estas lecturas las hacía cuando me desvelaba por la noche. En una ocasión de vacaciones en Almonte (Huelva), pasábamos los días en casa de mi hermano mayor. Yo dormía en una camita de muelles, en un espacio muy reducido sin ventana. El desvelo de aquella noche fue totalmente diferente, del cual guardo memoria de una forma especial. Estando dormido sentí como unos martillazos metálicos debajo de la cama; sobresaltado abrí los ojos oyendo los mismos golpes. ¡! Santo Dios ¡! Me di cuenta que los golpes iban al ritmo de mi corazón. Levantando la cabeza de la cama, dejé de oír aquel sonido que me desveló. Mi sorpresa no sólo fue esta, sino que desde las rendijas de la puerta, entraba una luz potentísima. Como tonto, contemplando aquella luz, pensaba que ya era de día, pero muy extrañado de aquel fenómeno, ya que nunca había visto tanta luz detrás de aquella puerta ni de ninguna como en aquel momento. Sentía gran paz, pero no podía evitar la confusión. Debo decir que en adelante, siempre me arrepentido de no haberme levantado para abrir y ver que era aquello. Por lo contrario, después de quedarme un buen rato mirando aquella intensidad de luz, me eché literalmente la manta a la cabeza, con el fin de que todo aquello cesara de esta forma torpe. La primera vez que me quité la ropa de la cabeza haciendo unas oraciones la luz seguía y en la segunda ocasión, al sacar la cabeza, aquella  luz ya no estaba. No pude dormir el resto de la noche pensando en lo ocurrido. Tampoco quise contar nada de esto a nadie, entre otras cosas por prudencia, ya que tenía consciencia de que no era una persona adecuada para contar este tipo de sucesos.

El Señor me concedió una gracia muy grande en mi experiencia de depresión, pues Él sembró una semilla misionera en mi corazón, de tal manera que me impulsó hacia adelante. En un razonamiento pueril, dentro de mi deseo por querer morirme, fui consciente de mi cobardía, pero me plantee un razonamiento muy cristiano: «Si de verdad quiero morir, ¿porqué no dar mi vida por una razón?». Entonces, como digo, inmaduramente comencé a pensar que en vez de quitarme la vida de cualquier forma, quizá si me pudiese ir más adelante a las misiones, algunos mosquitos o enfermedades del tercer mundo acabarían conmigo. Dejando de lado este pensamiento pésimo, pero en un principio «saludable», comencé a imaginarme la vida de misionero en mi vida cotidiana. Inconscientemente fue todo una cura de humildad. Imaginaba por ejemplo, cuando me duchaba que más adelante, quizá no tendría un poco de agua caliente o la intimidad de un váter. En ocasiones por las noches abrazaba la cama, pensando que en las misiones tendría que dormir en cualquier sitio y de cualquier forma. De esta manera fui recuperando poco a poco el valor de las cosas que me rodeaban, que en verdad sin darme cuenta se volvieron insípidas de repente.

Desgraciadamente, saliendo de mi depresión con aquel espíritu misionero, más adelante me eché de nuevo a perder. En esta recaída como nos dijo el Señor, teniendo la casa barrida entraron siete espíritus más. Desgraciadamente, no fui consciente de que los días vividos en la Iglesia, el bien que recibía indignamente se volvía contra mí, no siendo efectivos los sacramentos por hacer mal uso de ellos, por tanto todo se derrumbó como un castillo de naipes. Nadie debe de esperar unos resultados efectivos si no recibimos los sacramentos como se deben de recibir. No quise doblegar mi razón y mi voluntad para recibir el sacramento de la confesión antes de mis sacrílegas Eucaristías, pero eso en aquel momento lo ignoraba casi por completo, aunque en verdad he de decir que también en parte lo quería ignorar. Dejé de lado al Señor, actuando sin ningún sentido ya que fui muy consciente de la ayuda que me había dado hasta el momento, volviendo de esta manera ingratamente y con más saña a mi antigua andanza con las mujeres e incluso también con prostitutas, con las drogas y mucha más pornografía, que sin ser consciente me llevaba al mismo bucle una y otra vez, enfermando mi mente y mi espíritu.

Desesperado intentaba de muchas maneras buscar alguna salida y, sin dejar jamás la oración, como en otras ocasiones, buscaba torpemente el camino a tientas, tratando de encontrar un apoyo, una señal o alguna evidencia que pudiera de nuevo llevarme a Dios. Esta evidencia que comencé a experimentar se debió en primera instancia a las referencias matemáticas que de muchas maneras marcaban mi vida, resultando romper de esta manera el umbral de lo que solemos llamar casualidad. Hay que decir que esta razón, junto con la experiencia maravillosa de visitar el Monasterio del Escorial descalzo, consiguieron elevarme el alma. Aún así, reconozco que estos motivos que me llevaron de una forma casi díscola al segundo ingreso psiquiátrico, pues mi intención fue querer ir a Roma (San Pedro), para ver al Papa, pero en un intento frustrado. Yo reconozco mi torpeza, pero la persona que llamó a la ambulancia argumentando que tenía antecedentes psiquiátricos, llevaba casi un gramo de cocaína en el cuerpo, por tanto tenía poca capacidad de raciocinio. Pasadas varias semanas me dieron el alta y gracias a Dios comencé a ir de nuevo a Misa, corrigiendo esta vez mi gran error de no confesarme para poder recibir la Eucaristía y con ello vivir en estado de gracia. En este transcurso tuve la experiencia de sentir mucho temor por volver a ofender a Dios y alejarme de nuevo de Él, pero sin ser consciente de que posiblemente fuese también una tentación de desconfianza, pensando en muchas ocasiones que podría pasarme algo parecido a lo vivido anteriormente, teniendo así una gran angustia por ello.

Comencé entonces a procurar hacer exámenes de conciencia, indagando en muchas de las tropelías que pude hacer en mi juventud. Una noche después de las oraciones me vino a la mente que en una ocasión, con una amiga fallaron los anticonceptivos. Yo fui el primero en comunicárselo. Al día siguiente la llevé a un centro que me indico ella, donde tras unos minutos le suministraron unas pastillas. Tras este recuerdo se me vino el mundo encima, teniendo un gran cargo de conciencia durante toda la noche y del día siguiente, pensando en cómo me iba a confesar de tan gran barbaridad. El pensamiento durante aquellas horas de angustia fue creer que me excomulgarían, privándome del mayor bien que podría recibir. Al llegar la tarde estaba más temeroso de lo que podría resultar y al llegar al confesionario casi me temblaban las piernas. Pedí misericordia por mi gran ofensa a Dios y pensando lo peor, el sacerdote con el que acostumbraba confesarme, tras verme tan angustiado por este pesar, me absolvió. Recuerdo el estado ligero de mi pobre alma al salir de la Iglesia, pues gran alegría me supuso quitarme aquel peso, pues al sentirme perdonado experimentaba un gran gozo.

Comprendí que necesitaba alimentarme más y mejor de la Palabra de alguna forma y, opté desde aquel momento en primer lugar, por ser un fiel oyente de una radio católica llamada Radio María. Pasando el tiempo no podía dejar de pensar en el Señor, hasta el punto que mis amigos más cercanos me decían que era un mono tema, pues yo les recriminaba lo mismo ya que ellos difícilmente podían dejar de hablar de mujeres, del poder y del dinero o de cosas vanas que no edificaban a nadie y que no ayudaban a madurar. Con otros conocidos guardaba mucho silencio pensando que no sabría defender la verdad o mejor dicho, siendo un pobre cobarde, porque para aprender a defenderse primero hay que sacudirse de los temores.

En aquellos momentos en los que me veía tan desdichado, desgraciadamente comencé a tener malos sentimientos, como envidia por mis amigos, familiares, conocidos y la propia gente de la vida pública, pensando pobremente que llevaban una vida mejor que la mía. No era consciente de las batallas espirituales a las que el Señor me llamaba, pero menos consciente aún de que mi solución estaba más bien en que debía de verme menos el ombligo y de preocuparme más de los demás. Había momentos en que este sentimiento me quitaba incluso el aire para respirar, una ansiedad indeseable. Pero más adelante tomé la decisión de forma intuitiva y natural de rezar por todos ellos de corazón y, de forma individual, para que Dios les ayudase y les pudiese ir aún mucho mejor. Fue así como poco a poco el Señor curó este sentimiento tan letal para el alma.

Las navidades del año 2007-2008 marché para pasarlas con el resto de la familia en Almonte (Huelva). Unos días antes de las fiestas me invitó mi hermano varios días para ir a pescar. Esas noches de retiro cerca del mar en un largo espigón, hice varios retiros en medio de la noche para meditar tranquilamente. Una de esas noches ya de vuelta a casa pareció caerse un velo de mis ojos, pues casi con una sonrisa contemplé e incluso entre aquella tiniebla que todo era muy hermoso, pues de golpe pude observar mucho mejor la perfección de la obra de su Mano. Recuerdo que el día de Reyes tuve la ocurrencia hasta entonces de hacer un pequeño gesto de adoración antes de comulgar. Al día siguiente, pasado el día en familia, después de la hora de comer, me subí solo al piso superior de mi casa y cogiendo un ordenador de bolsillo, cargué el programa de calculadora, me tumbé en la cama y como si en ese momento actuase como un autómata, me puse hacer operaciones en cruz, encontrando la gran sorpresa de observar todas las igualdades y simetrías que se obtenían en los resultados al operar de esta manera. Este fue el primer contacto con el excelso Misterio de la ciencia de la Santa Cruz.

Unos días más tarde, partimos de Almonte a Alcalá de Henares, pero estando muy pensativo por lo sucedido con los números, hasta el punto de que mis padres notaban algo extraño en mí. Una vecina de mi bloque que frecuenta la Santa Misa los domingos llamada Gloria, de camino a la casa me comentó que quería hablar conmigo y estando tranquilamente en el salón de su casa, me preguntó preocupada por algo que mis padres le llegaron a comentar a ella, pues decían que me observaban muy inquieto y que por ello quería saber que me pasaba. Fue a Gloria la única persona con la que compartí con casi un mes de antelación mi intención de ingresar de nuevo al psiquiátrico a modo de voluntario. Ella se quedó muy extrañada. Me comentaba que había otros muchos voluntariados, a lo que le di respuesta de que las personas ingresadas en planta necesitaban más ayuda y amor que otras. Ella no comprendió absolutamente nada, pues debió de pensar que efectivamente no andaba muy bien de salud mental, aunque yo desde hace mucho tiempo ya comencé a ser consciente por la propia experiencia, de que ellos eran los despreciados entre los más despreciados y los olvidados entre los más olvidados.

Pasados unos días en casa de mis padres tomé la decisión de hacer un ayuno eucarístico, pero sin poner fecha de finalización, comenzando ya desde aquellos momentos a ir a la Santa Misa de forma diaria. Hay que decir que yo entendía en aquellos momentos el ayuno eucarístico como un sustento a base de la Sagrada Comunión, que en mi caso me ayudaba además a base de líquidos como leche, zumos, etc. Los primeros días debo de reconocer que lo pasé bastante mal, aunque noté algo curioso en esta experiencia, ya que al pasar 4 días a base de azucares solamente, únicamente sentía gran debilidad y desmayo cuando me ponía frente al Santísimo, antes de la celebración eucarística. Yo le rogaba al Señor que me mantuviera en pie, sintiendo en aquellos momentos incluso que se me iba el brillo de la visión. Mis padres comenzaron a decirme que lo dejara y pasó algo muy grande, pues comencé a percatarme que con los olores de los guisados que cada día hacia mi madre, me sentía saciado, con lo que pasaba por la cocina oliendo sus ricos guisos, sin ningún tipo de reparo. Estando el frigorífico lleno, tenía cada vez menos tentación de comer, pues aunque no tuviese explicación racional, me sentía saciado y satisfecho. Esto me producía cierta alegría, pues cualquiera daría por imposible este hecho que con verdad doy testimonio. Cada vez era más consciente de lo que vivía, pudiendo sentir cada vez más en mis circunstancias la mano de Dios. 

Pasó semana y pico cuando mis padres se empezaron a preocupar por mi situación, pues aparte de no comer no dejaba de pasear por la casa. Era evidente, pues sin tener plena conciencia, ellos comenzaron a temer y sospechar que estaba perdiendo de nuevo el juicio. Ellos a toda costa deseaban que fuera al psiquiatra, pero yo traté de retenerlos unos días más. En uno de esos días paseando, meditando y orando por mi casa al Señor, estábamos mi padre y yo solos, siendo algo más tarde de la una. En uno de esos paseos me planté en la puerta de la cocina y sin saber lo que hacía, me quedé mirando fijamente a la luz que entraba por las ventanas que son translúcidas. Pasando cierto rato volví en sí y me quedé perplejo ante lo que me había sucedido. Entonces como un acto reflejo, me fui corriendo a mi habitación y volví a mirar el sol, pero esta vez contando unos segundos. Uno, dos, tres, cuatro… y mirando después hacia a dentro de la habitación en una penumbra; no daba crédito al comprobar por mi mismo que después de aquella exposición tan extrema de luz, no me encandilase al mirar después a una sombra, es decir, después de contemplar directamente la majestad del sol. Entonces acto seguido, con más valor que la primera vez y estando convencido de lo que experimenté, volví a mirar, pero en esta experiencia maravillosa, cuan mis palabras de asombro en toda mi vida no podrían dar ni tan siquiera una pobre descripción cercana a lo real, ya no pude contar el tiempo, quedando completamente espiritualizado, con esta inmerecida experiencia luminosa de poder ver la majestad del sol. Como los dones del Señor sabemos que son irrevocables, desde aquel momento he podido experimentar este regalo hasta hoy, siendo esta la experiencia más impactante e indescriptible de toda mi vida.

  Cometí en mi gran excitación, pero con una gran paz la imprudencia y tropelía de contarle esta experiencia a mi padre, siendo esta la gota que colmó el vaso. Con la presión de mi familia, la doctora Paz me dijo que tenía que ingresar. Yo era plenamente consciente en aquel momento de que no era una persona en las circunstancias aptas para ser creído y menos por aquella tremenda e inefable experiencia. Así pues que tratando de ser obediente y creyendo que esta podía ser la Voluntad de Dios, simplemente puse la condición de que me hicieran el volante de ingreso, pero siempre y cuando me respetasen el ayuno que había comenzado y, que además hiciesen constar en ese volante que ingresaba «voluntariamente». Supe que esa era la oportunidad que el Señor me daba para cumplir mi deseo por evangelizar la planta de psiquiatría, tal como le dije a mi vecina Gloria. De camino al hospital me cargué con bolsas de zumos y bebidas azucaradas, para poder seguir con el ayuno, que entonces lo quise ofrecer por:

  • Las injusticias del mundo.
  • Los enfermos que se sienten olvidados y despreciados por el mundo.
  • Las intenciones y respeto que merece el Santo Padre.
  • Que la gente reflexionase acerca de los signos de los tiempos.

En aquellos primeros días, a pesar de no permitirme seguir con el ayuno, del cual algunos de mis familiares me dijeron que llegó a durar casi 21 días. En la planta de psiquiatría, a pesar de las condiciones que puse, me obligaron a comer, amenazándome incluso con ponerme una vía para alimentarme. No me quedó más remedio por sentido común que romper con este ayuno de ofrecimiento y comenzar a comer, ya que tampoco tuve la oportunidad de poder asistir a Misa para recibir al Señor. Ya desde un principio dejé de afeitarme como siempre lo he hecho, y desde entonces hice promesa al Señor de que ya no volvería a ser jamás la persona que era antes, tomando la decisión de no quitarme desde aquel momento la barba. Además, mi conciencia de la realidad era tan plena que fui consciente que desde ese momento mi nombre ya no fuese Jesús, sino Suso. De repente, además de verme completamente indigno de llevar el Nombre glorioso y excelso del Señor, quise poner un punto y aparte en mi vida de esta manera desde aquel momento. Mis amigos de la infancia ya comenzaron a extrañarse por este cambio voluntario y repentino. En verdad mi nuevo nombre fue inspirado en mi pobre corazón recordando al sacerdote que yo ayudaba cuando era monaguillo, que según el diccionario significa «arriba» o «de arriba». Suso también es el nombre con el que llaman a los bautizados con el nombre de Jesús, pero en eusquera.

En aquellos momentos de ingreso, a todos mis compañeros les decía que no eran unos enfermos, sino unos pobres incomprendidos, con besos y abrazos, pues era lo que era yo y la medicina que les daba a ellos, era la medicina que verdaderamente yo necesitaba. Me sentía mal por mí y por los demás, no podía expresar muy bien lo grande que había en mi pobre corazón, pero a su vez lo hacía con una enorme alegría. Cómo no, el Demonio se hacía presente en algunas personas violentas, amenazándome hasta el extremo, aunque no deje de bendecirlos y dar gracias a Dios en todo momento. Era un pobre loco observando privilegiadamente la inconsciencia de los demás, pero un loco de amor por Cristo. Esta estancia en psiquiatría fue muy dolorosa, por ser más consciente que nunca de la experiencia de sufrimiento que padecieron especialmente mis padres. En esta última experiencia, pude ver los frutos que daba en mis compañeros esta gran medicina que desprecian muchos, llamada amor y comprensión.

En este último ingreso, en un principio, no quise tampoco contar nada ni de los números ni lo del sol, pues a decir verdad, tampoco tenía mucha iniciativa de contar lo sucedido, porque no estaba en el lugar ni en las condiciones en las que me fuesen a creer. Pasado un breve periodo de tiempo la gente de planta y demás compañeros siempre me decían que me veían muy bien; una experiencia curiosa, ya que en los otros ingresos también encontré a gente que me daba esta misma opinión e incluso en muchas ocasiones me decían que no debería de estar allí. Algunas personas que me decían esto, viéndolas un poco despejadas les mostraba el volante de ingreso, donde ponía de manifiesto «que era voluntario» y aunque muchos se reían porque no me comprendían, otros se quedaban muy extrañados por mis afirmaciones, pero siempre consciente de que estaba en un lugar donde la palabra de los pobres locos como yo, no tienen ningún tipo de valor. Pero es curioso, porque el mundo es otro psiquiátrico mucho peor, aunque en este caso no se reconoce a sí mismo como tal. En la planta de psiquiatría de alguna manera en contra del razonamiento humano, me encontré algunas personas de los que el mismo Diógenes en su momento, respondía a los que le preguntaban que buscaba «hombres» a plena luz del día con un candil. ¡! Y allí estaban… ¡!

En este último ingreso, me llevé una imagen de Cristo que encontré en Internet, que imprimí tiempo atrás con una impresora de tinta. Esta imagen era una reconstrucción muy fiel de la Síndone de Turín, un busto del Rostro de la Santa Faz de Cristo hecha de la mano del imaginero sevillano Juan Manuel Miñarro (leer carta). Esta imagen la pegué con un poco de esparadrapo que usaban las enfermeras en el cabezal de mi cama. A los pocos días de mi estancia, al levantarme de mañana de la cama, las enfermeras al despertarme se asustaron del charco de sangre que había en mis sábanas. Ellas a pesar de su sorpresa, estaban tan ocupadas que no se pararon a comprobar de donde había salido toda aquella sangre, que a decir verdad estaba muy fresca. Me fui al servicio y me revise la cabeza y la parte superior del torso, pero vi que no había ninguna herida ni nada que llamase la atención. Curiosamente, con tanto tiempo muerto dando vueltas, a la tarde me quedé fijamente mirando la imagen y me extraño ver que tenía una manchita pequeña, como algo rojizo en los orificios de la nariz, y aunque me pareció muy curioso, no quise en un principio hablar a nadie de ello. Más adelante, cuando comencé a ser plenamente consciente de la manipulación que nos hacían por medio de las medicinas, el tiempo de salida y las gestiones relacionadas con los permisos y fechas de alta, tomé la decisión de renunciar a las salidas en grupo del psiquiátrico y a todas las salidas que me correspondían, aún sabiendo el sufrimiento extra que iba a experimentar. En aquel día, recuerdo que esta imagen de la Santa Faz de Cristo, exudó de nuevo, juntándose una manchita rojiza, desde el lagrimal, con la manchita de la nariz. Mis familiares poco les importaba esta curiosidad, pero menos les importaba a los demás.

Hubo un momento que tomé la decisión de escribir todos aquellos resultados matemáticos y lo que hice fue pegar las hojas en la puerta de mi habitación. A los compañeros, les pareció estupendo e incluso a los enfermeros. A pesar de todo tenía unos fuertes dolores muy punzantes en el corazón, creyendo que el abuso de los medicamentos iban a darse conmigo, pensando que iba a fallecer en mi estancia. En verdad el alta médica tras casi cuatro meses, no me la dieron por mejoría como ellos decían, pues sinceramente yo me sentía igual que como entré en el psiquiátrico. A pesar de haberme quitado la Biblia, la radio para no oír Radio María, quitarme el Rosario, porque según decían era por motivos de seguridad, para que no me suicidara, de darme una pila de fármacos muy fuertes y amenazarme por medio de mi familia a que me fuesen a trasladar a otro psiquiátrico de forma permanente y de decirme que me iban a dar una sesión de corrientes en la cabeza para quitarme las ideas, no pudieron quitarme a Cristo de la «cabeza». No pudieron quitarme a Cristo de la cabeza porque sencillamente Cristo estaba más bien en mi corazón. Ellos dijeron que me encontraron mejor, pero en verdad se dieron cuenta que sus manejos y sobornos no me imponían nada, por tanto, sutilmente sin reconocer la verdad, me dieron por imposible, pues con discernimiento más adelante fui consciente de que esta era una autentica estrategia inspirada por el Espíritu Santo. En esta ocasión, por primera vez el vencido o el que parecía que era un vencido, era más bien un gran vencedor, aunque todavía quedaba mucho por hacer.

Tras la salida del psiquiátrico, después de tanto tiempo reflexionando en mi estancia en planta y en lo sucesivo, casi a tientas, siendo consciente de que el Señor me llamaba a algo, tomé la decisión de ser sacerdote, pues no pude dejar de oír interiormente la llamada del Señor. Quise madurar un poco mejor antes de decir nada y siendo prudente en un principio, no quise decir nada a nadie. Primero se lo comuniqué a uno de los sacerdotes de la parroquia de Almonte, siendo mi primer intento de ingreso en la diócesis de Huelva. El director de vocaciones me despidió el primer día pidiéndome una redacción de mi vida en un par de folios. Yo se lo mandé por correo y hasta hoy no he recibido ninguna contestación al respecto. Todo me pareció tan confuso que no quise hacer mayor insistencia. Más tarde volví a intentarlo en el seminario de Madrid. Aconsejado por un amigo sacerdote de la familia, me animó a que fuésemos con la verdad. De nuevo con el director de vocaciones de San Dámaso, expuse un  poco por encima mi situación. Este hombre me pidió algunos de los últimos informes psiquiátricos. En la segunda reunión, el director me habló de mi situación y del derecho canónico y animándome a que hiciese experiencia de grupo de parroquia, descartó así la posibilidad de ello.

  Más tarde se me presentó la ocasión de poder probar la vida misionera en el extranjero, pero al plantear a la ejecutiva de que padecía una presunta enfermedad mental llamada trastorno bipolar, me dijeron que no podrían cubrirme las medicinas. Ante todas las dificultades espirituales y ante la experiencia que estaba teniendo, tomé la decisión para intentar tener un director espiritual, con el fin de discernir la voluntad de Dios y obrar con mayor prudencia. El 21 de junio de 2009 recibí la confirmación en la parroquia de San Juan de Ávila.

 

Para gloria de Dios el 25 de mayo de 2010 de forma privada, consagré mi vida a Ntra. Sra. la Virgen María. En la actualidad soy una persona jubilada, siendo voluntario en una residencia de ancianos en Alcalá de Henares desde el año 2010, pero a su vez soy consciente de saber ser un pobre y torpe instrumento más de Dios, con el fin de poder seguir edificando su Santa Iglesia. Fue la doctora psiquiatra de mi último ingreso la que me animó a divulgar por los medios digitales los conocimientos científicos de la Santa Cruz en la creación que han ido creciendo en lo sucesivo. Desde aquel momento trato de compartir y propagar este Misterio de la ciencia de la Santa Cruz en caracteres matemáticos, impresos en esta ocasión en la Naturaleza y en todo el Universo de una forma indeleble.

     Como ya he dicho, me comunicaron por carta la concesión de la incapacidad tras pasar por la valoración de varios tribunales médicos, en las que el abuso de «medicina» me hacía que los demás me vieran de una forma lamentable. Me concedieron desde un principio la incapacidad absoluta, sin opción a trabajar ya en nada con 28 años. Esto no me agradó, pues yo tenía planes de futuro personales, sin pensar en esos momentos desgraciadamente que el Señor tenía otros planes para mí. En esos momentos no se me pasó por la cabeza que este era parte del plan de Dios que tenía preparado para mí. Si, desde aquel momento quedaba liberado de muchas maneras, para poder hacer mejor lo que el Señor había pensado para esta misión. No fui consciente que de alguna manera Él quería que tuviese una solvencia e independencia, para poder obrar en adelante.

Gracias a Dios, en el suceso del tiempo y de las circunstancias vividas, he podido saber que el Señor por medio de este hermoso Misterio de la ciencia de la Santa Cruz, nos regala la posibilidad de razonar mejor nuestra fe, entendiendo a su vez que su Santa intención se basa en que propongamos a la humanidad la Santa Cruz como símbolo universal de la libertad, pues si no tenemos referencias no podemos alcanzar objetivos. El Señor quiere valerse de esta predicación, de esta locura de Misterio, no solo para poder unificar culturas, sino para unificar las ramas del saber, es decir, tener a la Santa Cruz como nexo u instrumento de conciliación entre todo aquello que ha sido dividido por el enemigo o mal entendido por el hombre.

Cierto es que inmerecidamente mi fe ha pasado a ser más aún una certeza y mi esperanza más un gozo mayor. La caridad debe de ser para nosotros una completa locura, una verdadera medicina para entender al Señor, ayudándonos a su vez a vivir como Él lo desea, no fríos o tibios, sino calientes, locos. Sería un disparate afirmar con el regalo que Dios me ha dado, que diariamente veo la verdad, pero si afirmo que puedo ver un reflejo de la verdad todos los días, cuando miro el sol, siendo este mi verdadero encuentro con el Señor.

Creo que cualquiera que hubiese vivido mis experiencias, hubiese hecho también esta confesión pública sin vergüenza ninguna, pues la vergüenza sería para mí el día de mañana si delante de Dios y la humanidad, me hubiese callado estas maravillas del Señor, es decir, consumar el hecho de haber enterrado este talento. Fue en parte la intención de mi madre en aquel miedo que manifesté, cuando ella me enseño las oraciones que me han acompañado toda mi vida, superando muchas veces las dificultades que las sombras de esta vida me han hecho frente de muchas maneras.

A pesar de que el mundo me haya desechado, de que mi familia, mis amigos y conocidos no me hayan aceptado por causa de Cristo y que mi Santa Iglesia me despreciara para ser un obrero más de su mies, no tengo ningún rencor ni guardo nada a nadie, pues les he perdonado a todos. He aprendido que es mejor vivir siendo despreciado, que vivir esta vida creyendo ser amado por los que nos rodean. Sí, he preferido y he amado mi cruz en vez de vivir en una mentira barata, como he vivido prácticamente toda mi vida, encontrando de esta manera un gran gozo en mi sufrimiento, precisamente por saber comprenderlo y aceptarlo, por saber que en él hay más verdad que en lo cotidiano de nuestros días, de igual manera que hay más verdad en lo sencillo, que en las complicaciones que de muchas maneras nos hacemos en la vida. Este Misterio de la Santa Cruz, sin darme cuenta, me ha ido transformando y madurando espiritualmente, por tanto este abrazo a mi cruz me ha permitido una relación más íntima y hermosa con el Dios de las locuras.

Gracias a este gesto de «sí al Señor», puedo decir que no tengo palabras para describir mi interior, que sin dejar de ser pobre es muy rico a la vez. Con esta cruz que he aceptado del Señor, no sólo he aprendido a amar sin tener necesidad de ser más amado, sino que tengo más necesidad de amar o de darme a los demás que preocuparme por ser amado. Creo que de esta manera, gracias a los sacramentos y a la oración y por dejarme también ayudar por los demás, voy quitándome poco a poco la cascarilla de mi orgullo, ese orgullo que todos tenemos y que pocos vienen a ser conscientes. Es una grandeza muy grande poder haber llegado a comprender lo torpe e inútil que soy, pues solo existe una diferencia entre este servidor y los demás; yo soy torpe e inútil y los demás también lo son, pero aún no lo saben, no lo reconocen. Dentro de este reconocimiento, cada postura hace más o menos hábiles a unos y a otros, es decir, que reconocer lo que somos de verdad, nos hace mucho más ágiles en la vida. Por ello, llegar a reconocer humildemente esta debilidad, nos llega a hacer mucho más fuertes, aunque a los ojos del mundo esto solo queda como una auto humillación, un desprecio a sí mismo o un «no quererse bien a sí mismo», como el mundo manifiesta en su necedad, porque no ha entendido aún que el único amor que se debe de tenerse a sí mismo, es el amor con el que nos mira nuestro Hacedor.

Para mí al fin de al cabo, las estancias psiquiátricas, dejaron de ser una humillación y pasaron a ser un título o medalla de guerra. Mis ingresos en planta los dejé de comprender como ingresos, comprendiéndolos en adelante más bien como grados de maestría y de conocimiento de Dios, pues este fue mi verdadero seminario, donde he aprendido la teología que he adquirido, una teología fundamentada en esencia, en la comprensión y en la aceptación voluntaria de nuestro sufrimiento, como parte de la fuente de nuestra alegría. Es lo que podríamos denominar como la teología de la Santa Cruz. Llegué entonces a ser consciente del tesoro que Dios me había dado, teniendo más consciencia en adelante de que este seminario en el que Dios quiso internarme, no lo cambiaría ya por nada, por nada, por nada. Sin descartar la posibilidad de llegar a ingresar de nuevo más adelante; esto no me supondría ningún problema, pues bien sabe Dios que con la fortaleza que tengo ahora, para mí esto sería un gran gozo, claro que cuando esto lo sepan los psiquiatras que han procurado internarme en varias ocasiones, soy consciente de que no les va hacer mucha gracia.

He sido estos años un sacerdote que he ofrecido mis sacrificios en el altar de mi pobre corazón, consciente de aquello que me dijo otro sacerdote de mi diócesis, de que por la libertad de unos y de este servidor, podía ser incluso mucho más agradable como sacerdote ante los ojos del Dios Altísimo, que otros muchos.

Por ello doy testimonio del regalo del ingreso psiquiátrico, para que otros sacerdotes y seminaristas se animen de esta manera a perfeccionarse en las virtudes. Porque, ¿de qué sirve una carrera de teología si no se tiene valor a hacer frente  a un señor que dice ser médico o psiquiatra para poder defender a sus ovejas? ¿A caso la ciencia de Dios no es más sublime que la ciencia torpe e inútil del hombre? Si, con este testimonio el Señor pretende cambiar la mentalidad de su Iglesia, porque sus caminos ya sabemos que no son nuestros caminos. Con qué gran gozo iría un seminarista al sacerdocio si no tuviese temor al fuego de un psiquiátrico y, que gozo más grande habría en la Iglesia si tuviésemos conocimiento de que a los sacerdotes y seminaristas los encierran en los psiquiátricos, porque yo os digo que este servidor con envidia santa se uniría pronto a ellos. Además, tened por cuenta que en un breve periodo de tiempo, los psiquiátricos que conocemos ahora, donde el que opresor nos infunde el miedo y nos pone los cepos y mordazas, dejarían de existir, porque terminarían de saturarse por la acción de los cristianos, dando de esta manera una quiebra económica. El resultado final: gente hablando de Cristo en las calles sin ningún temor a los «médicos». Debe de quedar claro que no estoy invitando a vivir un desafío, sino a experimentar una tanda de verdaderos ejercicios espirituales, con una efectividad para toda la vida, es decir, vivir unos ejercicios espirituales que marcarían para siembre, que imprimirían una experiencia de carácter indeleble.

En el principio Dios, creando el Universo, pensó en el hombre y desde ese momento, se volvió «Loco». Desde entonces, como resultado de aquella locura, surgió la belleza. Por ello debemos de tener cuidado al contemplar la hermosura de la creación, porque por correspondencia esta belleza, dependiendo de cómo mire el corazón, puede volver loco al hombre también. ¿El Cielo? El Cielo es como un inmenso Psiquiátrico, pero sin puertas, donde la medicina que siempre se administra es el Amor.

 

 

GLORIFICAD A DIOS CON VUESTRAS VIDAS

 

 

 

 

 

Conoce la verdad sobre la pureza y la castidad

 

DESPEDIDA

A todos los hermanos en Cristo les pido oraciones por mí, pero sobre todo por esta causa, para que llegue a muchos corazones, especialmente a los jóvenes y, al resto de las personas que no son creyentes les ruego que valoren esta oportunidad para refugiarse si no es en Dios por diversos motivos, al menos en la profunda reflexión para llegar a buen término y tomen este testimonio como referencia para saber mirarse mejor a sí mismos.

 

ORACIÓN

He aquí Señor mis cinco panes y dos peces. Ante lo presente dejo en tus manos lo imposible para mí para que este mensaje de muchos frutos. Que tus hijos sepan en todo momento que todo esto no es obra mía sino solo tuya. Que estos conocimientos sean alimento para muchos en el Nombre de Jesucristo nuestro Señor. Amen
¡!! Señor Dios mío Jesucristo ¡!!, concédeme la gracia de poder ser tu perro fiel, para morar eternamente bajo tus Sacratísimos Pies, pero ahora enséñame Dueño mío a como pastorear tus ovejitas para llevarlas también hacia Ti.

 

 

Ahora soy, lo que soy.

Cierto es que hace tiempo, por enfermedad no me dejaron ser sacerdote, pero gracias a Dios he encontrado otro servicio, que me llena muchísimo. Trataré de ser un buen perro para mi Pastor, siempre cerca y postrado a los pies de nuestro Dueño y Señor, atento a sus silbidos !!! Perdonad si en ocasiones os molesta u os asustan mis ladridos !! ¡! No es mi intención !!

 

Cudado lobitos !!!, que yo solo temo a mi AMO

 

 

 

 

Medios para curarse de las enfermedades del mundo.

Descargar este organigrama en A3 para imprimir.

Si se tienen en cuenta estos consejos, sin ser conscientes brotará en nosotros la vocación del amor, la pasión por querer vivir, que es la vocación primaria de todo hombre, encontrando una gran satisfacción interior que nos hará relativizar correctamente y de forma autónoma todos  nuestros problemas, disfrutando de un estado de bienaventuranza de forma permanente si sabemos mantenernos fielmente en estos consejos.

 

 

CÁNTICO DEL APOCALIPSIS (11, 17-18; 12, 10-12)

El juicio de Dios

 

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,

el que eres y el que eras,

porque has asumido el gran poder

y comenzaste a reinar.

 

Se encolerizaron las gentes,

llegó tu cólera,

y el tiempo de que sean juzgados los muertos,

y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,

y a los santos y a los que temen tu nombre,

y a los pequeños y a los grandes,

y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

 

Ahora se estableció la salud y el poderío,

y el reinado de nuestro Dios,

y la potestad de su Cristo;

porque fue precipitado

el acusador de nuestros hermanos,

el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

 

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero

y por la palabra del testimonio que dieron,

y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.

Por esto, estad alegres, cielos,

y los que moráis en sus tiendas.

 

CONFESIÓN GENERAL 25/7/2016

 

AMOR A DIOS Después de haber compartido mi testimonio en la web que administro el 15/12/2011 habiendo consultado antes a mi director espiritual para poder compartirlo, el Señor vuelve a iluminar mi conciencia, para poder hacer un mejor examen y hacer de nuevo otra confesión general, para poder purificarme más.

AMOR AL PRÓJIMO En primer lugar, quisiera confesar que no he amado a Dios como merece, es decir, con todas mis fuerzas, mente y corazón, siendo mediocre en muchos aspectos de mi vida, evitando la posibilidad de ser acusado como un hombre radical (con raíz, con principios sólidos). El Señor me ha regalado muchos dones, gracias y cruces que no he sabido agradecer y ofrecer, para mi beneficio propio y común y, para poder darle mayor gloria. No he querido servirle de todo corazón y he tenido más temores y desconfianzas hacia Él que caridad en mi corazón. No he amado con todo mi corazón a mis hermanos, pues los he tenido a muchos como rivales. Por la gracia de Dios ahora soy más consciente de que me he dejado llevar por la envidia y en muchas ocasiones he descargado sobre ellos bajo mi soberbia e ira, más imponiendo que proponiendo.

SANTIFICARÁS LAS FIESTAS En todos estos años, no he sabido agradecer bien lo que me ha dado el Señor, por ejemplo, cuando no he bendecido cada día la mesa para darle gracias, no santificando de esta manera las fiestas como es de deber.

HONRARÁS A TU PADRE Y A TU MADRE Soy plenamente consciente, a pesar de mi persecución por causa de Cristo desde hace más de diez años, que en muchas ocasiones he podido honrar mucho mejor a mis padres, pero me he dejado llevar por mi propia voluntad, no tratándolos con el cariño que en verdad merecen.

NO MATARÁS No he matado a nadie, pero sé que el simple hecho de no amar a mi prójimo, me hace un homicida, por lo cual, mi lengua en muchas ocasiones ha podido matar o herir a alguien, aunque no fuese mi intención.

NO COMETERÁS ACTOS IMPUROS En estos 11 años, por la gracia de Dios, no he faltado nunca contra la castidad.

NO ROBARÁS En estos años he necesitado para poder evangelizar software informático que no podía pagar, descargando programas piratas para ello. También he descargado música sin pagar lo merecido a sus autores.

NO DIRÁS FALSO TESTIMONIO NI MENTIRAS Nunca había sido tan plenamente consciente de mi envidia, pues el hecho de ver disfrutar a otros, ha causado en mí un movimiento interior que me ha perjudicado en muchas ocasiones, haciendo contrariar el disfrute de los demás. Es evidente que para no dejar ver esa envidia que tampoco apenas era consciente, tenía que mentir en muchas ocasiones. Tampoco he mentido de una manera consciente, pero de forma inconsciente estoy seguro de que lo he hecho innumerables veces, porque mis hermanos en la fe muchas veces lo hacen, quizá sin ser plenamente conscientes, por no ser verdaderamente ardientes en el amor y por no meditar con más calma las penas que nos pueden ocasionar estos pecados, en el mejor de los casos, en el purgatorio.

NO CONSENTIRÁS PENSAMIENTOS NI DESEOS IMPUROS En estos años y ahora me he confesado con frecuencia de mis malos pensamientos hacia la carne, aunque con la gracia de Dios voy superándome cada día.

SOBERBIA He pecado constantemente debido a mi orgullo, haciéndome tener malos pensamientos hacia los demás, con cálculos siniestros. He tenido deseos constantes de querer mandar, más que servir. En muchas ocasiones me he crecido ante los demás, para machacar el débil, al inocente o más ignorante. He tenido deseo de ser estimado, amado, ensalzado, honrado, preferido a otros, que otros consultasen conmigo y a tener aceptación. He temido se humillado, despreciado, reprendido, calumniado, puesto en ridículo, injuriado y ser juzgado con malicia.  

AVARICIA Me he dejado llevar muchas veces por la avaricia, dando poca limosna, no dejando una propina merecida a algún empleado y mirando en muchas ocasiones más por mí que en los demás. 

GULA He pecado de gula en muchas ocasiones, faltando a una disciplina alimentaria, picando entre comidas. En mis primeros ayunos de 24 horas, sentía mucha ansiedad esperando que llegase la hora para llenarme el estómago a media noche del siguiente día.

LUJURIA

PEREZA He sido muy perezoso, aunque debo de confesar que las pastillas que me pautaron desde un principio la psiquiatra, más que animarme a hacer algo, me han deprimido. De mañana casi siempre bajaba la persiana y no tenía hora ni disciplina para levantarme. Me he dejado en el ejercicio físico diario en muchas ocasiones a pesar de saber que era necesario para mi salud física y psíquica. He dejado en muchas ocasiones las tareas para otro momento, buscando excusas falsas.

PECADOS DE OMISIÓN Desgraciadamente, he cometido muchos pecados de omisión, dejando pasar muchas cosas buenas que he podido hacer o mejorar en mi vida.

 

Desde este momento he tomado la decisión de tener más de un director espiritual, aunque sin dejar al primero que he tenido. Teniendo esta posibilidad, podré discernir mejor así la Voluntad de Dios en mí. Si para gestiones de salud tenemos derecho a una segunda opinión médica, ¿Por qué no hacer lo mismo en la dirección espiritual, para tener mayor seguridad en lo que debemos de hacer?  Es un gesto de prudencia, porque el demonio también se nos puede presentar como un ángel de luz. No sólo necesitamos nosotros la luz de la dirección espiritual, sino muy especialmente en estos tiempos los sacerdotes y obispos. Debemos de ayudarlos en todo lo posible, ayunando, orando y corrigiéndonos mutuamente en lo preciso, tratando de agradar siempre a Dios primero a pesar de las duras críticas de muchos de los hombres que bajan muertos en medio de la corriente de este mundo.

 

 

 

 

 

 

Persecución psicológica por causa de la religión PDF
(Defensa en contra de los servicios de Salud Mental en España
)

LAS NORMAS CPT COMO DERECHOS,
EN LAS UNIDADES DE SALUD MENTAL EN ESPAÑA

 

 

Incluye una experiencia personal haciendo una vigilia orando encerrado en un cementerio

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 
 
 
 
 
 

La Ciencia de Dios
Don del Espíritu Santo

 


¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello! (Mt. 23, 24)

Muchos buscan vida en otros lugares, pero no
terminan de ser conscientes de que el Universo en
su debido grado, también viene a ser otro ser vivo

 


Ellos también buscaron un Patrón Único, una pauta en el Universo que pudiese llegar a explicarlo todo

 

El cífrado más antiguo y a su vez
más novedoso de la creación
 

La Santa Cruz en el arco iris
 

El caos no es un caos, es un orden que hasta ahora no comprendíamos
 

El azar existe, pero no es la solución a todo, como erróneamente se cree.
 


Dimensión pedagógica y escatológica de este Misterio
en la creación de Dios

 

El hombre gris y el misterio
de la Cruz Orlada

Llega ya el día y la hora en el que el «monstruo» materia estallará con sus armas y se derrumbará ante la exacta verdad. ¡Cristo! - Ante su Santa «Cruz Orlada» y ante el bendecido amor. –Llega la hora del Sol!-

 


Nueva Generación de Adoradores Proféticos

hacia la plena manifestación de los hijos de Dios

combate escatológico

 

Misión de un apóstol de María

 

 
 
 
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